NUEVA YORK.— La Asamblea General de Naciones Unidas vivió este martes una escena que expuso, en pleno corazón de la diplomacia internacional, el choque frontal entre Washington y el régimen comunista cubano. El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, denunció desde la tribuna la corrupción, la represión y los privilegios de la élite gobernante de la isla. La respuesta de la delegación cubana no fue el silencio: hubo gritos, golpes sobre la mesa e interrupciones.
El enfrentamiento ocurrió durante el debate anual sobre la resolución que exige el fin del embargo estadounidense a Cuba. Mientras Waltz cuestionaba el relato de La Habana y describía el contraste entre las privaciones que sufren millones de cubanos y los privilegios atribuidos a la cúpula gobernante, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla y miembros de su delegación comenzaron a protestar desde sus asientos.
Una frase que atravesó la Asamblea
Waltz no retrocedió. Frente a las interrupciones, recordó a la delegación cubana que se encontraba ante Naciones Unidas y no dentro del sistema político que gobierna la isla. En uno de los momentos más tensos afirmó que aquello no era una «dictadura comunista» y que no podrían silenciarlo.
La escena escaló cuando Rodríguez abandonó su asiento y avanzó hacia la zona de la tribuna mientras reclamaba un punto de orden y acusaba al representante estadounidense de mentir. Waltz exigió que se apartara y sostuvo que no permitiría que lo intimidaran como, según denunció, ocurre con los presos políticos en Cuba.
La tensión obligó al presidente de la Asamblea General a suspender temporalmente la sesión. Rodríguez recibió posteriormente la oportunidad de formular su objeción procesal y acusó a Waltz de «mentir descaradamente» y de ofender al Gobierno y al pueblo cubanos.
El régimen reaccionó cuando Waltz habló de sus privilegios
El contenido del discurso fue tan importante como el altercado. Waltz dirigió sus ataques contra la estructura de poder cubana y sostuvo que durante décadas el sistema ha confiscado propiedades y recursos mientras una élite vinculada al poder disfruta de privilegios inaccesibles para la inmensa mayoría de la población.
El embajador mostró fotografías con las que buscó ilustrar esos privilegios, entre ellas imágenes de Fidel Castro con relojes de lujo. También apuntó contra la actual dirigencia y cuestionó la narrativa según la cual todos los males económicos de Cuba pueden atribuirse exclusivamente a Washington.
La Habana sostiene exactamente lo contrario: responsabiliza al embargo y a la política estadounidense de máxima presión por buena parte de la crisis económica, energética y social que golpea a la isla. Ese argumento continúa encontrando un respaldo amplio dentro de Naciones Unidas, donde durante décadas la resolución contra el embargo ha obtenido mayorías abrumadoras.
El autoritarismo exhibido fuera de casa
Pero lo ocurrido este martes trasciende la vieja disputa sobre las sanciones. Una delegación diplomática tiene derecho a rechazar, refutar y denunciar las afirmaciones de otro Estado. Lo que resulta revelador es que, ante acusaciones particularmente incómodas sobre represión y privilegios, representantes de un Gobierno que restringe severamente la oposición política y la libertad de expresión en Cuba respondieran con una escena de gritos e intimidación en una institución creada precisamente para el debate entre adversarios.
Durante más de seis décadas, el Partido Comunista de Cuba ha conservado el monopolio efectivo del poder político. La oposición organizada carece de las libertades que existen en una democracia pluralista y organizaciones internacionales han documentado detenciones y encarcelamientos relacionados con la disidencia y las protestas antigubernamentales.
Por eso la frase de Waltz tuvo una fuerza que va mucho más allá del intercambio diplomático. En Nueva York, Bruno Rodríguez podía protestar, acusar al representante estadounidense de mentir y exigir la palabra. Un ciudadano cubano que desafíe públicamente al poder dentro de la isla no dispone necesariamente del mismo margen frente al Estado.
VIDEO: el enfrentamiento en la ONU
VIDEO: el enfrentamiento en la ONU
En las imágenes se observa el momento en que la delegación cubana protesta, Bruno Rodríguez se acerca hacia la tribuna y Mike Waltz responde mientras la presidencia intenta restablecer el orden. La confrontación terminó con la suspensión temporal de la sesión.
El episodio deja una imagen difícil de ignorar: cuando el representante estadounidense llevó al escenario internacional una acusación frontal contra el poder cubano, la cúpula diplomática de La Habana reaccionó airadamente ante las cámaras del mundo. Esta vez no estaba en una plaza controlada por el Partido Comunista ni ante una prensa subordinada al Estado. Estaba en Naciones Unidas, donde el adversario también tenía micrófono y no podía ser silenciado.




