La bronca diplomática protagonizada por representantes del régimen cubano en Naciones Unidas ya tiene una consecuencia concreta: Washington anunció la expulsión de un primer secretario de la misión de Cuba ante la ONU.
El embajador estadounidense Mike Waltz informó que el secretario de Estado, Marco Rubio, firmó la documentación para expulsar al funcionario acusado por Estados Unidos de empujar e intentar agredir a un integrante de su delegación durante el tenso debate del martes 27 de octubre.
Waltz fue terminante al anunciar la medida: el diplomático estaría rumbo a La Habana dentro de las siguientes 24 horas.
Richard Tur de la Concepción, señalado como el funcionario
Waltz no dio públicamente el nombre durante su anuncio. Medios independientes cubanos, entre ellos elTOQUE, identificaron al funcionario que aparece en las imágenes como Richard Tur de la Concepción, primer secretario de la Misión Permanente de Cuba ante Naciones Unidas y encargado de asuntos relacionados con la Quinta Comisión de la Asamblea General.
Las imágenes difundidas del incidente muestran al funcionario aproximándose al miembro del equipo estadounidense que lo grababa y lanzando la mano hacia el teléfono. Washington sostiene que hubo empujones y un intento de agresión. La parte cubana, por su lado, había denunciado previamente que el funcionario estaba siendo acosado y grabado a corta distancia contra su voluntad.
De la diplomacia al espectáculo de los gritos
El episodio no ocurrió de manera aislada. Durante la intervención de Waltz ante la Asamblea General, integrantes de la delegación cubana protestaron, golpearon las mesas y el canciller Bruno Rodríguez Parrilla abandonó su asiento para dirigirse hacia la tribuna mientras exigía una cuestión de orden.
La tensión llegó al punto de que la presidencia de la Asamblea General tuvo que intervenir para recuperar el control de la sesión y amenazó con suspenderla.
Ese comportamiento merece una crítica sin ambigüedades. Una misión diplomática está precisamente para defender posiciones políticas mediante argumentos, reglas y procedimientos. Gritar, golpear mesas, avanzar hacia la tribuna e intentar apartar el teléfono de quien registra un enfrentamiento proyecta exactamente lo contrario: falta de contención y desprecio por las formas elementales que exige un foro internacional.
La mala educación política convertida en método
CAÑASANTA considera particularmente grave que representantes de un Gobierno acostumbrado a exigir respeto internacional respondan de esa manera cuando las acusaciones se dirigen contra ellos.
La escena resulta además familiar para numerosos cubanos. Durante décadas, el poder en la Isla ha normalizado los llamados actos de repudio: gritos colectivos, hostigamiento e intimidación contra quienes discrepan. Trasladar esa cultura de confrontación a Naciones Unidas no fortalece los argumentos de La Habana; los debilita.
Una cosa es rechazar enérgicamente las acusaciones de Washington. Cuba tiene derecho a hacerlo y a utilizar todos los mecanismos reglamentarios de Naciones Unidas. Otra muy distinta es confundir firmeza diplomática con intimidación y escándalo.
La versión cubana también debe constar
La misión cubana había comunicado al secretario general de la ONU una denuncia contra J. P. Freire, integrante del equipo estadounidense, al que acusó de acoso, invasión del espacio personal y de grabar al funcionario cubano a menos de un metro pese a sus objeciones.
Esa alegación debe quedar registrada. Pero incluso una provocación, de haber existido, no convierte el contacto físico ni los intentos de arrebatar un teléfono en una respuesta apropiada para un diplomático acreditado.
Rubio responde con la expulsión
La respuesta de Washington fue rápida. Según Waltz, Rubio firmó la documentación de expulsión y dejó claro que la Administración Trump no toleraría una agresión contra funcionarios estadounidenses dentro de Estados Unidos.
Hasta el momento de esta publicación, lo confirmado es la firma de la documentación y el anuncio estadounidense de la salida del diplomático. No existe todavía confirmación pública de que Tur de la Concepción haya abordado efectivamente un avión o abandonado territorio estadounidense.
La distinción es importante: una noticia seria debe separar lo anunciado de lo que ya se ha consumado.
Una imagen difícil de defender
La disputa política entre Washington y La Habana continuará, igual que continuará el enfrentamiento alrededor del embargo. Pero el episodio del martes dejó algo que trasciende ese debate.
Ante las cámaras del mundo, representantes del régimen cubano reaccionaron a un discurso adverso con gritos, golpes sobre las mesas y una confrontación que terminó con una orden estadounidense de expulsión.
La diplomacia puede ser dura. Puede ser feroz. Lo que no debería convertirse es en un acto de repudio.




