Miles de venezolanos volvieron a hacerse escuchar este jueves. Después de casi dos años sin una protesta opositora nacional de esta magnitud, las calles de Caracas, Valencia, Maracay y otras ciudades recibieron nuevamente a ciudadanos que exigen algo elemental: elecciones libres, liberación de los presos políticos y una transición que devuelva a Venezuela la posibilidad de decidir su futuro.
La convocatoria impulsada por Vente Venezuela volvió a colocar a María Corina Machado en el centro de la escena política. Su mensaje fue directo: Venezuela no puede resignarse. La frase con la que durante años se pretendió imponer el conformismo —«esto es lo que hay»— fue convertida por Machado en una respuesta de desafío cívico: lo que hay, sostiene, es un pueblo decidido a ser libre.
Venezuela vuelve a pedir libertad
La movilización del 22 de octubre no puede reducirse a una disputa entre partidos. Detrás de las banderas hay familias separadas, millones de emigrados, presos políticos y una sociedad agotada por años de autoritarismo, deterioro institucional y crisis económica. Los manifestantes reclaman un calendario presidencial para 2027 y garantías reales para que el voto vuelva a tener sentido.
María Corina Machado ha conseguido mantener una conexión política con una parte importante de esa sociedad incluso fuera del país. Su movimiento reclama además su regreso seguro a Venezuela. La multitud que volvió a movilizarse demuestra, como mínimo, que pretender construir una transición ignorando a Machado y a quienes la respaldan sería políticamente insensato.
La sombra de La Habana
La influencia cubana sobre el chavismo no es una fantasía inventada después del desastre. Nicolás Maduro recibió formación política en Cuba durante su juventud. Hugo Chávez, por su parte, construyó desde los años noventa una relación estratégica con Fidel Castro y declaró públicamente en La Habana que los cubanos tenían mucho que aportar a su proyecto de largo plazo.
Después vendrían décadas de cooperación política, económica, militar y de inteligencia entre Caracas y La Habana. Sería simplista afirmar que Cuba explica por sí sola todo lo ocurrido en Venezuela, pero también sería absurdo borrar su influencia sobre el modelo chavista. La alianza terminó beneficiando a ambos gobiernos mientras millones de venezolanos pagaban el costo de un Estado cada vez más autoritario y dependiente.
Ese es uno de los grandes fracasos de la izquierda autoritaria latinoamericana: prometió igualdad y terminó repartiendo escasez; prometió soberanía y creó nuevas dependencias; prometió dignidad y produjo una diáspora gigantesca.
Una transición no puede fabricarse de espaldas al electorado
Venezuela necesita instituciones, elecciones verificables y garantías para todas las fuerzas democráticas. No necesita que desde Washington, La Habana o cualquier otra capital se decida quién debe representar a los venezolanos.
Si María Corina Machado conserva un respaldo popular determinante, debe poder competir. Y si los venezolanos prefieren a otra persona, también deben poder demostrarlo en las urnas. Esa es precisamente la diferencia entre democracia y autoritarismo: el gobernante no escoge al pueblo; el pueblo escoge al gobernante.
Trump también tendrá que escoger
Donald Trump ha construido buena parte de su discurso exterior alrededor de la idea de enfrentar a regímenes autoritarios y defender los intereses de Estados Unidos. En Venezuela llegará el momento de comprobar hasta dónde llega esa promesa. Una política que termine acomodándose con dirigentes autoritarios por conveniencia inmediata corre el riesgo de sustituir principios por transacciones.
Estados Unidos puede negociar cuando sus intereses lo exijan, pero no debería confundir negociación con legitimación. Si Washington afirma respaldar una Venezuela democrática, entonces debe exigir elecciones auténticas, instituciones independientes y participación plena de las fuerzas que cuentan con respaldo ciudadano.
María Corina vuelve al ataque
Venezuela no necesita otro caudillo impuesto ni otro pacto diseñado para conservar intactas las estructuras que llevaron al país a la ruina. Necesita votar. Necesita que sus presos políticos sean libres. Necesita recuperar la confianza en sus instituciones y abrir las puertas para que millones de venezolanos puedan regresar.
Este jueves, miles volvieron a decirlo en las calles. María Corina Machado volvió al ataque político, pero el verdadero protagonista sigue siendo un país que se niega a aceptar la desesperanza como destino. Venezuela pide libertad. Después de tantos años, lo mínimo que el mundo puede hacer es escucharla.




