La Casa Blanca ha colocado a los robots industriales y a buena parte de la maquinaria avanzada importada en el centro de su política de seguridad económica. El presidente Donald Trump determinó este 28 de octubre que la dependencia de Estados Unidos de equipos fabricados en el extranjero puede amenazar la seguridad nacional, una decisión que abre la puerta a aranceles, cuotas y otras restricciones si las negociaciones con los socios comerciales no producen resultados.
Una decisión bajo la Sección 232
La proclamación presidencial se apoya en la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, el mismo instrumento que permite al Ejecutivo ajustar importaciones cuando considera que afectan la seguridad nacional. Tras una investigación del Departamento de Comercio, Trump aceptó la conclusión de que Estados Unidos depende del exterior para la mayoría de los tipos de robótica, maquinaria industrial y componentes relacionados.
La medida no impone nuevos aranceles de inmediato. En cambio, ordena al secretario de Comercio y al representante comercial de Estados Unidos iniciar o continuar negociaciones con los países que consideren apropiados. Ambos deberán informar al presidente sobre los avances dentro de un plazo de 180 días.
Los aranceles siguen sobre la mesa
El hecho de que Washington haya optado primero por negociar evita, por ahora, un nuevo golpe de costos para fabricantes estadounidenses que utilizan robots, máquinas herramienta y sistemas automatizados producidos fuera del país. Sin embargo, la proclamación deja expresamente abiertas otras opciones: aranceles, derechos adicionales, cuotas, tasas y programas destinados a incentivar nuevas inversiones en producción estadounidense.
Reuters señala que la investigación abarcó una gama muy amplia de equipos, desde sistemas industriales programables y máquinas herramienta hasta prensas, hornos, autoclaves y equipos de corte por láser o agua. El alcance potencial de una futura acción comercial, por tanto, va mucho más allá de los robots humanoides que suelen concentrar la atención pública.
Defensa, fábricas y datos sensibles
La Casa Blanca sostiene que la robótica moderna es indispensable para fabricar aviones, tanques, buques, armas y municiones, además de intervenir directamente en tareas militares de reconocimiento, extracción de heridos y detección de minas. También destaca su presencia en los 16 sectores estadounidenses considerados infraestructura crítica.
El Gobierno añade otro argumento: la ciberseguridad. Muchos sistemas robóticos procesan y almacenan información sensible y, según la proclamación, determinados equipos procedentes de entidades extranjeras pueden introducir vulnerabilidades en fábricas, redes de infraestructura y sistemas vinculados a la defensa.
El problema de fabricar menos de lo que se consume
El diagnóstico oficial reconoce una debilidad estructural. Estados Unidos produce menos robots y equipos industriales de los que consume y no dispone actualmente de capacidad doméstica suficiente para cubrir toda su demanda. La administración considera que esa brecha puede convertirse en una vulnerabilidad durante una crisis geopolítica, una interrupción de suministros o un conflicto.
La Casa Blanca calcula que la manufactura estadounidense generó aproximadamente 7,1 billones de dólares en envíos de bienes durante 2024 y alrededor de 86.000 millones de dólares en producción de equipos. En ese contexto, el control de las tecnologías que permiten automatizar fábricas adquiere una dimensión que trasciende la política comercial.
Una batalla por la industria del futuro
La decisión llega mientras la inteligencia artificial, los robots autónomos y la automatización aceleran la competencia industrial entre Estados Unidos, China, Europa y Japón. Washington ya había restringido en julio la entrada de nuevos modelos de determinados robots chinos y de inversores eléctricos por preocupaciones de seguridad, según Reuters.
Ahora el debate pasa de dispositivos específicos a toda una infraestructura industrial. No hay un arancel nuevo todavía, pero sí una advertencia formal: para Washington, depender del extranjero para las máquinas que fabrican las máquinas ya no es solamente una cuestión de precios. Es una cuestión de poder económico, capacidad militar y seguridad nacional.




