Durante los últimos años, medicamentos como Ozempic y Wegovy pasaron de los consultorios médicos a convertirse en un fenómeno mundial. Su capacidad para controlar la glucosa y producir una pérdida considerable de peso transformó el tratamiento de millones de personas. Ahora, sin embargo, una serie de demandas en Estados Unidos ha colocado bajo la lupa un riesgo mucho menos conocido: la posibilidad de sufrir una pérdida repentina y potencialmente irreversible de la visión.
El centro de la controversia es una enfermedad llamada neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica, conocida por sus siglas en inglés como NAION. Se produce cuando disminuye el flujo sanguíneo hacia el nervio óptico. Puede aparecer repentinamente, normalmente sin dolor, y el daño sufrido por la visión puede ser permanente.
Pacientes estadounidenses han demandado a fabricantes como Novo Nordisk y Eli Lilly alegando que medicamentos como Ozempic, Wegovy, Zepbound y Mounjaro estuvieron relacionados con la aparición de esta enfermedad y que no recibieron una advertencia adecuada sobre el posible riesgo. Los fabricantes han rechazado las acusaciones y sostienen que la evidencia disponible no demuestra que sus medicamentos sean la causa directa de estos casos.
Y esa diferencia es fundamental. Que una persona desarrolle una enfermedad después de utilizar un medicamento no demuestra automáticamente que el medicamento la haya provocado. Precisamente por eso los científicos llevan varios años tratando de determinar si existe una verdadera relación causal o si parte de los casos puede explicarse por las propias enfermedades de los pacientes.
Diabetes, obesidad, hipertensión, colesterol elevado y apnea obstructiva del sueño —condiciones frecuentes entre quienes reciben estos tratamientos— son también factores asociados a la NAION. Separar el efecto del medicamento del riesgo que ya tenía el paciente es uno de los grandes problemas de estas investigaciones.
Sin embargo, hay señales que los organismos reguladores consideran suficientemente importantes como para continuar investigando.
Un amplio estudio publicado en 2025 en JAMA Network Open examinó datos de más de 1.5 millones de pacientes con diabetes tipo 2. Durante dos años de seguimiento, la NAION apareció en aproximadamente el 0.04 % de los pacientes tratados con semaglutida o tirzepatida frente al 0.02 % entre quienes recibieron otros medicamentos antidiabéticos. Los investigadores encontraron una asociación con un mayor riesgo, pero recalcaron algo esencial: el riesgo absoluto continuaba siendo muy bajo y el estudio no demuestra por sí solo causalidad.
Europa ya ha dado un paso adicional.
El comité de seguridad de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) concluyó que la NAION debe considerarse un efecto secundario “muy raro” de la semaglutida, el principio activo de Ozempic, Wegovy y Rybelsus. Según su evaluación, podría afectar hasta aproximadamente una de cada 10,000 personas tratadas. Los estudios epidemiológicos revisados por el organismo sugirieron alrededor del doble de riesgo entre adultos con diabetes tipo 2 expuestos a semaglutida, equivalente aproximadamente a un caso adicional por cada 10,000 personas tratadas durante un año.
En Estados Unidos la situación regulatoria es diferente. La FDA incluyó la NAION entre las señales de seguridad que está evaluando para medicamentos GLP-1, entre ellos Ozempic, Wegovy, Mounjaro y Zepbound, y señala que continúa evaluando si es necesaria alguna acción regulatoria.
Mientras tanto, las demandas siguen acumulándose y obligarán a los tribunales a examinar una cuestión diferente de la científica: qué sabían los fabricantes, cuándo lo supieron y qué advertencias debieron recibir los pacientes.
Eso tampoco convierte a Ozempic o a los demás GLP-1 en medicamentos que produzcan ceguera de manera generalizada. Sus beneficios para determinadas personas están ampliamente documentados y los casos de NAION continúan siendo poco frecuentes. Pero la dimensión que ha alcanzado su utilización hace que incluso un efecto adverso extraordinariamente raro pueda afectar a un número significativo de pacientes.
Hay, además, una recomendación sobre la que existe mucha menos ambigüedad: una pérdida súbita de visión o un deterioro rápido de la vista durante el tratamiento requiere atención médica inmediata. La EMA recomienda consultar sin demora y, cuando se confirma NAION en una persona que utiliza semaglutida, suspender el medicamento bajo supervisión médica.
La historia, por tanto, apenas comienza. Ya no se trata solamente de testimonios aislados en internet. Hay demandas, investigaciones epidemiológicas, una revisión activa de la FDA y una decisión regulatoria europea. Lo que todavía no existe es una respuesta científica definitiva que permita atribuir todos estos casos directamente a los medicamentos.
Y esa diferencia —entre una señal de riesgo y una causa demostrada— será probablemente el centro de una de las controversias médicas y legales más importantes alrededor de los fármacos para adelgazar.



