Canadá acaba de colocar una de sus apuestas más grandes sobre el futuro de la inteligencia artificial. Ottawa invertirá hasta 1.600 millones de dólares canadienses en Cohere, la empresa de IA nacida en Toronto, como parte de una ronda de financiación que busca recaudar 7.000 millones de dólares canadienses y valorar la compañía en aproximadamente 36.000 millones.
El anuncio convierte al Gobierno federal en accionista de una de las compañías tecnológicas más importantes surgidas en Canadá y llega en medio de una competencia internacional cada vez más intensa por controlar modelos de inteligencia artificial, centros de datos, talento especializado y capacidad de cómputo.
Ottawa entra directamente en el capital
La operación fue anunciada este jueves 29 de octubre. El primer ministro Mark Carney afirmó en Montreal que el Gobierno invertirá hasta 1.600 millones de dólares canadienses y subrayó que Cohere mantendrá su incorporación y su sede en Canadá. La ronda está encabezada por el grupo alemán Schwarz, propietario de las cadenas Lidl y Kaufland, y también cuenta entre sus inversores con Nvidia y Bell Canada.
La ronda pretende alcanzar 7.000 millones de dólares canadienses, equivalentes a unos 4.500 millones de dólares estadounidenses. Cohere indicó que el dinero se destinará al desarrollo de nuevos modelos, productos dirigidos a sectores regulados y nueva infraestructura informática.
La empresa ha completado solamente un primer cierre de la ronda y todavía no ha informado cuánto capital está formalmente comprometido ni cuándo espera completar todo el proceso. Ese detalle es importante: los 7.000 millones representan el objetivo total de financiación, no una cantidad que ya haya entrado íntegramente en las cuentas de la compañía.
Una IA que Canadá quiere mantener canadiense
Cohere fue fundada en Toronto en 2019 y se ha especializado en inteligencia artificial para empresas y organismos que necesitan mayor control sobre sus datos. Su estrategia se diferencia de la carrera puramente orientada al consumidor: la compañía busca colocar modelos y herramientas de IA dentro de bancos, administraciones públicas, telecomunicaciones y otras organizaciones sujetas a fuertes requisitos de seguridad y privacidad.
La apuesta encaja con la política canadiense de desarrollar capacidad de IA soberana. El Gobierno ya había anunciado anteriormente hasta 240 millones de dólares para apoyar un proyecto de Cohere destinado a ampliar infraestructura de cómputo de alto rendimiento en Ontario. Ahora la relación pasa a otro nivel al convertir al Estado en inversor de capital.
Carney aseguró además que Cohere invertirá al menos 1.700 millones de dólares canadienses en nueva infraestructura informática dentro del país antes de 2030. Para Ottawa, mantener tanto la propiedad intelectual como parte sustancial de la capacidad de procesamiento dentro de Canadá se ha convertido en una cuestión económica y estratégica.
Europa también entra en la ecuación
Schwarz Group lidera la nueva ronda después de comprometer 500 millones de euros en abril, en el contexto de la combinación de Cohere con la empresa alemana Aleph Alpha. El proyecto pretende construir una plataforma de inteligencia artificial con raíces a ambos lados del Atlántico y con especial énfasis en la soberanía tecnológica.
Schwarz también ha realizado enormes inversiones en centros de datos en Alemania y planea ejecutar modelos de Cohere sobre STACKIT, su servicio europeo de nube. La alianza ofrece a la compañía canadiense una vía de expansión en Europa en momentos en que gobiernos y empresas buscan alternativas capaces de operar bajo sus propias normas de privacidad y seguridad.
La batalla ya no es solamente por crear mejores modelos
El movimiento revela hasta qué punto la inteligencia artificial ha dejado de ser únicamente una carrera de software. Los países compiten ahora por electricidad, chips, centros de datos, investigadores, propiedad intelectual y empresas capaces de transformar todo ese poder de cómputo en productos comerciales.
Cohere asegura que sus ingresos recurrentes anuales crecieron 165% interanual hasta el tercer trimestre y que ya cuenta con unos 300 clientes. Son cifras que explican parte del interés de los inversores, aunque la valoración prevista de 36.000 millones de dólares canadienses también refleja las enormes expectativas que rodean actualmente al sector.
Para Canadá, el objetivo parece claro: evitar que otra empresa tecnológica nacida en el país termine trasladando su centro de gravedad al extranjero precisamente cuando la IA comienza a convertirse en infraestructura estratégica. Esta vez Ottawa no quiere limitarse a financiar investigación. Quiere tener una participación directa en lo que considera una de sus principales apuestas tecnológicas.



