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ELON MUSK SETS A DATE FOR THE WORLD TO COME

Diez años. Eso es todo. Según Elon Musk, para 2036 podríamos estar viviendo en una sociedad tan diferente a la actual que conceptos como trabajar para sobrevivir, ahorrar dinero o competir por determinados bienes podrían comenzar a perder sentido. Antes, alrededor de 2031, la inteligencia artificial podría haber superado ya la inteligencia combinada de toda la humanidad. Después llegarían millones de robots capaces de llevar esa inteligencia al mundo físico. Suena a ciencia ficción. Pero Musk acaba de ponerle fechas.

2031: LA IA PODRÍA SUPERARNOS A TODOS

No estamos hablando de que una inteligencia artificial pueda escribir mejor que una persona, resolver una ecuación en segundos o diagnosticar determinados problemas con mayor precisión. Elon Musk está hablando de algo muchísimo mayor: una inteligencia artificial que podría superar la suma de la inteligencia de todos los seres humanos.

Durante su extensa entrevista con Zanny Minton Beddoes, editora jefe de The Economist, Musk calculó que eso podría suceder aproximadamente dentro de cinco años. Es decir, alrededor de 2031.

Si su pronóstico se acerca siquiera a la realidad, estaríamos ante uno de los acontecimientos más trascendentales de nuestra historia. Por primera vez, la especie que construyó las máquinas dejaría de poseer la forma de inteligencia más poderosa del planeta.

Y Musk va todavía más lejos. En ese escenario, prácticamente no habría ninguna tarea intelectual que la IA no pudiera realizar mejor que nosotros.

 


DESPUÉS, LA IA SALDRÁ DE LAS PANTALLAS

Hoy interactuamos con la inteligencia artificial principalmente mediante teléfonos y computadoras. Musk cree que esa etapa es apenas el principio.

El verdadero cambio llegaría cuando esa inteligencia obtenga un cuerpo.

Robots humanoides capaces de caminar, manipular objetos y trabajar en el mundo físico permitirían que una inteligencia extraordinariamente avanzada dejara de limitarse al universo digital. Ya no se trataría únicamente de generar textos, imágenes, programas informáticos o investigaciones. Las máquinas podrían construir, transportar, fabricar, limpiar, reparar, cocinar y producir.

Musk lo resume con una idea extraordinariamente sencilla: necesitamos muchos robots. No miles. Potencialmente, cantidades gigantescas. La inteligencia artificial sería el cerebro. Los robots serían sus manos.

 


EL TRABAJO PODRÍA DEJAR DE SER UNA OBLIGACIÓN

Aquí comienza la parte que parece directamente extraída de una película. Musk sostiene desde hace tiempo que llegará un momento en el que trabajar será opcional. En la entrevista volvió a defender esa idea y utilizó una comparación muy particular: cultivar un huerto.

Hoy nadie necesita plantar tomates en su jardín para poder comer tomates. Puede comprarlos. Sin embargo, algunas personas continúan cultivándolos simplemente porque disfrutan haciéndolo.

Musk imagina algo parecido para el trabajo humano.

Podríamos trabajar porque nos gusta construir algo, investigar, pintar, escribir, enseñar, dirigir un negocio o simplemente mantenernos ocupados. Pero no necesariamente porque dejar de trabajar signifique quedarnos sin comida o sin techo.

La pregunta que inmediatamente aparece es enorme: si las personas dejan de trabajar, ¿de qué vivirán? Y ahí comienza la parte más polémica de su predicción.

 


UN INGRESO PARA TODOS

Musk no habla solamente de la conocida renta básica universal. Su concepto es más ambicioso: un ingreso alto universal.

La premisa es que una economía impulsada por IA y robots podría llegar a producir una cantidad extraordinaria de riqueza. Si el coste de fabricar bienes y prestar servicios cae drásticamente, la sociedad podría distribuir parte de esa abundancia entre la población. Es una hipótesis enorme y está lejos de estar demostrada.

La automatización también podría provocar una transición difícil: empleos que desaparecen antes de que existan nuevos mecanismos para repartir la riqueza, concentración económica y enormes conflictos sobre quién posee las máquinas y quién se beneficia de lo que producen.

Precisamente ahí está una de las grandes incógnitas que la visión optimista no resuelve automáticamente. Porque fabricar abundancia es una cosa.

Decidir quién tiene acceso a ella es otra completamente diferente.

 


2036: ¿Y SI EL DINERO DEJA DE IMPORTAR?

Entonces Musk soltó probablemente la frase más explosiva de toda la conversación: “Money won’t matter in 2036.” El dinero no importará en 2036.

No dijo dentro de cien años. Tampoco habló de una civilización remota. Habló de diez años. Su razonamiento parte de una pregunta aparentemente sencilla. ¿Para qué queremos dinero?

Principalmente para obtener cosas: vivienda, comida, transporte, entretenimiento y servicios. Ahora imaginemos millones de máquinas trabajando permanentemente, coordinadas por inteligencias artificiales muchísimo más capaces que nosotros. No duermen, no necesitan vacaciones y pueden multiplicar enormemente la capacidad productiva.

Según la hipótesis de Musk, podría llegar un momento en que robots e IA produzcan más bienes y servicios de los que los seres humanos somos capaces de consumir. Si existe una abundancia gigantesca, argumenta, la escasez disminuye. Y si disminuye suficientemente la escasez, cambia también la razón por la que necesitamos dinero.

Es una cadena de supuestos gigantesca. Pero conduce a una pregunta que hasta hace muy poco pertenecía principalmente a la ciencia ficción: ¿qué ocurre con el capitalismo, los salarios y el dinero cuando las máquinas pueden producir prácticamente todo?

 


UNA ECONOMÍA CASI INFINITA

Musk utiliza una expresión todavía más provocadora: una economía “quasi-infinite”, casi infinita. No significa literalmente recursos infinitos. La energía, las materias primas, el territorio y la infraestructura continúan imponiendo límites físicos.

La idea es otra. Si una inteligencia extremadamente avanzada controla enormes cantidades de robots capaces de fabricar bienes y proporcionar servicios, la capacidad productiva podría alcanzar niveles difíciles de imaginar desde nuestra economía actual.

Una casa podría requerir muchísimo menos trabajo humano. Una fábrica podría funcionar prácticamente sola. Buena parte del transporte podría automatizarse. La producción agrícola podría necesitar cada vez menos intervención humana. Incluso determinados servicios profesionales podrían realizarse mediante AI.

La riqueza dejaría entonces de depender exclusivamente de millones de horas de trabajo humano. Para Musk, esa combinación de inteligencia digital y capacidad física es la que podría desencadenar una transformación económica sin precedentes.

 


PERO HAY ALGO MUCHO MÁS INQUIETANTE

Hay una contradicción fascinante en este futuro. Las mismas máquinas que podrían proporcionarnos una abundancia nunca vista serían también máquinas intelectualmente superiores a nosotros. ¿Quién controla entonces a quién?

Musk lleva años advirtiendo sobre los riesgos de una inteligencia artificial extremadamente avanzada y, en esta misma entrevista, defendió que los principales laboratorios de IA deberían revisar mutuamente sus modelos más poderosos antes de liberarlos.

Porque existe una diferencia gigantesca entre construir una herramienta y construir algo más inteligente que su creador.

Si una superinteligencia llega a superar ampliamente nuestra capacidad intelectual, mantenerla alineada con los intereses humanos podría convertirse en uno de los problemas más importantes que nuestra especie haya enfrentado.

El paraíso tecnológico y el riesgo tecnológico nacen, paradójicamente, de la misma revolución.

 


SOLO FALTAN DIEZ AÑOS

Elon Musk se ha equivocado anteriormente en los plazos de algunas de sus predicciones tecnológicas. Por eso, 2031 y 2036 no deben leerse como fechas escritas en piedra. Son predicciones.

Pero hay una diferencia importante: muchas de las tecnologías sobre las que está hablando ya existen en sus primeras etapas. The artificial intelligence está avanzando. Los robots humanoides ya caminan, manipulan objetos y realizan tareas experimentales. Las empresas están automatizando trabajos que hace pocos años parecían imposibles de automatizar.

Quizás Musk se equivoque por cinco años. Quizás por veinte. Quizás algunas de sus predicciones nunca ocurran como las imagina. Pero si acierta siquiera parcialmente, la gran pregunta de la próxima década podría dejar de ser qué pueden hacer las máquinas. Será otra mucho más incómoda:

¿Qué haremos nosotros cuando puedan hacerlo casi todo?

 


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Sources / References

Las afirmaciones centrales están respaldadas por la entrevista de The Economist: Musk situó aproximadamente en cinco años el posible momento en que la IA supere la inteligencia humana combinada, describió los robots humanoides como el componente físico necesario para una economía de abundancia, reiteró que el trabajo podría ser opcional y afirmó expresamente que el dinero no importaría en 2036. Elon Musk Archive Reuters también confirmó que en esa entrevista Musk abordó los riesgos de los modelos avanzados y propuso revisiones entre los principales laboratorios de IA.

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