SEÚL.— Corea del Norte volvió a elevar la tensión internacional al presentar lo que describe como un nuevo y avanzado sistema de armas, después de lanzar dos misiles desde la costa oriental del país.
Kim Jong Un supervisó personalmente las pruebas y aseguró que el desarrollo de esta tecnología fortalecerá la preparación militar norcoreana y representará un “dolor de cabeza incurable” para sus adversarios.
El régimen no identificó oficialmente el arma ni explicó todas sus capacidades. Sin embargo, las fotografías difundidas por la agencia estatal KCNA muestran dos misiles lanzados desde plataformas móviles, equipados con vehículos de forma cónica y aletas similares a los utilizados en sistemas hipersónicos.
En una de las pantallas fotografiadas durante la prueba aparece la identificación Hwasong-11Ma, nombre asociado anteriormente con un misil balístico norcoreano equipado con un vehículo hipersónico.
DOS LANZAMIENTOS CON TRES HORAS DE DIFERENCIA
El ejército de Corea del Sur detectó el domingo dos lanzamientos realizados con aproximadamente tres horas de diferencia desde los alrededores de Wonsan, en la costa oriental de Corea del Norte.
Según las mediciones surcoreanas, el primer misil recorrió alrededor de 450 kilómetros y el segundo superó los 600 kilómetros antes de caer en el mar.
La información divulgada por Corea del Norte ofrece cifras diferentes. Los gráficos mostrados por el régimen indican una velocidad de 2.146 metros por segundo, una altitud de 35,8 kilómetros y una distancia recorrida de aproximadamente 908 kilómetros.
Eso equivaldría a desplazarse varias veces por encima de la velocidad del sonido. Sin embargo, las autoridades militares surcoreanas advirtieron que las afirmaciones de Pyongyang no pueden aceptarse automáticamente como verificadas.
¿QUÉ HACE TAN PELIGROSA A UN ARMA HIPERSÓNICA?
La velocidad no es el único elemento que diferencia a estas armas.
Muchos misiles balísticos tradicionales ya alcanzan velocidades hipersónicas durante parte de su recorrido. El verdadero desafío aparece cuando el vehículo puede desplazarse a enorme velocidad mientras modifica su trayectoria dentro de la atmósfera.
Esa capacidad de maniobra dificulta que los radares anticipen el punto exacto hacia el que se dirige. También reduce el tiempo disponible para detectar el lanzamiento, calcular su ruta y ordenar una interceptación.
En teoría, un arma de estas características podría penetrar o confundir algunos de los sistemas defensivos desplegados por Corea del Sur, Japón y Estados Unidos en la región.
No obstante, especialistas internacionales han cuestionado si todos los sistemas presentados como hipersónicos por Corea del Norte alcanzan de manera consistente las velocidades y capacidades de maniobra anunciadas por el régimen.
UNA AMENAZA MÓVIL Y DIFÍCIL DE LOCALIZAR
Las fotografías muestran los misiles montados sobre vehículos lanzadores. Esta movilidad representa otra preocupación militar: el arma puede trasladarse, ocultarse y prepararse en diferentes puntos, dificultando su localización antes del lanzamiento.
Corea del Norte ya posee una extensa colección de misiles de corto, medio y largo alcance. Algunos están diseñados para amenazar objetivos en Corea del Sur y Japón; otros podrían alcanzar bases estadounidenses en el Pacífico e incluso territorio continental de Estados Unidos.
El nuevo sistema parece pertenecer a la categoría de corto alcance, por lo que su amenaza inmediata se concentra principalmente en la península coreana y sus alrededores. Sin embargo, la tecnología desarrollada durante estas pruebas podría incorporarse posteriormente a armas de mayor alcance.
KIM OBSERVÓ LA PRUEBA JUNTO A SU HIJA
Kim Jong Un apareció durante el lanzamiento acompañado por su hija adolescente, Kim Ju Ae, cuya presencia en acontecimientos militares se ha vuelto cada vez más frecuente.
La joven ha sido presentada junto a su padre durante desfiles, inspecciones y pruebas de armamento estratégico. Su exposición pública ha alimentado las especulaciones sobre una posible preparación como futura sucesora dentro de la dinastía que gobierna Corea del Norte.
Su aparición durante la prueba envía también un mensaje simbólico: el régimen presenta su programa nuclear y misilístico no como una estrategia temporal, sino como un proyecto destinado a continuar durante otra generación.
LAS PRUEBAS CONTINÚAN MIENTRAS FRACASA EL DIÁLOGO
Los lanzamientos forman parte de una serie creciente de exhibiciones militares norcoreanas. Durante las últimas semanas, Pyongyang ha realizado ejercicios con fuego real, presentado nuevas armas y puesto en servicio un nuevo buque de guerra.
Todo ocurre mientras Estados Unidos intenta reactivar alguna forma de diálogo con Kim Jong Un.
El presidente Donald Trump redujo recientemente un ejercicio militar conjunto con Corea del Sur, en una aparente señal dirigida a facilitar una posible reapertura diplomática. Corea del Norte rechazó el gesto y aseguró que una reducción de las maniobras no cambiaba su carácter supuestamente hostil.
Pyongyang considera los ejercicios militares de Estados Unidos, Corea del Sur y Japón como preparativos para una invasión. Washington, Seúl y Tokio sostienen que son operaciones defensivas necesarias frente al programa nuclear norcoreano.
EL MENSAJE DETRÁS DEL MISIL
Todavía no existe evidencia independiente suficiente para confirmar que el nuevo sistema posea todas las capacidades que Corea del Norte le atribuye.
Pero el mensaje político es evidente.
Kim Jong Un quiere demostrar que su país continúa desarrollando armas capaces de complicar las defensas regionales, reducir el tiempo de reacción de sus adversarios y aumentar el costo de cualquier enfrentamiento militar.
La amenaza no reside solamente en un misil. Está en la combinación de armas nucleares, plataformas móviles, vehículos maniobrables y una campaña constante de pruebas diseñada para mantener a Corea del Sur, Japón y Estados Unidos bajo presión.
Mientras el mundo intenta determinar qué puede hacer realmente el Hwasong-11Ma, Corea del Norte ya consiguió uno de sus objetivos: obligar nuevamente a sus adversarios a observar, calcular y prepararse para lo que pueda venir después.



