Advertise on Cañasanta
Únete a nuestro grupo de Facebook

Alberto Lauro :: Poesía

Escritor trabajando junto a una máquina de escribir, imagen editorial para la poesía de Alberto Lauro

Tres poemas a mi padre

A Amado Pino.



I.

No querías un hijo bailarín de ballet

(fue imposible: un edificio me cayó encima

Y de los escombros medio muerto, destrozando mis tobillos)

Tampoco poeta: con mis tios Chavi y Papo ya teníamos bastante.

Pero tía Mercedes me dio su máquina de escribir.

Mi abuela, al cortarme por primera vez las uñas,

Las enterró y sembró encima un rosal,

Hechizo según una negra santera que

Le dijo que era infalible para que el niño escribiera versos.

Aún me lo reprochas hasta después de muerto:

Querías que fuera abogado como tu padre, notario,

Juez de toga negra impartiendo justicia.

¿Pero cómo iba a serlo en una isla donde la Ley

Está escrita en papeles execrables

Que arrojan de los prostíbulos?

Como hijo de todo burgués eras un iluso

Atrapado en el desamparo y sin querer huir.

De todas formas no pudiste protegerme como quisiste.

Y héme aquí: en el exilio.

Nacer poeta en tierra así es –como bien dijiste- una maldición.



II.

El padre lleva al niño de regreso a casa.

Han ido al parque pero el pequeño se distrae

Con el vuelo de un pájaro, el zumbido de un moscardón,

La caída de una hoja,

Una puerta que se abre, el rostro de alguien que pasa.

No tiene prisa: ni el tiempo

No existe para él.

Pero sí para el padre

Que entonces coge al pequeño

-es alto, fuerte, bello, musculoso-

Y como una pluma lo eleva

Y lo sienta sobre sus hombros.

Sobre aquellos omóplatos firmes y viriles,

Qué hermoso

el mundo se veía desde allí!



III.

Mi padre ha muerto.

Y yo estoy en Madrid en el cumpleaños

De la actriz Enma Suárez,

¿Cuándo? Hace unos cinco días.

Alguien viene a brindar con champán rosado.

España lo ha vuelto insensible –piensa mi tía Lilí

Desde el otro lado del teléfono, en Miami.

Hace una semana y ella ha llorado todo el dia

Hasta localizarme. Y yo de fiesta.

No lo estaba: era el maitre del sarao.

En el exilio muchas veces ni tiempo tenemos

Para llorar nuestros muertos.

La fiesta debía proseguir si yo era el anfitrión.

No importa. Lloraré más tarde.

Cuando ya no esté y llegue mi hora final

Yo Habré desaparecido, padre mío,

Pero tú vivirás en mi poema

Noche oscrura de España

Para  Aurora Adrada



Miro esta noche oscura

De España que es mi espejo.

Como un ciego puedo ver

Tu rostro y el mío,

Esos labios que callan un nombre,

Ese nombre que se oculta

En sellados labios.

Y he aquí mi cuello

Que es el tuyo, amado verdugo,

A punto de ser ejecutado.

Ciudad sitiada

A  José Lorenzo Fuentes y Lida.



Ah, Havanna, all of tropical night…

Mae West.



Las puertas de esta muralla invisible no se abren ni forzándolas.

Las ventanas de estos castillos tampoco. Ni los puentes levadizos.

Las murallas son infanqueables.

El mar la separa del mundo,

De todos el más cruel  de los carceleros.

Los que están dentro quieren salir.

Los que están fuera quieren entrar.

Las brújulas sin Norte, ni Este, ni Oeste ni Sur

Que todos los caminos que no sean a sí mismo son errados.

Que todo es perdición si hay orfandad. Falsa moneda es el amor.

Batalla perdida. Estandarte caído

Entre multitud de seres calcinados.

Casandra ha muerto y lo que auguran los cuervos es horrible.

Mientras tanto nada alivia esta insoportable calma,

Este sudor de sangre al mediodía.

Caronte sigue haciendo su trabajo puntualmente.

Nieva en el tedio y nieva en el hastío

Que cae como llovizna silenciosa de espanto interminable.

¿Es este el paraíso prometido donde estamos convictos?

¿Hasta cuándo esta agonía?

La quieta indiferencia de la isla está inmersa

En la estulticia con sabor de alquitrán

Y esta aparente calma es verdaderamente obscena

Por el centro de esta ciudad pasa un rio de iniquidad abominable,

Mezclado con aguas albañales del ultraje, infamias, ignominias y atrocidades.

¿Qué opinar de tantas y tan torpes profecías?

Vileza, abyección, perjurio, oprobio, fraudes y afrentas

Son las flores que perfuman sus jardines.

No huelen: hieden,

Falso es el verano y falso es el invierno.

Ridículo es creer que a nuestra edad en utopías y promesas.

Los edificios, la noche, todo se cae a pedazos: se desmorona

Sin que nadie pueda impedirlo ante los ojos delirantes del Caudillo.

No hay antorchas que se enciendan ni faros que iluminen.

Los que debían venir no llegan.

Los que deben partir reos son de sus edades.

¿Qué himnos procaces cantan tantas bocas mudas,

Tantos cuerpos hacinados, de ojos comidos por los peces?

Estamos los desertores esperando una primera señal.

Y todo sigue inamovible. Envilecido.

Aquí donde el ojo no amanece en la mirada.
SHARE
Sources / References

Alberto Lauro. Reedición de CAÑASANTA a partir de las publicaciones originales del 5 de junio de 2011: «Tres poemas a mi padre», «Noche oscrura de España» y «Ciudad sitiada». Recuperación del archivo histórico. Se conservan dedicatorias, epígrafes, secciones, métrica, grafías y saltos del original.

Referencia de la publicación histórica.

Leave a comment