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CHINA :: La IA desata otra carrera por el poder

La inteligencia artificial ya no es solamente una revolución tecnológica. Se ha convertido en una carrera económica y estratégica capaz de mover cientos de miles de millones de dólares, disparar las bolsas y alterar el equilibrio entre las grandes potencias. Mientras Wall Street y los mercados asiáticos vuelven a mirar hacia arriba impulsados por la fiebre de la IA, China acelera una ofensiva mucho más profunda: quiere reducir su dependencia tecnológica y disputar a Estados Unidos el liderazgo de una industria que puede definir buena parte del poder mundial durante las próximas décadas.

Los mercados están enviando una señal difícil de ignorar. Las acciones de Asia-Pacífico se encaminaban este miércoles a una sexta jornada consecutiva de ganancias, mientras Corea del Sur avanzaba un 1,2% y gigantes tecnológicos como Samsung y SK Hynix ganaban más de un 2%. Taiwán también avanzaba y se mantenía cerca de máximos históricos. El denominador común vuelve a ser el mismo: inteligencia artificial, semiconductores y una demanda creciente de capacidad informática. Reuters

Pero detrás de los números existe un fenómeno todavía más importante. La IA comienza a abandonar la etapa en que millones de personas simplemente experimentaban con chatbots. Está entrando en la era de los agentes capaces de ejecutar tareas, y los mercados están apostando enormes cantidades de dinero a que esa transición genere un nuevo negocio mundial.

Muse, el nuevo agente de inteligencia artificial de Meta, encabezó las listas estadounidenses de descargas durante las últimas dos semanas, según Reuters. Lanzado el 8 de septiembre, alcanzó 2,8 millones de descargas en sus primeros doce días y puede realizar acciones como enviar correos electrónicos, organizar viajes o ejecutar determinadas transacciones. Las acciones de Meta han subido más de un 20% desde su lanzamiento, añadiendo más de 200.000 millones de dólares a su capitalización bursátil.

El entusiasmo se extendió rápidamente. AMD llegó a superar por primera vez el billón de dólares de valoración bursátil y el Nasdaq volvió a máximos históricos. Lo que está comprando el mercado no es simplemente otro programa informático: es la posibilidad de que la IA pase de responder preguntas a convertirse en una infraestructura cotidiana capaz de trabajar directamente para millones de personas.

Y mientras Estados Unidos continúa dominando buena parte de esta industria, China no piensa observar desde la distancia.

Pekín lleva años tratando de construir una cadena tecnológica propia, desde modelos de inteligencia artificial hasta procesadores, memoria, centros de datos y capacidad industrial. Las restricciones estadounidenses al acceso chino a determinados semiconductores avanzados han añadido urgencia a ese esfuerzo. Empresas como Huawei, CXMT, YMTC y DeepSeek representan distintas piezas de una estrategia cuyo objetivo es disminuir la dependencia de tecnología extranjera y cerrar la distancia con los líderes mundiales.

Huawei reconoció recientemente que la demanda doméstica de sus sistemas de computación para IA supera actualmente su capacidad de producción. La compañía prepara nuevas generaciones de sus chips Ascend mientras mantiene conversaciones con desarrolladores chinos para entrenar futuros modelos utilizando su propia infraestructura. No significa que China haya alcanzado a Nvidia en la tecnología más avanzada, pero sí demuestra el tamaño de la demanda que se está formando dentro del país.

En paralelo, el fabricante chino CXMT prepara su entrada en el mercado de memoria NAND, un sector estratégico para servidores de IA, centros de datos y supercomputación. La empresa recaudó unos 8.600 millones de dólares en su salida a bolsa de julio y forma parte, junto con YMTC, del esfuerzo chino por desarrollar una industria de memoria capaz de competir con Samsung, SK Hynix y Micron.

Incluso DeepSeek está desarrollando su propio chip de inteligencia artificial, según fuentes citadas por Reuters. El objetivo sería utilizarlo para inferencia —el proceso mediante el cual un modelo ya entrenado genera respuestas— y reducir la dependencia de procesadores de Nvidia y Huawei.

Hay además un elemento que inquieta especialmente a la industria occidental: el precio. Una columna reciente de Reuters recoge el creciente debate entre inversores sobre modelos chinos que ofrecen capacidades competitivas a costos considerablemente inferiores a determinadas alternativas estadounidenses. La interpretación sobre cuánto amenaza esto a las empresas de Estados Unidos sigue siendo discutida, pero la presión económica es real: si modelos suficientemente capaces pueden operar mucho más barato, las compañías occidentales tendrán que justificar inversiones gigantescas en infraestructura con ingresos igualmente gigantescos.

Ahí aparece el verdadero poderío chino. No se trata únicamente de fabricar un chatbot mejor. China dispone de una enorme base industrial, cadenas de suministro densamente integradas, capacidad manufacturera, talento técnico y un mercado doméstico gigantesco. Un caso particularmente revelador ocurrió esta misma semana: la estadounidense EnerVenue decidió instalar en Changzhou, China, su primera fábrica de baterías después de abandonar un proyecto previsto para Kentucky. Su director ejecutivo explicó a Reuters que la profundidad de la cadena de suministro y la disponibilidad de especialistas e ingenieros fueron factores decisivos. La nueva instalación está aproximadamente un 95% automatizada.

Ese ejemplo permite comprender la dimensión de la competencia. Estados Unidos conserva ventajas extraordinarias en software, diseño de chips, investigación, capital y algunas de las empresas tecnológicas más poderosas del planeta. China posee otra clase de fortaleza: la capacidad de conectar investigación, producción industrial, proveedores y fabricación a enorme escala. Ninguna de las dos ventajas debería subestimarse.

Y ahora ambas potencias vuelven a encontrarse frente a frente.

El presidente chino Xi Jinping llega a Washington mientras los mercados esperan saber si Estados Unidos y China extenderán su tregua comercial y si puede surgir algún tipo de cooperación sobre inteligencia artificial. Reuters señala que la IA estará entre los asuntos que rodean el encuentro. Reuters

Por eso el movimiento de las bolsas de esta semana puede parecer una simple noticia financiera, pero detrás existe algo mucho mayor. La inteligencia artificial se está convirtiendo simultáneamente en industria, infraestructura, arma competitiva y fuente de poder económico.

Estados Unidos intenta conservar la ventaja que construyó alrededor de Silicon Valley, sus grandes laboratorios y sus fabricantes de chips. China quiere demostrar que puede desarrollar sus propias tecnologías, fabricar a gran escala y competir también en precio.

La carrera apenas comienza. Y esta vez no se disputa solamente quién tendrá la inteligencia artificial más avanzada.

Se disputa quién controlará la economía que crecerá alrededor de ella.

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Fuentes / Referencias
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