La expansión mundial de las energías renovables perderá velocidad en 2026 por primera vez en cinco años. El problema ya no es solamente construir más parques solares y eólicos: las redes eléctricas no están creciendo al mismo ritmo y una parte creciente de la electricidad limpia simplemente no puede llegar hasta los consumidores.
El cuello de botella está en los cables
Francesco La Camera, director general de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), advirtió este martes que el mundo añadirá menos capacidad renovable este año que en 2025. Sería la primera caída interanual en nuevas instalaciones desde 2021, cuando la pandemia todavía alteraba las cadenas mundiales de suministro.
La explicación principal está en una infraestructura menos visible que los paneles solares y las turbinas: las redes de transmisión y distribución. La generación ha crecido con enorme rapidez, pero las líneas, subestaciones y conexiones necesarias para transportar esa electricidad no han seguido el mismo ritmo. A ese problema se suman barreras comerciales que dificultan nuevas inversiones.
Un récord que ahora pierde impulso
El frenazo llega después de un año excepcional. En 2025 se instalaron 692 gigavatios de nueva capacidad renovable, incluyendo energía hidroeléctrica, un aumento del 15,5 %. La capacidad mundial alcanzó así los 5.149 gigavatios y se acercó a la mitad de toda la capacidad de generación eléctrica del planeta.
La energía solar fue el gran motor de esa expansión. Pero construir capacidad no garantiza que toda esa electricidad pueda utilizarse. Cuando una red llega a su límite, los operadores deben reducir o desconectar generación disponible, un fenómeno conocido como curtailment. Es energía que podría producirse, pero que el sistema no tiene capacidad para absorber o transportar.
China desperdicia electricidad a escala gigantesca
China, el mayor productor mundial de energía renovable, concentra buena parte del problema. Según La Camera, durante el primer semestre de 2026 el sistema chino rechazó una cantidad de electricidad renovable suficiente para abastecer a México durante un año.
La situación no se limita a China. Redes de países como Australia y Japón también están encontrando dificultades para acompañar la velocidad con que entran nuevas instalaciones solares y eólicas. IRENA considera improbable que el crecimiento en otras regiones compense completamente la desaceleración china durante este año.
La transición entra en una fase más difícil
El cambio expone una nueva etapa de la transición energética. Durante años, el desafío principal fue abaratar paneles, turbinas y baterías y multiplicar la capacidad instalada. Ahora el sistema necesita inversiones igualmente masivas en redes, almacenamiento, conexiones internacionales y gestión de la demanda.
La advertencia llega además en un momento de fuerte tensión energética internacional. Los gobiernos buscan simultáneamente electricidad más barata, seguridad de suministro y menores emisiones, mientras las interrupciones vinculadas a los conflictos geopolíticos han vuelto a mostrar la vulnerabilidad de los mercados de combustibles fósiles.
La paradoja es contundente: el mundo dispone de tecnología para producir cantidades récord de electricidad limpia, pero comienza a descubrir que producirla no basta. Sin redes capaces de moverla, una parte de la transición energética puede quedarse literalmente desconectada.



