Durante décadas, los científicos consideraron que aproximadamente 60 °C constituían la frontera térmica para la vida eucariota: organismos cuyas células poseen núcleo y estructuras internas complejas. Una diminuta ameba acaba de destruir esa frontera.
Su nombre es Incendiamoeba cascadensis, aunque los investigadores ya la llaman la ameba de fuego.
Este microorganismo puede alimentarse, crecer y reproducirse a temperaturas que destruirían las células de casi cualquier animal o planta. Los experimentos demostraron que logra dividirse a 63 °C, permanece activa y en movimiento a 64 °C y puede adoptar una forma protectora para sobrevivir hasta 70 °C.
Cuando la temperatura vuelve a disminuir, la ameba abandona su estado de resistencia y recupera sus funciones vitales.
No se limita a soportar el calor: lo necesita para vivir.
Apareció donde nadie esperaba encontrarla
La ameba fue localizada en un pequeño arroyo geotérmico del Parque Nacional Volcánico Lassen, en el norte de California.
Los investigadores de la Universidad de Syracuse habían viajado hasta el parque para estudiar otro organismo capaz de vivir en las aguas calientes y extremadamente ácidas de Boiling Springs Lake. Sin embargo, decidieron tomar también muestras de un arroyo aparentemente ordinario que encontraron durante el recorrido.
El agua de ese arroyo presentaba una diferencia importante: tenía un pH relativamente neutro.
Al regresar al laboratorio, los científicos mantuvieron las muestras a temperaturas semejantes a las del lugar. Después de varios días apareció una ameba desconocida. Cuando comenzaron a incrementar el calor, el organismo no murió.
Por el contrario, continuó creciendo.
Una criatura que vive entre 42 y 63 grados
Los experimentos establecieron que la ameba comienza a reproducirse alrededor de los 42 °C. Su temperatura óptima se encuentra entre 55 y 57 °C, pero puede continuar dividiéndose a 63 °C, un récord para cualquier organismo eucariota conocido.
A 64 °C ya no se reproduce, pero todavía conserva la capacidad de moverse. Cuando el agua alcanza temperaturas superiores, adopta una forma de quiste que protege la célula.
En ese estado puede sobrevivir hasta los 70 °C y reactivarse cuando regresan las condiciones adecuadas.
Los científicos comprobaron también que la ameba posee genes relacionados con la reparación del ADN, la estabilidad de las proteínas y la respuesta a los cambios del entorno. Estas adaptaciones podrían impedir que sus estructuras celulares colapsen bajo temperaturas extremas.
Se alimenta como si sorbiera espaguetis
La ameba posee una capacidad extraordinaria para transformar su cuerpo.
En su forma habitual avanza lentamente y rodea con su membrana a bacterias termófilas largas y filamentosas. Después las dobla y las absorbe progresivamente, en un movimiento que los investigadores comparan con sorber espaguetis.
También puede adoptar una forma alargada, semejante a un gusano, que le permite desplazarse con mayor rapidez. Los científicos creen que esa transformación podría ayudarla a escapar cuando la temperatura del agua deja de ser favorable.
Cambia la búsqueda de vida extraterrestre
El descubrimiento no solamente establece un nuevo récord biológico. También amplía los ambientes en los que los científicos podrían buscar vida compleja.
Hasta ahora, gran parte de la investigación sobre organismos capaces de vivir bajo calor extremo se concentraba en bacterias y arqueas, células mucho más simples que no poseen núcleo.
La ameba de fuego demuestra que una célula eucariota puede alimentarse, reparar su material genético, desplazarse y reproducirse en condiciones que hasta ahora se consideraban incompatibles con esa clase de vida.
Esto podría influir en la exploración de mundos con actividad volcánica o hidrotermal. Si la vida compleja terrestre puede superar límites que parecían absolutos, algunos ambientes extraterrestres podrían resultar menos inhabitables de lo que suponíamos.
La existencia de esta ameba envía un mensaje inquietante y fascinante: todavía no conocemos los verdaderos límites de la vida.
La noticia fue difundida este 22 de septimbre de 2026, aunque el descubrimiento había sido presentado inicialmente como investigación preliminar en 2025. La nueva publicación desarrolla los mecanismos que hacen posible su extraordinaria resistencia.



