El Pacífico tropical está acumulando una cantidad extraordinaria de calor y el fenómeno conocido como “El Niño” continúa fortaleciéndose con rapidez. Los principales centros meteorológicos internacionales coinciden en que el episodio actual puede alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026 y mantener su influencia durante los primeros meses de 2027.
EL “SÚPER” “EL NIÑO” SE FORTALECE: LLUVIAS EXTREMAS, SEQUÍAS Y UN INVIERNO DIFERENTE
La Organización Meteorológica Mundial considera prácticamente segura su persistencia hasta febrero de 2027, mientras que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA, calcula una probabilidad superior al 90 % de que el episodio alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno del hemisferio norte.
No significa que el planeta esté esperando una única gran catástrofe. “El Niño” funciona de otra manera. Modifica la distribución del calor y la humedad sobre el océano más grande del mundo y, a partir de ahí, altera grandes corrientes atmosféricas capaces de cambiar las lluvias, las temperaturas y las tormentas a miles de kilómetros de distancia.
El resultado puede parecer contradictorio: demasiada agua en algunos lugares y prácticamente ninguna en otros.
UN PACÍFICO EXTRAORDINARIAMENTE CALIENTE
Durante agosto, algunas zonas del Pacífico ecuatorial registraron temperaturas superficiales superiores en más de tres grados Celsius a sus valores habituales. En la región conocida como Niño 3.4, una de las principales referencias utilizadas para medir el fenómeno, la anomalía alcanzó aproximadamente 1,8 grados Celsius y continuaba aumentando.
Los modelos de la Organización Meteorológica Mundial proyectan que la anomalía media de esa región podría alcanzar valores excepcionalmente elevados durante el período de septiembre a noviembre.
De ahí surge la expresión “súper” “El Niño”. No es una categoría meteorológica oficial. Nadie declara un “súper El Niño” de la misma manera que se clasifica un huracán como categoría 4 o 5. Es una expresión utilizada para describir aquellos episodios cuya intensidad se encuentra entre las más altas observadas. Y el episodio de 2026 está avanzando claramente hacia ese territorio.
CANADÁ: UN INVIERNO MENOS NORMAL
Canadá también puede sentir sus efectos, especialmente durante el invierno y la primavera.
Históricamente, “El Niño” tiende a favorecer temperaturas más suaves en el oeste, el noroeste y buena parte del centro canadiense. Columbia Británica, Alberta, Saskatchewan, Manitoba y sectores de Ontario pueden experimentar períodos más cálidos de lo habitual cuando el fenómeno es intenso.
Eso no significa que Canadá vaya a quedarse sin invierno, ni mucho menos que desaparecerán las nevadas. El frío extremo continuará siendo posible y las tormentas seguirán ocurriendo. Lo que puede cambiar es la duración y persistencia del invierno.
Un comienzo más templado puede retrasar la formación de una capa de nieve estable, provocar más episodios de lluvia en momentos en los que normalmente nevaría y aumentar las oscilaciones entre temperaturas por encima y por debajo de cero.
Para Ontario y Quebec eso puede convertirse en un problema diferente. Cuando una masa de aire relativamente cálido transporta lluvia y posteriormente entra aire frío, aparece uno de los fenómenos más peligrosos del invierno canadiense: la lluvia congelante.
Un invierno menos frío no es necesariamente un invierno más sencillo.
MENOS NIEVE HOY, MÁS PROBLEMAS DESPUÉS
En el oeste de Canadá existe otra preocupación. Si las montañas reciben menos nieve y la primavera comienza con un manto nival reducido, durante los meses siguientes puede disminuir la cantidad de agua disponible en ríos, embalses y suelos.
Un invierno seco puede convertirse meses después en sequía. Y una primavera seca puede preparar el terreno para una temporada de incendios forestales complicada.
La relación nunca es automática porque intervienen muchos otros factores meteorológicos, pero el ENOS, sistema climático del que forma parte “El Niño”, continúa siendo una de las mayores fuentes de variabilidad climática anual en el oeste de Canadá.
PERÚ Y ECUADOR: CUANDO EL OCÉANO DEVUELVE EL AGUA
Uno de los efectos clásicos de los grandes episodios de “El Niño” ocurre frente a las costas de Perú y Ecuador.
Las aguas anormalmente cálidas aumentan la evaporación y cargan la atmósfera de humedad. En determinadas condiciones, esa humedad puede transformarse en lluvias muy intensas.
Las consecuencias pueden ir desde inundaciones urbanas hasta desbordamientos de ríos, destrucción de carreteras, deslizamientos de tierra y pérdidas agrícolas.
Los grandes episodios históricos de “El Niño” han dejado imágenes dramáticas en esta región precisamente porque lugares acostumbrados a condiciones relativamente secas pueden recibir enormes cantidades de agua en períodos muy cortos.
EL CUERNO DE ÁFRICA MIRA AL CIELO
Otra región que puede recibir mucha más lluvia de lo habitual durante los últimos meses de 2026 es el Cuerno de África.
Las previsiones regionales indican una elevada probabilidad de precipitaciones superiores a la media en zonas de Somalia, Etiopía y Kenya, además de partes de Uganda, Rwanda, Burundi y Tanzania.
En sectores del sur de Etiopía, Somalia y el nordeste de Kenya, algunas previsiones han llegado a situar en alrededor del 90 % la probabilidad de una temporada especialmente húmeda.
La lluvia es necesaria en regiones que han sufrido sequías severas, pero demasiada agua en poco tiempo crea otro problema.
Las inundaciones pueden destruir cultivos, carreteras y viviendas y aumentar el riesgo de enfermedades transmitidas por agua contaminada o insectos.
Cuando el suelo está demasiado seco durante mucho tiempo tampoco absorbe inmediatamente grandes cantidades de precipitación. El agua corre por la superficie y las inundaciones pueden aparecer con enorme rapidez.
AUSTRALIA Y EL PACÍFICO OCCIDENTAL: EL PROBLEMA CONTRARIO
Mientras unas zonas reciben demasiada lluvia, otras pueden sufrir justamente lo contrario.
Durante “El Niño”, el centro de actividad atmosférica del Pacífico suele desplazarse hacia el este. Australia, Indonesia y otras partes del Pacífico occidental pueden quedar en una zona con menos lluvia.
En Australia, eso puede aumentar el riesgo de sequía, estrés agrícola y condiciones favorables para incendios forestales si coincide con temperaturas elevadas.
Indonesia también puede experimentar períodos más secos de lo normal, con consecuencias para agricultura, reservas de agua y riesgo de incendios en zonas forestales y turberas.
No existe una línea perfecta que divida al planeta entre regiones húmedas y secas, pero el patrón general es uno de los rasgos más conocidos de “El Niño”.
CENTROAMÉRICA Y EL CARIBE
Partes de Centroamérica y del Caribe también pueden experimentar períodos más secos de lo normal. Eso puede tener consecuencias importantes para agricultura, embalses, generación hidroeléctrica y disponibilidad de agua potable.
La combinación entre calor y déficit de lluvia puede afectar especialmente a regiones agrícolas donde la producción depende de temporadas de lluvia relativamente regulares.
También existe un efecto indirecto importante: si varios grandes productores agrícolas del mundo tienen simultáneamente problemas por exceso o falta de agua, las consecuencias pueden llegar hasta los precios internacionales de los alimentos.
¿VIENEN “SUPERHURACANES”?
Aquí aparece una de las ideas que más fácilmente puede provocar confusión. Un “súper” “El Niño” no significa automáticamente que el planeta tendrá más huracanes monstruosos.
En el Atlántico, normalmente ocurre lo contrario. “El Niño” aumenta la cizalladura vertical del viento, es decir, la diferencia entre los vientos de las capas bajas y altas de la atmósfera. Esa situación puede impedir que una tormenta tropical mantenga organizada su estructura.
Por esa razón, NOAA estimó para la temporada de huracanes del Atlántico de 2026 una probabilidad mayor de actividad inferior a la normal. Eso puede beneficiar al Caribe, el Golfo de México y la costa atlántica de Estados Unidos y Canadá. Pero no significa riesgo cero.
Una temporada con menos huracanes puede producir igualmente uno o dos ciclones extremadamente destructivos. “El Niño” modifica las probabilidades, no coloca una barrera invisible sobre el océano.
EN EL PACÍFICO, LA HISTORIA CAMBIA
En el Pacífico oriental y central ocurre lo contrario.
Las condiciones asociadas a “El Niño” pueden reducir la cizalladura del viento y proporcionar un entorno más favorable para que los ciclones tropicales se desarrollen y alcancen mayor intensidad.
Eso significa que México, algunas islas del Pacífico y otras áreas expuestas a los ciclones de esa cuenca deben prestar una atención especial.
Las aguas extremadamente cálidas tampoco ayudan. Un ciclón tropical obtiene su energía del océano y, cuando encuentra una gran profundidad de agua caliente y una atmósfera favorable, puede intensificarse rápidamente.
Sin embargo, ningún científico serio puede afirmar ahora que aparecerá un determinado número de “superhuracanes”. Para que un ciclón alcance categorías extremas deben coincidir varios factores al mismo tiempo.
EL CALOR TAMBIÉN FORMA PARTE DE LA HISTORIA
Las consecuencias de “El Niño” no se limitan a lluvia y sequía. El fenómeno libera hacia la atmósfera parte del enorme calor almacenado en el Pacífico tropical y suele contribuir a elevar temporalmente la temperatura media global.
La Organización Meteorológica Mundial espera temperaturas superiores a la media en amplias regiones del planeta durante los próximos meses. Y el episodio actual tiene una particularidad importante: está ocurriendo sobre océanos que ya se encuentran excepcionalmente cálidos.
Eso puede aumentar el riesgo de olas de calor y agravar situaciones de sequía en regiones donde las lluvias resulten inferiores a lo normal.
EL DESASTRE NO SERÁ UNO SOLO
Buscar “el desastre que traerá El Niño” puede llevar a una conclusión equivocada. No existe un único desastre. Su verdadero poder está en modificar simultáneamente condiciones meteorológicas en diferentes partes del planeta.
Una región puede enfrentar inundaciones mientras otra lucha contra la sequía. Un país puede sufrir pérdidas agrícolas por exceso de lluvia mientras otro pierde cosechas por falta de agua. En algunas zonas habrá menos ciclones y en otras aparecerán condiciones más favorables para ellos.
También pueden surgir consecuencias que inicialmente parecen no tener relación con el clima: aumentos de precios de alimentos, dificultades en generación hidroeléctrica, propagación de enfermedades, daños a infraestructuras, problemas de transporte y presión sobre compañías de seguros.
Todo parte de una enorme masa de agua calentándose miles de kilómetros mar adentro.
LO QUE VIENE AHORA
Las próximas semanas serán especialmente importantes. NOAA considera que existe más de un 90 % de probabilidad de que “El Niño” alcance intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno boreal de 2026-2027.
La Organización Meteorológica Mundial considera prácticamente segura su permanencia hasta febrero. El máximo del fenómeno se espera hacia finales de 2026. Después comenzará otra parte de la historia: observar cómo la atmósfera mundial responde a uno de los episodios de “El Niño” más intensos de los últimos años.
Canadá puede tener un invierno diferente. El Pacífico puede enfrentar una temporada de ciclones más activa. África oriental puede recibir lluvias extraordinarias. Australia e Indonesia pueden sufrir condiciones mucho más secas.
Nada de eso está escrito con exactitud y ninguna predicción estacional puede decir qué ocurrirá en una ciudad determinada dentro de dos meses. Pero el océano ya está enviando una señal extremadamente fuerte.
Y el planeta está comenzando a responder.




