Un puñado de huesos demasiado pequeños para ser identificado a simple vista ha revelado una especie de gran mamífero desconocida hasta ahora. El hallazgo procede de la cueva de Denisova, en Siberia, el mismo lugar que dio al mundo las primeras pruebas de la existencia de los denisovanos.
El animal ha sido bautizado provisionalmente como “Yak X”. No se trata simplemente de una variedad antigua del yak moderno: el análisis de ADN nuclear indica que pertenecía a una especie distinta, cuyo linaje comenzó a separarse del de los yaks actuales hace al menos 400.000 años.
Veinte genomas escondidos en fragmentos de hueso
Los investigadores recuperaron y analizaron 20 genomas de Yak X procedentes de restos del Pleistoceno medio y tardío. Catorce de los fragmentos fueron hallados en la cueva de Denisova y otros seis en distintos yacimientos de Asia de latitudes medias.
El ejemplar más antiguo tiene entre aproximadamente 250.000 y 200.000 años. El más reciente ronda los 27.000 años. Ese intervalo extraordinario permitió a los científicos seguir la historia de la población durante más de 200.000 años.
La identificación habría sido prácticamente imposible mediante anatomía tradicional. Los huesos estaban tan fragmentados que su forma no permitía reconocer a qué gran mamífero pertenecían. Fue la paleogenómica —la recuperación y comparación de ADN antiguo— la que reveló una rama evolutiva perdida.
Una especie que convivió con los denisovanos
La cueva de Denisova, situada en los montes Altái del sur de Siberia, es uno de los yacimientos prehistóricos más importantes del planeta. Allí apareció en 2008 el pequeño hueso de un dedo cuyo ADN reveló la existencia de los denisovanos, un linaje humano extinto emparentado con neandertales y Homo sapiens.
Yak X ocupó la misma región durante períodos en los que distintos grupos humanos arcaicos utilizaron la cueva. Los investigadores consideran plausible que el animal formara parte de las presas de aquellos cazadores-recolectores, aunque por ahora no existe una prueba directa que demuestre una cacería concreta.
La estepa de los mamuts tenía otro gigante
El nuevo bovino compartió el paisaje de la Edad de Hielo con bisontes esteparios, uros, mamuts lanudos, rinocerontes lanudos, caballos, hienas de las cavernas y osos pardos. Los científicos creen que probablemente tenía un aspecto más próximo al yak que al bisonte, aunque los restos disponibles no permiten reconstruir con certeza toda su anatomía.
El estudio genómico detectó además un descenso demográfico a lo largo del Pleistoceno y cambios alrededor del último período interglacial, hace aproximadamente 130.000 a 115.000 años. A diferencia de los linajes humanos arcaicos que convivieron en Asia, los investigadores encontraron muy poca evidencia de mezcla genética entre Yak X y otros bovinos como el bisonte estepario o el uro.
Una extinción que había pasado inadvertida
El ejemplar más joven conocido tiene unos 27.000 años. Los investigadores no pueden precisar cuándo desapareció definitivamente la especie, pero los datos indican que su extinción se suma a la pérdida de grandes mamíferos que caracterizó el final del Cuaternario.
El descubrimiento modifica además la imagen de los Altái durante el Pleistoceno. La región no fue únicamente un punto de encuentro de diferentes poblaciones humanas: también albergó una diversidad de grandes bovinos mucho mayor de la que sobrevive en la actualidad.
La lección más llamativa está en el método. Restos que durante décadas podían parecer fragmentos anónimos de fauna contienen ahora suficiente información genética para revelar especies enteras. En Denisova, el ADN vuelve a demostrar que una cueva puede conservar historias evolutivas que los huesos, por sí solos, ya no son capaces de contar.




