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CUBA CASTIGA A QUIEN SE ATREVE A HABLAR

ANNA BENSI: CULPABLE POR NO CALLAR

Anna Sofía Benítez Silvente, conocida como Anna Bensi, y su madre, Caridad Silvente, fueron declaradas culpables este 1 de octubre en La Habana. Según explicó la propia activista al salir del tribunal, ambas recibieron dos años de limitación de libertad. No fueron juzgadas por empuñar un arma, organizar un atentado o cometer un acto violento. El proceso comenzó después de que grabaran y difundieran la visita de un agente del Ministerio del Interior que llegó a su casa para entregar una citación de la Seguridad del Estado.

Lo ocurrido podría parecer absurdo fuera de Cuba. Dentro de Cuba forma parte de una realidad mucho más antigua: la relación desigual entre un ciudadano que quiere documentar lo que sucede y un Estado acostumbrado a vigilar, interrogar, citar y controlar sin aceptar con la misma facilidad que alguien coloque una cámara frente a quienes representan ese poder.

 

TODO COMENZÓ EN SU CASA

El 10 de marzo de 2026, un agente del MININT llegó a la vivienda de Anna y su madre para entregar una citación oficial. Ellas decidieron grabarlo y posteriormente publicaron las imágenes en las redes sociales. El agente sostuvo que la divulgación vulneró su intimidad y presentó una querella.

El 25 de marzo, madre e hija fueron formalmente imputadas por “actos contra la intimidad personal y familiar, la propia imagen y voz, identidad de otra persona y sus datos”, bajo el artículo 393 del Código Penal cubano. También quedaron sometidas a restricciones de movimiento.

El expediente llegó a ser archivado en abril. Parecía que el caso había terminado, pero meses después fue reabierto tras la querella presentada por el agente. Aquella grabación realizada dentro de la vivienda terminó llevando a dos mujeres ante un tribunal.

 

UNA DISCULPA QUE NUNCA LLEGÓ

Anna relató que se les pidió una disculpa pública. Ella y su madre debían grabar un video retractándose y publicarlo en las redes sociales. No lo hicieron. Anna incluso afirmó que, en circunstancias similares, volvería a actuar de la misma manera.

Aquí aparece el verdadero peso político del caso. El Gobierno cubano sostiene que el problema jurídico no fue simplemente grabar al funcionario, sino divulgar su imagen sin consentimiento. Cubalex, organización independiente especializada en legislación cubana y derechos humanos, cuestiona esa interpretación y sostiene que el agente estaba desempeñando una función oficial cuando acudió a entregar la citación.

Es una diferencia fundamental. Para el Estado se vulneró la intimidad de un ciudadano. Para los críticos del proceso, se está utilizando una norma sobre privacidad contra personas que documentaron la actuación de un funcionario público.

 

“NO SOMOS CRIMINALES”

Antes de entrar al tribunal, Anna habló ante periodistas. Defendió que ni ella ni su madre eran criminales y recordó algo elemental: aquello que utiliza para expresar lo que piensa es un teléfono y una pantalla, no un arma.

También dijo abiertamente que no está de acuerdo con el sistema político cubano ni con la manera en que se gobierna el país. No intentó ocultarlo. No pidió perdón por pensarlo. No fingió arrepentimiento para evitar las consecuencias.

Mientras se desarrollaba el proceso, medios independientes reportaron presencia policial en los alrededores y detenciones de personas que intentaban acudir a apoyar a las acusadas. Entre ellas estuvieron activistas religiosos. EFE informó además que decenas de integrantes de asociaciones religiosas se encontraban en las inmediaciones antes del comienzo de la vista.

 

CULPABLES

Horas después llegó el resultado. Anna y su madre fueron declaradas culpables. Según explicó la joven al abandonar el tribunal, cada una recibió dos años de limitación de libertad. Su abogado aclaró que esta sanción no equivale a dos años de prisión y que todavía debía notificarse formalmente la sentencia escrita antes de poder continuar con el proceso de apelación.

Ese detalle debe quedar claro: Anna Bensi y su madre no fueron condenadas a dos años de cárcel. Pero fueron declaradas culpables y sometidas a una sanción que restringe su libertad por un proceso cuyo origen fue la grabación y posterior publicación de la actuación de un agente estatal en su vivienda.

 

UNA TIRANÍA ASESINA

CAÑASANTA no necesita disfrazar su posición editorial. Consideramos al régimen cubano una tiranía asesina, una valoración que no nace exclusivamente del proceso contra Anna Bensi ni significa que este caso concreto sea un asesinato. Nace de una historia de más de seis décadas de represión política, encarcelamientos, fusilamientos históricos, persecución de opositores y restricciones de libertades fundamentales ampliamente documentadas dentro y fuera de Cuba.

El caso de Anna pertenece a otra época y a otra generación, pero conserva una característica reconocible: el enorme poder del Estado frente al individuo que decide desafiarlo. Anna tiene 21 años. Su herramienta no es un fusil, sino un teléfono. Su territorio no es la clandestinidad, sino las redes sociales. Y precisamente ahí existe algo que el poder cubano ya no puede controlar como lo hizo durante décadas: cualquier ciudadano puede grabar lo que sucede y mostrarlo inmediatamente al mundo.

Internet rompió una parte fundamental del antiguo monopolio de la información. El ciudadano que antes solamente podía ser observado ahora también puede observar. El funcionario que podía llegar a una vivienda sin más testigos que quienes estaban dentro ahora puede terminar frente a una cámara y ante miles de personas unas horas después.

 

“QUE CUBA SEA LIBRE”

Antes del juicio, EFE preguntó a Anna qué solución veía para Cuba. Su respuesta fue corta: “Que Cuba sea libre.”

No pidió violencia. No pidió sangre. No llamó a atacar a nadie. Defendió públicamente su oposición al sistema y reclamó libertad para su país. Horas después salió del tribunal declarada culpable.

Ese contraste resume el caso mejor que cualquier discurso. Una joven entra en un tribunal después de haber grabado y difundido la actuación de un funcionario estatal. Afuera hay policías y personas intentando apoyarla. Entra diciendo que no es una criminal y sale convertida oficialmente en una.

 

¿HASTA CUÁNDO?

El Régimen cubano puede invocar su Código Penal, hablar de intimidad, consentimiento y protección de la imagen. Esos argumentos forman parte del expediente y deben conocerse. Pero tampoco pueden separarse del sistema político en el que ese expediente existe, ni del largo historial de persecución contra quienes desafían públicamente al poder.

Hoy se llama Anna Bensi. Mañana puede tener otro nombre. Esa ha sido precisamente una de las tragedias de Cuba: cambian las generaciones, cambian las tecnologías, cambian los rostros, pero el conflicto entre el Estado y quienes exigen hablar libremente permanece.

Anna entró al tribunal con un teléfono como símbolo de aquello que había hecho. Salió declarada culpable, pero no salió arrepentida ni callada.

Y después de más de seis décadas, la pregunta continúa siendo la misma:

¿Hasta cuándo?

Hasta que Cuba sea libre!

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Fuentes / Referencias
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