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UNA INYECCIÓN ELIMINA EL DOLOR POR SEMANAS

Una sola inyección capaz de bloquear el dolor durante semanas en lugar de unas pocas horas. Investigadores del Boston Children’s Hospital y Harvard Medical School han desarrollado un nuevo sistema de liberación ultralenta que consiguió mantener anestesiado el nervio ciático de ratas durante dos o tres semanas. El experimento utiliza tetrodotoxina, uno de los venenos naturales más potentes conocidos, encerrada dentro de diminutas estructuras grasas diseñadas para liberarla poco a poco. Todavía no se ha probado en seres humanos, pero el resultado abre una posibilidad importante: controlar el dolor prolongado sin administrar medicamentos continuamente y, algún día, reducir la dependencia de los opioides.

El problema de muchos anestésicos no es que no funcionen. Es que dejan de hacerlo demasiado pronto. Después de una cirugía importante, el dolor puede durar días o semanas, mientras que un bloqueo nervioso convencional puede desaparecer en cuestión de horas. Cuando eso ocurre comienza otra etapa: analgésicos repetidos y, en determinadas situaciones, opioides.

El equipo dirigido por Daniel S. Kohane buscó una solución aparentemente sencilla: conseguir que una sola administración liberara el medicamento durante muchísimo más tiempo.

El resultado, publicado este 23 de septiembre en Nature Biomedical Engineering, se basa en los liposomas, diminutas estructuras formadas por lípidos que pueden utilizarse como recipientes microscópicos para transportar medicamentos dentro del organismo. La tecnología no es nueva. La sorpresa llegó cuando los investigadores modificaron la composición de esas membranas y obtuvieron exactamente lo contrario de lo que esperaban.

Tradicionalmente se ha considerado que los lípidos más rígidos deberían retener mejor un medicamento. Una membrana más fluida, en principio, tendría que permitir que escapara con mayor facilidad. Sin embargo, determinados lípidos insaturados comenzaron espontáneamente a formar estructuras extraordinariamente complejas: múltiples capas y pequeñas vesículas contenidas dentro de otras.

Algo parecido a una cebolla microscópica.

Para una molécula atrapada en su interior, salir ya no significaba atravesar una sola pared. Tenía que superar una barrera tras otra. En los experimentos, uno de estos sistemas consiguió aproximadamente tres veces más capacidad de encapsulación y redujo de manera drástica la liberación inicial del medicamento frente a la formulación de lípidos saturados utilizada como comparación. Nature

Entonces llegó la prueba más llamativa.

Los científicos introdujeron en los liposomas tetrodotoxina, conocida como TTX, una neurotoxina extremadamente potente presente en animales como el pez globo y el pulpo de anillos azules. La sustancia puede impedir que los nervios transmitan señales eléctricas y, en cantidades peligrosas, provocar parálisis e incluso la muerte.

Precisamente esa capacidad de bloquear la actividad nerviosa hace que resulte interesante como posible anestésico.

Los investigadores inyectaron la formulación cerca del nervio ciático de ratas. En lugar de liberarse bruscamente, la tetrodotoxina fue escapando lentamente de sus diminutos depósitos lipídicos. El bloqueo nervioso se prolongó entre dos y tres semanas después de una sola administración. Los investigadores no observaron toxicidad sistémica ni daños significativos atribuibles al tratamiento en los tejidos examinados durante esos experimentos.

Eso no convierte todavía esta tecnología en una nueva anestesia disponible para pacientes.

El estudio se realizó en animales y la tetrodotoxina no se utiliza comercialmente como anestésico en seres humanos. Entre conseguir que algo funcione en una rata y demostrar que es seguro, controlable y eficaz en pacientes existe un camino considerable de investigación y ensayos clínicos.

Pero el descubrimiento puede tener implicaciones que van mucho más allá de la propia tetrodotoxina.

El equipo probó el sistema con diferentes moléculas solubles en agua, entre ellas pequeños fármacos, péptidos y proteínas. Los liposomas modificados consiguieron aumentar la cantidad almacenada y retrasar su liberación. Eso plantea la posibilidad de utilizar la misma plataforma para medicamentos que actualmente necesitan administrarse repetidamente. El propio estudio explora moléculas relacionadas con áreas como diabetes, cáncer, enfermedades metabólicas y tratamientos antivirales.

En el caso del dolor, las implicaciones resultan especialmente interesantes.

Una persona sometida a una intervención quirúrgica importante podría beneficiarse, en principio, de un bloqueo que acompañara buena parte de su recuperación en lugar de desaparecer durante el primer día. Kohane señala que el grupo estudia precisamente su posible aplicación al dolor perioperatorio prolongado y comienza a considerar también el dolor crónico.

No significa que los opioides vayan a desaparecer ni que esta tecnología pueda sustituirlos mañana. Significa algo más concreto: los investigadores han demostrado en animales que es posible construir un depósito microscópico capaz de mantener un potente bloqueador nervioso actuando localmente durante semanas.

Y la paradoja científica es difícil de ignorar.

Una sustancia que en la naturaleza puede matar paralizando los nervios podría, administrada en la cantidad adecuada y liberada con extraordinaria lentitud, convertirse algún día en una herramienta precisamente para impedir que esos nervios transmitan dolor.

 

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Fuentes / Referencias
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