Terminó conmigo, así no más. Me consolé escribiendo unas palabras en un papel sucio que llevaba en el fondo de mi cartera para cuando me lo encontrara, algún día, en algún lugar: mi corazón no transpira ya ganas de abrazarte, tu machismo es el más eficiente antitranspirante.
Lo vi en la esquina aquella al lado de un letrero; casi corriendo me le acerqué y le tiré mis palabras creyendo que tiraba petardos. Él rió: eres tan kitsch. No lo dijo de prisa, lo dijo despacio.
Y me quedé así, como lo que soy, un lugar común, una cursilería, una más de las que lloran esta tormenta de penas que se fragua por dentro.



