Una debilidad genética que aparece durante la evolución de algunos tumores podría convertirse en una vía para atacarlos sin perjudicar de la misma manera a las células sanas. Investigadores de Weill Cornell Medicine, en Estados Unidos, han identificado una dependencia molecular que permite ensayar una estrategia más selectiva contra ciertos cánceres. Los resultados fueron publicados el 2 de noviembre de 2026 en la revista Nature Chemical Biology.
El trabajo no anuncia una cura ni un medicamento disponible para pacientes. Se trata de una investigación preclínica que combina genética tumoral y química medicinal. Su interés reside en un problema que durante décadas ha frustrado a los especialistas: cómo bloquear señales que alimentan el cáncer cuando esas mismas señales también son necesarias para el funcionamiento normal del organismo.
Una de esas señales pertenece a la vía WNT, una red de comunicación celular fundamental para el desarrollo y la renovación de tejidos. Su actividad descontrolada favorece el crecimiento de numerosos tumores, especialmente los colorrectales. Sin embargo, interrumpirla indiscriminadamente puede causar efectos indeseados porque las células saludables también dependen de ella.
UNA VÍA QUE TAMBIÉN NECESITAN LAS CÉLULAS SANAS
El equipo dirigido por Lukas Dow examinó dos enzimas emparentadas, TNKS1 y TNKS2, conocidas como tankirasas. Ambas ayudan a sostener la señalización WNT y, en muchas circunstancias, pueden compensarse mutuamente. Esa redundancia resulta decisiva para entender la oportunidad terapéutica.
Al estudiar células cancerosas, los científicos observaron que algunas habían perdido el gen de TNKS1 como consecuencia de grandes deleciones de ADN. La pérdida no las eliminaba, porque TNKS2 continuaba realizando funciones similares. Pero las dejaba dependiendo de la segunda enzima de una forma que no necesariamente comparten las células normales.
Esta situación constituye una vulnerabilidad selectiva: si se bloquea TNKS2 en un tumor que ya carece de TNKS1, la señalización de crecimiento puede debilitarse. Una célula sana que conserva ambas enzimas dispone, en cambio, de una alternativa funcional. La hipótesis es atractiva porque aprovecha una diferencia genética del cáncer en lugar de atacar indiscriminadamente un proceso biológico.

UNA MOLÉCULA QUE DISTINGUE DOS ENZIMAS
Para probarla, los investigadores utilizaron primero herramientas genéticas capaces de reducir específicamente la actividad de TNKS2. Después emprendieron una tarea química mucho más difícil: desarrollar una molécula que distinguiera entre dos proteínas cuyos centros activos son extraordinariamente parecidos.
Con ayuda de especialistas en modelización y diseño de compuestos, obtuvieron un inhibidor experimental que mostró una preferencia aproximada de 30 veces por TNKS2 frente a TNKS1. En cultivos celulares, el compuesto frenó el crecimiento de células tumorales con pérdida parcial o completa de TNKS1, mientras que las células que conservaban niveles normales de esa enzima no mostraron el mismo efecto.
El resultado aporta una demostración inicial del mecanismo, pero no establece todavía su eficacia ni su seguridad en seres humanos. Los experimentos descritos corresponden a una etapa temprana del desarrollo farmacológico, y un compuesto prometedor en laboratorio puede fracasar posteriormente por problemas de distribución, toxicidad o falta de actividad en organismos completos.
Los autores buscan ahora moléculas de nueva generación con mejores propiedades farmacológicas. Los modelos estructurales detallados de ambas enzimas podrían facilitar esa optimización y ayudar a confirmar que la selectividad se mantiene en condiciones biológicas más complejas.
DEL LABORATORIO A LOS PACIENTES
La investigación también invita a mirar las pérdidas de material genético de los tumores de otra manera. Habitualmente se estudian las mutaciones que activan genes promotores del cáncer; aquí, en cambio, la ausencia de un gen puede revelar una dependencia inesperada y, con ella, un posible punto débil.
Queda por determinar qué pacientes presentarían esa combinación molecular, cómo identificarla mediante pruebas tumorales y si el bloqueo de TNKS2 sería tolerable a largo plazo. Solo después de estudios preclínicos completos y ensayos clínicos podría hablarse de una opción terapéutica real.
Por ahora, la aportación más sólida es conceptual y experimental: una alteración genética que ayuda al tumor a sobrevivir puede hacerlo, al mismo tiempo, más vulnerable a una intervención diseñada con precisión. La medicina oncológica busca justamente ese equilibrio entre atacar el cáncer y preservar los tejidos que lo rodean.





