...parece una obsesión, pero me entrego Leonardo García
La incursión de la joven canción santaclareña (Santa Clara, Cuba) por cauces contiguos al movimiento poético de la provincia, uno de los más vitales del país, es evidente en el gusto de los compositores, además, es sintomático el interés creciente por musicalizar textos de poetas cercanos, incluso, de autores de otras generaciones, buen ejemplo es Diego Gutiérrez que ha hecho un proyecto completo de disco con textos poéticos villaclareños con el que obtuvo una beca de creación otorgada por el Centro Pablo de la Torriente Brau. Sobre esta notoriedad coincidió también Yamil Díaz en sus palabras al concierto Comité Central ofrecido por Diego precisamente en el Centro Pablo en junio de 2008: «Desde que Amaury Gutiérrez musicalizó mágicamente un poema de Jorge Ángel Hernández, no ha cesado entre los trovadores de Villa Clara el afán por descubrir y revelar esa música oculta en la entraña misma de mucha poesía escrita por aquí (acaso prueba contundente de que nuestros movimientos trovadoresco y poético son o dos caras de una misma moneda o dos monedas de una misma cara)». Amaury también puso música a textos escritos expresamente para él por Frank Abel Dopico y Alpidio Alonso.
Es esta misma poesía la que permite que las preocupaciones sociales de los autores estén asentadas en una conceptualización más filosófica que épica o de historicismo coyuntural, la propia elección por la cubanía y la toma de la tradición como fuente les da un lugar en ese entramado psicosocial que llamamos identidad; el propio compromiso estético contra todos los avatares y la provocaciones frívolas de este tiempo así lo atestigua, no obstante, en algunos momentos el canto recoge preocupaciones, más directas y puntuales unas, más generales y conceptualizadas otras, aunque siempre prevalece el acento lírico, Borges Triana, buen conocedor de nuestra trova lo ha descubierto así «El tema social no se trabaja en un primer plano, sino que pasa a ser el trasfondo de las historias personales contadas y cantadas».[i]
Teniendo en cuenta que este movimiento aparece y se desarrolla coincidentemente con el llamado periodo especial y el derrumbe de paradigmas que parecían eternos, es lógico que el estado de incertidumbre pese sobre la obra de los creadores, el desamparo y la orfandad ideológica tienden a que los artistas se desinteresen por lo épico y se centren más en la meditación íntima o el divertimento, pero también, aunque en menor medida en las nuevas situaciones del entorno que afectaban directamente la vida común y diaria. Sobre esta manera de ver la época opinó Levis Aleaga en 2003 a propósito de una gira por España: «Hablar de los sentimientos que guardamos nosotros los cubanos para la casa, para hablar con los amigos, con las novias (…) Quiero decir: mira estoy viviendo la historia y soy consecuente con mi época, pero también me gustaría que vieras otras cosas que siento, porque de lo .contrario sería ver las cosas de una sola forma», por su parte Raúl Cabrera explicó: «Nos metemos en el ámbito social pero de la manera más humana posible, es decir, no vamos a la parte superficial del asunto, vamos al corazón de la historia. Y el corazón de esa historia es muy humano, de Cuba y de cualquier país del mundo. Por eso podemos enmarcarnos en cualquier lugar (…) El Trío Enserie empezó en 1992, que era un momento muy difícil, una etapa de muchos cambios abruptos, de demasiados problemas sociales y no pensamos que la solución fuera volver a lo que se hizo en los años sesenta, cuando nace el movimiento de la Nueva Trova, que era la protesta pura y dura. Pensamos que otro tipo de tratamiento sería mejor, y la forma que hemos escogido es para nosotros muy válida, para sentirnos bien con la sociedad y con la gente que nos rodea».[ii]
Una canción casi desparecida, o que se quedó guardada en la historia de Enserie, es Peregrino al viento, una rareza de aquella época donde sus autores Roly y Levis ahondan y exponen sus preocupaciones sobre a donde llegarían con su vocación de ruptura y novedad, de negación para avanzar, las preguntas que se hacen nos reflejan cierta aprehensión pero también decisión y consciencia artística: A dónde me va a llevar / el instinto, negación de la negación. / A dónde me va a llevar / la pregunta y el reloj. / A dónde me va a llevar / la mano mía, la lengua mía, la canción mía. El oportunismo, el facilismo, la cultura mimética y el jineterismo cultural lo fustiga Roly en A vender a los muertos, graciosamente va incitando, pregonando la venta de las tradiciones, de los nombres emblemáticos, en fin, de la cultura misma, en momentos en que se ponen de moda los llamados «viejitos» de nuestra música, las revistas de cabaret para turistas donde no falta La Guantanamera, o Hasta siempre Comandante en los restaurantes por divisa: «Vivir de lo que otro hizo / una vez sabe a homenaje; / diez veces, admirador enfermizo; / de ahí pa´allá: maquillaje». En La jicotea, excelente parodia de las conductas humanas, Roly asegura: Lo que tu comas te cambia.
Es precisamente en 1994 cuando aparece Veleidades de la gloria, tema de Alain Garrido que pronto pegó en la voz del autor, secundado por Diego Gutiérrez y que hasta hoy se mantiene como un himno del grupo, asentaba Alain en aquellos días: El tiempo vuela sin reloj / son las vidas que están mal (…) La distancia se fugó sin estrellas al andar, y confiesa con una sinceridad casi ingenua: Ahora creo en los momentos, para llegar a una conclusión de fatalidad: Los caminos de existir / vuelven a un mismo lugar / veleidades de la gloria. Sin embargo ya en el 2000, una vez resignificada la historia y asentadas esas «veleidades», en plena madurez como ser humano cubano y como artista preocupado Garrido, en un tema llamado sugerentemente Eternidad, dice: Y yo que me quedé ante el altar sin oraciones / comprendí, todo era más que una ilusión, tal vez un reconocimiento de los excesos de utopía que todos padecimos, desde esa humildad concluye: Y qué más se necesita para tocar / con estas manos nuestro sol, / hilos que atrapan la felicidad. Y que más se necesita para escuchar / leve el zumbido de un ciclón / avecinado otra eternidad. Frecuentes también son los temas de amor donde la historia o el discurso amatorio no puede desligarse del marco social, se imbrica, bien como argumento que estimula la necesidad de la relación íntima o como trasfondo complementario, así encontramos los ejemplos de Ajedrez (La lluvia florece a cada momento / después de algún mal intento / (…) / Hay que creer y hay que luchar este juego ), Retratos del parque ( Noches de andar la ciudad / salimos del tiempo para respirar / aquellos retratos del parque) y Rumor (Salgo a buscar esa calle gris / que destierra los caminos hacia un nuevo sol).
El espacio que mantiene este compositor desde hace más de dos años en la sede de la Uneac en Santa Clara tiene como tema una composición llamada certeramente Declaración de mi trova, donde precisa cual es la «otra trova» que hacen, y aún más allá, cual es la que quieren recuperar y fortalecer en tiempos en que la banalidad se cuela y debilita el gusto y la disposición por reflexionar y enaltecer la espiritualidad a través del canto: Abran las puertas / la otra trova llegó / la que no quema / sin pose ni presunción. / Vamos a salir desnudos y sin antifaz / para revivir cuando todo era más natural. / Vamos a partir dejándolo todo detrás / y sobrevivir al incendio de lo artificial.
La incertidumbre parece planear una y otra vez sobre Alain, en una de sus últimas composiciones se preocupa por los derroteros de la Isla, por la fragmentación del ideal: Cuál es el banco donde poderse encontrar / cómo juntar cada fragmento de la cruz / hasta arribar a un litoral / (…) Cuál es la luz para poder aterrizar / cuál es la luz (Aterrizando) Vuelve este pesar en Llamado, con un discurso que nos recuerda a aquel Adrian Morales de principios de los noventa: Qué vendrá de mañana / somos niños buscando la escapada / qué será lo que aguarda / los amigos o el país que tenemos a salvar. En Zigzag se pregunta: Cómo tendremos un buen final / vuela a la velocidad de la luz / y solo se que no entiendo nada, / que yo no se nada. / Si vienes a cobrarme la cuenta / no se me ha terminado el sermón / el precio que tiene la eterna escena / no se paga con ningún valor. Un tema que han abordado algunos de estas últimas generaciones de trovadores pero que no había aparecido hasta ahora en el grupo santaclareño es el del errante, el que siempre se va, sin embargo ya lo vemos en este texto y que vuelve a traerme el recuerdo de Adrián Morales: Qué más da otro resplandor / si partieron detrás de sus ojos / alguien quedó y / el mar cedió / resucitados el bar cerró.
Pero a pesar de estas hondas preocupaciones, Garrido siempre emerge y deja la posibilidad de la luz; hay pérdidas pero no queda otra opción que la lucha por la esperanza, así lo vemos en Alivio: La suerte que se avecina / el alivio detrás del ciclón / descubre en la deriva otro destino. / Después de toda avería / hay que estar a la altura del sol. / Algo se perderá / pero nada es peor / que dejar de volar y elevarse.
A Diego Gutiérrez le bastaría solo cantar Cuerda floja para conocer cual es su credo, es este tema un conmovedor llamado a reparar en la importancia del trabajo de los artistas, llamado en primer lugar al propio gremio: Tú que caminas sobre las aguas / como un acróbata en el abismo / sabrás que no fue fácil saltar al vacío. El riesgo y contrición espiritual que entraña la creación: Donde acabó el equilibrio / comenzamos nosotros. Luego se dirige concluyente a todos, o tal vez es especial a aquellos, destinados a preservar y promover el trabajo artístico y que solo lo ven como un medio de vida o simplemente una tarea burocrática más, no exentos de prejuicios: No distraer a los artistas / que se juegan la vida en esta cuerda, Es este un cántico compuesto con una atmósfera expectante, tensa, que siempre se escucha con aprensión efectiva: No respirar pues, se les pide.
Piloto automático por su parte es el descarnado discurso del cinismo, aquí el autor se pone en lugar del hablante, comparte el degradante rol del oportunista: Suma lo que falta / para mantener / la balanza en vilo (…) solo pan y circo / para mantener / la cabeza a salvo. El irse siempre en pos de otras luces, el horizontes que el creador siempre ve más allá y se aventura en su conquista, eso se percibe como tesis de En la luna de Valencia, allí donde se está durmiendo sobre un pie aunque volando mas allá, pero no hay renuncia total, lo esencial se irá en sus maletas, algo será igual, aunque por la lógica espiral del desarrollo el creador admite: ya no seré el mismo. En otra de sus fuertes vertientes creadoras, donde el divertimento rítmico actúa como complemento motivador, Diego nos brinda una introspección graciosa y certera de nuestro carácter como pocos lo han hecho dentro de lo conocido como nueva trova; es esa magnífica viñeta costumbrista recogida en El cinematógrafo, solo comparable al Mario Agué de Pedro Luis Ferrer.
Leonardo García, un hombre que declara salir de casa vestido de humano, tal vez por eso reúne una obra con un gran aliento de humanidad, esto le permite ser un observador meticuloso de la cotidianidad, a veces la ve plena, a veces más vacía, días buenos que corren, otros no tan buenos que suceden, pero que detalla y comprende en ese todo que llamamos vida, situada en la endeblez de una telaraña, acechada, en perenne peligro, por donde pasa la gente del brazo de la situación, también lobos cruzando la calma de luna, donde este y oeste se pierden en contradicción. y puede la llovizna estar retando al sol. Pero también aquí se puede compartir la carne más dura, el agua y el fuego y la felicidad tocará a tu puerta y tú tienes que aprender a reconocerla, insiste el autor en que son esos momentos los que te dan la luz, que es inteligente convocar al bien para subir la montaña, alerta finalmente: no dejes que la vida te pierda; tal vez esto sea posible escuchando su canto humano que ha desarmado las cadenas, y su palabra blanca, que te enseñará que es un hombre bueno (Bailando en la telaraña).
Más comprometido con hechos cercanos Leonardo fustiga en El demagogo a ese farsante que se nos esconde dentro y en ocasiones aflora cruzando los dedos para desgarrarse en promesas, ese que nos espeta: y hasta pongo banderas en mi balcón / (…) / y sangro frente al espejo, y en el colmo del cinismo confiesa: debo decir pero no tan claro Cuando interpreta El cocodrilo siempre aclara que la emprende contra los imperialismos, hasta los propios, es decir contra los desmedros del poder en todos los niveles en que se sitúe, precisamente es este un canto de gran fuerza y aliento, especie de declaración generacional: Todos esperamos algo del camino y ese boomerang que no regresa, dice en algún momento, aunque el corazón a media carrera con sus páginas sueltas se entregará, llama la atención sobre la persistencia de ciertos estatismos ideosociales, ciertos tabúes, y la mitificación de algunas ilusiones cuando ya el espejo reventó. En Días corriendo se concreta su tendencia al optimismo, el aferramiento a que todo tendrá algún cauce noble o al menos un modesto remanso, esto lo advertimos claramente cuando le escuchamos: Divertir el aire de la esperanza me consuela / reparar el huerto me hace la vida pasajera, para luego determinar rotundamente: Hay que morir un poco cada día para intentar la vida. Su compromiso ético con lo realmente revolucionario, es decir, contra las prácticas conservadoras estratificadas, está expuesto en estas revelaciones: Castigar el polvo de los años no vale la pena (Días corriendo) o en esa pobre gente que no ve / que el futuro apremia / buscando el pasado y su vejez / solo encuentra piedra (Pobre gente). Alcohol 90 se inscribe en otras de sus inclinaciones autorales, el decir mediante parábolas, aquí el trovador conmina a enfrentar los obstáculos comunes de cada día con la osadía, el atrevimiento y hasta el fresco desparpajo conque cruzamos los años noventa.
Desde sus inicios como compositor Raúl Marchena se ocupó de puntualizar en sus textos preocupaciones y dolores muy entrañables a su generación, muchos mantenidos en la problemática nacional. El desarraigo o la nostalgia por los que se han ido, que en el caso de Cuba alcanza ribetes de drama pues no siempre se sabe si volveremos a ver a los que se alejan, el trovador lo refleja en un lenguaje directo pero sensible cuando dice: Tengo / algún amigo que no me cambia ni por el sol / (…) / Tengo / amor por un poeta que está lejos y que extraño. La fe en la amistad, en los afectos que nada, ni las distancias geográficas o ideológicas, pueden romper queda explícito en la misma canción: Y cuando me quede solo se que tendré / a un poeta y a un amigo / que no me cambian ni por el sol (Tengo), Conocido por su carácter sociable y extrovertido, sin embargo vemos en el cantautor la necesidad de los amigos, el miedo a no tenerlos, en Intento de Habanera, tema dedicado a La Habana como recuerdo de su estancia azarosa pero intensa en la siempre deslumbrante capital del país canta: Donde ayer los amigos no me hicieron tan solo / tan débil, temeroso / de esta luz que es mi muerte.
La situación cotidiana, la abulia de una realidad a veces demasiada estática, con esos días que matan, la insatisfacción por los sueños truncos, emergen en Nada, composición que recrea un panorama muy parecido al que sintió Silvio en su emblemática En mi calle; ahora dirá el trovador santaclareño : Nada, me pasa nada / solo que ninguna historia que hagan / me podrá saber tan vaga / tan recuerdo / tan real / (…) / Solo abrir los ojos, la mañana / otros días u y otras ganas / otra vez a respirar / a respira; la elección del tango como género para este tema no es gratuito.
La tragedia de la emigración, sobre todo de lo jóvenes que insatisfechos se marchan si ningún ideal en el horizonte; el dolor de este fluir que desangra a la patria, Marchena lo trata de una manera poco habitual, no lo denuncia pasivamente como otros autores: Pero no te vayas a morir al frió / no te vayas a morir cruzando el mar / muérete aquí soñando conmigo / gritando lo que no gritaron los demás. Toma partido, pero no desde el dogma sino críticamente: Muérete aquí gritando conmigo / lo que no gritó el cansancio de los demás. Insiste, también con un grado no común de valentía y sinceridad, con la creencia de que habrá que rehacer los caminos del país, reescribir sus sueños entre todos Y no faltes el día de escribir esta historia.
Es este el mismo tema con que vuelve en El suicida, pero aquí se involucra en el asunto desde la experiencia aunque mantiene la intención aleccionadora; podemos irnos, incluso triunfar lejos, pero el peso de la Isla siempre quedará sobre nosotros, siempre estaremos quedándonos en ella: No te sales de la isla / sin que te pese detrás. La eterna aventura del isleño, ese salto que tiene tanto de suicidio y de cuya posibilidad no estamos exentos: todos somos el suicida / a punto de no volver / del salto, de la deriva. Lo mismo sufre la separación el que se queda como el que se va: Los extremos de la cuerda / –quién se fue, quién se quedó– / paga con igual condena / la misma separación.
En este abordaje temático de Raúl Marchena hay una canción que por su contundencia se destaca dentro de su obra, Si todo es verdad, nacida, según confesión propia, de subtextos de sus obras y la de otros creadores que lo han marcado. Aquí está la revelación crítica de una situación latente en nuestra sociedad, que a pesar del daño que hace y la amenaza que constituye para la continuidad del proceso social emprendido, permanece impuesta: la farsa del triunfalismo, la limpidez aparente y sin contradicciones del trascurrir político, la realidad ordenada y virtual preestablecida sobre la realidad palpable por todos y que debe denunciarse y superar los miedos y prejuicios develando sus matices y oquedades, pues si todo es verdad, y todo es verdad / cómo saber cuando cantar, se lamenta Marchena. También alerta sobre la esterilidad que puede traernos si nos quedamos callados: Qué escribirá el verso / mejor verso que tuvo / si hoy calla entre sus ojos / y esta cara del mal. Pero se adelanta más, prevé—y alerta otra vez–, sobre todo al creador, que un día, por estas mismas inconsistencias todo pueda perderse, y entonces Que escribirá un poeta / cuando ya se ha perdido / los sueños que escribía / con su primer motivo. / Cuando desaparezca / las luces, los adornos / el tiempo y sus promesas / ; qué encontrará su asombro.
También de la cotidianidad se nutre Yunior Navarrete, pero su entorno es más callejero, se fija y retrata con aparente distanciamiento lo que le marcan los días, sin embargo en esa fingida ingenuidad se denota una mirada sagaz y crítica. Lo primero que se señaló en su obra fue el posicionamiento étnico-ético, lo encontramos en Alma de halcón: Y si la sociedad algún día me reclama / y yo dejo de ser yo / pues con mis garras afiladas llevaré / el sonido de la selva / donde me crié. También la identidad está en A la loma del Cocuyé: Hastiado de estar en mi lecho estoy / pero al monte me iré / y para estar bien seguro / miraré el camino con mis ojos de culebra. El tedio pueblerino se refleja en De mañana, como en un recuento dice coloquialmente: Llego al Boulevard, las tiendas están abiertas / hay una cola inmensa y me pregunto qué habrá. En Cabaret vuelve con lo cotidiano citadino: Me gusta andar de vuelta / por la ciudad / aunque me moleste el ruido / pero amo la sociedad / Con sus colores tan bellos, / pura imagen,/ (…) Cabaret, putería. Como si se le hubiera agotado el espacio interlocutivo y se ahogara en el regodeo abúlico grita: La misma historia / el mismo lugar, y argumenta: Que el mucho mundo asfixia / y el poco mundo es peor. / (…) / que los años van cuesta arriba / (…) / que en el solar de la vida a muchos les va sobreviviendo. Se detiene y medita con cierto optimismo: Aunque todo estalle / los buenos momentos dejaron huellas tras la eternidad / no todo se pierde en la inocencia de vivir (Mirar pa´arriba). En la composición titulada sugerentemente Ilusión expone: Desperté de porvenir / dejé un candil en el portal / y vestí de porvenir / toda la luz que había afuera / (…) / fui madrugador en los senos / y en los portales de esta humanidad. Pero vuelve el pesar de la realidad: Pero los días se harán frio / nada ni nadie llega / se que habrá de atardecer. En Hijo de la fe, muy poco cantada por Yunior, está de nuevo el mito del mecías, del redentor, parodia en la que se unifican historia y leyenda, pero que deja entrever también algo de descreencia y sátira.
El entendimiento de que la vida son giros que hay que saber enfrentar o evadir, pero siempre con decisión de permanecer, es lo que nos da Yunior en este texto nombrado Giros, uno de los más solicitados por sus seguidores, que está compuesto, además con un estribillo en ritornelo, eufórico, con intenciones de catarsis: Sal, / y disfrázate de viento / y conviértete en un árbol / y no dejes que la tierra / se te seque dentro / y ármate del ruido, ármate del ruido / y veras como yo no estaré allí / cuando empiece el frío si / cuando el frío empiece eh.
En Quise Michel Portela se acerca al asunto del que lo ha puesto todo en el irse, en la aventura, y descubre luego que ha quedado solo otra vez y que habrá que recomenzar en un juego interminable: Quise alejarme y me alejé / y me alejé como se aleja al miedo. / Quise aventurarme y me marché / (…) / Quise acercarme y me acerqué / y me acerqué pero se fueron / y me quedé para otro juego. / Luego calles junto al mar / luces de nocturnidad. / Calles y pensar / que en realidad nada gira igual. Solo el amor será la salvación, pero aquí se antoja refugio desesperado, la reiteración de la expresión final así lo denota: Quise alejarme y te encontré / y te encontré. Aquí todo tiene sentido es la resolución existencial, el aprovecharse oportuna y ligeramente de la vida sin tiempo para la piedad, con el tacto suficiente para medrar sin conflictos, descomprometido hasta el extremo del cinismo, la forma fria y abierta con que Portela lo expone convierten al tema en una denuncia de esta actitud que cada vez cobra más fuerza: Pero no pierdas la oportunidad / que todo se va volando / ¡ay! de mí prueba / no lo pienses más / quitarse el disfraz.
Miguel Ángel de la Rosa se suma más tarde por lo que sus preocupaciones van a ser otras, acorde con la estimulación—o desestimulación del ambiente que le ha tocado vivir, así encontramos algo muy característico de nuestros días, los amores encontrados sobre la distancia, el de las parejas formadas por habitantes de diferentes latitudes y el desgarramiento que esto produce por el ir y venir entre Patria y Patria: Hoy te veo partir / llevándote mi historia y lloras / hoy te veo venir / con tiempo para un sueño y lloro./ (…) / La distancia es mi mitad, niña / la distancia es tu mitad, niña (Niña). La rebeldía del joven de hoy ante las ataduras que le sujetan su vuelo, desde las impuestas por la cofradía familia hasta las que encuentra en el medio sociopolítico cargado de prejuicios, de esta manera lo expone en Soltando amarras: Soltando amarras va la voz / del poeta en su pasión / desencofrando su oración de política, censura, / traición. / Soltando amarras va el sueño, / Alegrando el alma, el corazón. Esta rebeldía se impone en la decisión de hacer, de marcar su tiempo generacional con impronta propia, enfrentando el riesgo del fracaso: Todos cruzando la brecha intentando algo, / Todos bebiendo del sueño de lograr algo / que a veces se da / o se perderá / algo de casualidad./ (…) / Todos cruzando la brecha buscando alguien / todos bebiendo del sueño de ser como alguien / que a veces se va / que no volverá / alguien de casualidad.(Algo Alguien) Es sintomático como aún esta generación mantiene ese pavor por lo incierto, por el vacío social, como siente la necesidad de clamarlo, a veces en tono desesperado, que en el caso de Miguel Ángel me recuerda otra vez al Julio Fowler de Fábula del inocente y Pon tu corazón; el joven trovador nos dice: Todo lo que soy se ira dentro de mi / todo lo que haré, todo lo que se, / se queda en mi. / Algo en mi interior se va / y sigo aquí, / sigo sin saber, sigo sin creer / sin descubrir. Algo de dolorosa resignación, pero de cierta eticidad, encontramos más adelante en la propia canción: Nos quedaremos solos / los patriotas, los loqueros y los soñadores / nadaremos en sangre / y la esperanza es nuestra arma / para continuar. Sin añadir, sin corregir, sin elegir. (Sangra mi edad).
Era de esperar que una ciudad tan rica en matices sociales, moderna pero pequeña, con una juventud aglomerada en su centro, pues no ofreciera ya muestras artísticas del creciente folclor urbano, sobre todo a través del movimiento trovadoresco que mueve a amplios sectores juveniles pensantes. Es precisamente este mundo el que viene a atender Karen Fleites, no por gusto se le conoce por El friki, él asume la representación del marginal, del habitante de las márgenes o el marginado, ese que individualiza su posición ante los problemas que le rodean; dedicado solo a su asunto: Es asunto mio / y a paso lento me mantengo / para no meterme en lio (…) nada me ata / y lo que me ata lo rompo. Se encierra en su imagen, en su «guapería» o subterfugio de bicho, descree: Si de todas forma / yo aquí no hago n ´a. Vive el momento y espera sin tomar partido, sin hacer algo para cambiar la situación: No voy a cambiar mi paz por guerra, quiero tener la mente abierta / para poder avanzar (Asunto mio).
En Con los pobres de la tierra Karen se vale del conocido verso martiano que encarna un credo ético. Pero aquí se identifica a los pobres de la tierra con los marginados, los de la orilla social, los expectantes en su descreencia, enajenados o desgraciados de ahora mismo, querámoslo o no, existen y ahí están para preocuparnos nuestras conciencias, y es esta la importancia del trovador denunciante: Con los pobres de la tierra / quiero yo mi suerte echar / y volar con la herida abierta. / Cómo cumplir promesas / si no tengo voluntad / si mi corazón es vulgar / y a veces me ha dejado de amar. Expresa también sentimientos y lemas muy cercanos a los de esos grupos existenciales urbanos que ya pululan en algunas ciudades cubanas como los emos, los repa o los góticos: Cambio espinas por flores / tu amor por dolor. Los amores distanciados por la geografía, que ya abordó Miguel Ángel en Niña, vuelven con Karen en Cuéntame, también un canto desesperado ante la imposibilidad de estar cerca, de nuevo la reiteración del grito: Cuéntame como es tu mundo / y que estás haciendo ahora / Cuéntame como es contar / cuenta más / cuenta más / y vuelve a contar. El amor es el tema de A veces, pero el amor trágico propio de las pasiones del mundo marginal, como ocurría en aquellos boleros de bares y cantinas, por eso de pronto la queja amorosa se convierte en una inculpación social, en una justificación para decir: Y el que está en la calle sabe / (…) / y la noche dura más que el año entero. (…) / Por eso a veces cuando puedas ser feliz no te contengas / por eso a veces soy muy bueno y otras malo. El ritmo rapero escogido para esta composición al parecer es ex profeso pues es a través del rap que en estos tiempos se ha retrotraído ese mundo sórdido y de bajas pasiones, pero que ahora tiende siempre a darle un trasfondo social a la historia.
Son estos solo algunos momentos en que los jóvenes trovadores santaclareños enfatizan sus preocupaciones sociales, no es un rosario de demandas ni un gotear quejumbroso, sino el escrutar la vida desde una lógica comprometida, un análisis sosegado y profundo, como ocurre siempre la creación por acá. Su principal compromiso sigue siendo con las esencias espirituales de la nación, con la poesía y la palabra que se complementan en ética, calidad y gozo. ¿Acaso Roly no ha confesado un sino que bien podría ser el de todos? Solo salen, / de mi, canciones, / antes que la mentira.
Como una vena que cruza el centro, la trova se revitaliza y desborda en Santa Clara: Roly tiene peñas mensuales en el Museo de Artes Decorativas y la Galería Provincial, Alain y Yaíma en la sede de la Uneac en la provincia, ella tiene otra en el poblado de San Diego del Valle, Yunior inició una en el patio de el cabaret El bosque que ahora ha seguido Miguel Ángel, Karen mantiene su espacio en la sala alternativa Margarita Casallas de El Mejunje, Marchena en la galería de Manicaragua. También son frecuentes invitados a emblemáticos sitios habanero—Roly abrió otra peña en el patio de la EGREM– y del resto de la país y buena parte de ellos cumple con reiteradas invitaciones en otros países. El contagio se ha extendido hasta otros municipios, llegan noticias de peñas en Caibarién, Placetas y Santo Domingo, Miguel Ángel vuelve a activar La Cañasanta en la Universidad; nombres y canciones desconocidos ahora pero que con seguridad pronto estarán en otros recuentos.
Pero a pesar de estas extensiones La Trovuntivitis sigue incólume cada jueves en el cálido redil que le dio abrigo nutriente, ese sitio que es la consagración, donde la felicidad va contaminándose, de allí salen, pero regresan después de agotar los caminos, porque los que nacimos de su sombra vivimos todo el año para volver siempre, a esta iluminada zona situada casi en el mismo corazón de la Isla.




