12pm
El mediodía desploma su torrente
contra la ciudad que todo lo sostiene
desafía los signos de la lluvia que no llega
interminablemente ausente,
la luz que baja y sumerge su esplendor
en la raíz de los hogares,
en la penumbra sumergida de las catedrales,
violando la intimidad de las columnas
la falta de nombre para tantos santos,
el asma pétrea de las paredes advierte su linaje,
dormido en las arrugas
que la luz hace crecer entre colores,
la tarde que se acerca y huye
por calles que no la reconocen,
de vez en cuando,
se escuchan las monedas del mendigo
desbaratar la perfección del silencio
que a esta hora
es casi música en la plaza.
Yo También
También yo fui un traidor
apuñale por la espalda a la mañana
informe al otoño
el santo y seña de las azucenas,
desbarate la comunión de las espigas
y ayude con mis manos a cavar cada tumba
en la que sueñan las aves con los vientos del norte.
Yo también fui náufrago,
sobre la roca solitaria en que asenté mis dominios
compilé las estrofas de un himno guerrero
y me creí la mitad de todas sus mentiras,
mendigué a cada barco una botella
en la que dejar mensajitos tristes.
Yo también fui dictador
ajustaba los horarios del almuerzo
repartiendo al por menor migajas y consignas,
mitigué los espasmos del tiempo
con un pedazo de palabra
a medias una sonrisa y el telón de fondo
de todas mis miserias.
Yo también fui parte del juego
sobre mi espalda marcada
se amontonan aún los fantasmas
del miedo.
Conquistas
He vencido al miedo
al pájaro que lo arrastra desde la montaña
y lo deja caer con estruendoso silencio
sobre los muros contenedores de la luz.
He saldado mi deuda
con la tierra que en su vórtice terrible
destrona la falacia
dejando en su lugar
la muerte permanente.
He desbaratado el mito de la infancia.
Nunca fuimos más niños
que el día en que empezamos a creernos hombres.
He vuelto a conquistar mis sueños
y eso, creo que me basta.
Máscaras
Desde el silencio que provocador invoco
arriban a mi mesa los espectros de tu nombre.
Contornos poseídos por el sin sabor del absurdo
restos de tus máscaras aún flotan en el aire
como antiguas marcaciones
de un espacio que no nos pertenece.
Un ácido sabor a preguntas
labra despacio mi garganta
¿Qué hacer ahora con tu rostro, grabado en la memoria?
¿Dónde acudir a deshacer fantasmas?
Si me acompaña la intimidad de las sombras
la inesperada noche
acomodada en primera fila
como dueña de todas las razones.
Solo
Estabas destinado a la palabra
a lucir el esqueleto de tu sapiente discurso
Con la arrogante parsimonia, del que embiste
el asfalto con un verso.
Estaba anunciado que llegarías
de blanco y café tus ropajes al viento
se supone que acarreabas mil canciones
bajo el bulto derecho de tu carpa.
Acudirías al monte perfilador de lunas
donde agonizan las silabas mudas de cansancio
allí perfumarías por siempre las gargantas
acalladas por los sinsabores de la disidencia.
Acudiríamos a verte componer las mareas
a suplicarle a los dioses por los dioses que vuelven
pero olvidaste mirar las multitudes
un par de centímetros por debajo de tu hombro,
hubiera sido una ovación cerrada
y no este ascético y temible silencio. cerse.
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