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TRUMP CREA LA “SUPER INTELLIGENCE FORCE”: EE.UU. SE PREPARA PARA LA ERA DE LA SUPERINTELIGENCIA

Estados Unidos acaba de dar un paso que hasta hace muy poco habría parecido propio de una película de ciencia ficción. Donald Trump anunció la creación de la Super Intelligence Force (SIF), una fuerza federal destinada a coordinar la respuesta del gobierno estadounidense ante el avance de sistemas de inteligencia cada vez más poderosos.

El anuncio llega apenas días después del histórico White House Accord on Super Intelligence, firmado en Washington con algunas de las compañías tecnológicas más importantes del planeta. El mensaje que sale ahora de la Casa Blanca es difícil de ignorar: la carrera por la superinteligencia ya no se está tratando únicamente como un asunto de empresas tecnológicas. Ha entrado directamente en la agenda estratégica del Gobierno de Estados Unidos.

 

UNA FUERZA PARA UNA TECNOLOGÍA QUE AVANZA DEMASIADO RÁPIDO

La Super Intelligence Force estará dirigida por Jay Clayton, director de Inteligencia Nacional, quien asumirá además un papel central en la política estadounidense sobre inteligencia artificial.

Su misión será estudiar los riesgos y las oportunidades que plantea esta tecnología, revisar cómo responde actualmente el Gobierno ante incidentes relacionados con sistemas avanzados —incluidos hackeos y otras brechas— y determinar qué capacidades federales deben reforzarse.

La fuerza deberá entregar un informe en aproximadamente 120 días.

No será un pequeño comité técnico escondido dentro de una agencia. En el grupo participan figuras de primer nivel de la administración estadounidense y distintas áreas del Gobierno, desde inteligencia y defensa hasta economía y regulación.

Trump quiere además que exista coordinación con consumidores, organizaciones de interés público, grupos religiosos, operadores de infraestructura crítica y las propias compañías que desarrollan estos sistemas.

 

LA CARRERA POR LLEGAR PRIMERO

Hay una frase de Clayton que resume buena parte de lo que está ocurriendo: el riesgo de no ser el primero es alto. Estados Unidos no está observando el desarrollo de la superinteligencia solamente desde la perspectiva de la seguridad. También existe una batalla económica, tecnológica y geopolítica.

Washington quiere conservar el liderazgo mundial mientras China desarrolla sus propias capacidades. Trump ha defendido hasta ahora una regulación relativamente ligera, argumentando que un exceso de restricciones podría frenar a las empresas estadounidenses precisamente cuando comienza la etapa más importante de esta carrera tecnológica.

Pero al mismo tiempo, el Gobierno reconoce que el poder creciente de estos sistemas obliga a prepararse para escenarios que hace apenas unos años parecían remotos.

 

DE LAS EMPRESAS A LA CASA BLANCA

El cambio se produjo rápidamente. El 29 de septiembre, Trump reunió en la Casa Blanca a ejecutivos de algunas de las mayores compañías de inteligencia artificial y respaldó un acuerdo voluntario para reforzar las medidas de seguridad alrededor de los modelos más avanzados.

Entre las medidas planteadas aparecen auditorías externas, supervisión independiente y sistemas internos destinados a detectar comportamientos peligrosos durante el entrenamiento y funcionamiento de los modelos.

Especial atención reciben riesgos relacionados con ciberseguridad, bioseguridad y amenazas químicas, además de la posibilidad de que un sistema obtenga acceso no previsto a infraestructuras o herramientas tecnológicas.

Ahora llega la Super Intelligence Force. La secuencia es importante: primero las grandes compañías tecnológicas aceptan compromisos de seguridad; pocos días después, Washington crea una estructura federal dedicada específicamente a coordinar la respuesta ante esta nueva generación de inteligencia.

 

YA NO HABLAMOS SOLAMENTE DEL FUTURO

Durante años, la superinteligencia fue presentada como una posibilidad distante: una máquina capaz de superar ampliamente las capacidades intelectuales humanas y mejorar a una velocidad difícil de controlar.

Hoy todavía no existe evidencia pública de que semejante sistema haya sido alcanzado. Pero algo ha cambiado.

Cuando la mayor potencia tecnológica del planeta crea una fuerza gubernamental llamada Super Intelligence Force, coloca al director de Inteligencia Nacional al frente y ordena estudiar riesgos, incidentes y capacidades de respuesta, el asunto deja de pertenecer exclusivamente a laboratorios, universidades y novelas futuristas. Estados Unidos se está preparando.

No porque la superinteligencia haya llegado necesariamente, sino porque Washington considera suficientemente importante la posibilidad de que llegue como para comenzar a organizarse antes de que ocurra.

Hace apenas unos días hablábamos en CAÑASANTA de una posible “explosión de inteligencia”: el momento hipotético en que sistemas suficientemente avanzados comiencen a acelerar el propio desarrollo tecnológico a una velocidad que resulte difícil de anticipar. Hoy esa discusión acaba de entrar oficialmente en los pasillos del poder. La Super Intelligence Force ya existe.

Y los próximos 120 días podrían darnos una idea mucho más clara de cuánto preocupa realmente a Washington lo que viene.

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Fuentes / Referencias

Reuters, The Wall Street Journal, White House Accord on Super Intelligence. Reuters confirma que Clayton encabezará el grupo, que evaluará riesgos y oportunidades y que deberá informar en 120 días. Reuters El acuerdo previo reunió a grandes compañías tecnológicas alrededor de controles y salvaguardas voluntarias.

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