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EL VOTO QUE PUEDE CAMBIAR WASHINGTON

Donald Trump llegó a su segundo mandato con algo que durante años pareció improbable: millones de votantes hispanos que tradicionalmente se inclinaban hacia los demócratas decidieron darle una oportunidad al Partido Republicano. No fue necesariamente una conversión ideológica. Para muchos fue una decisión económica: inflación, vivienda, gasolina, empleo y la sensación de que el dinero alcanzaba cada vez menos.

Dos años después, Estados Unidos se acerca a unas elecciones de medio término muy diferentes. La guerra con Irán ha vuelto a colocar el petróleo en el centro de la economía, la inflación continúa por encima del objetivo de la Reserva Federal y algunas encuestas muestran que una parte importante del avance republicano entre los hispanos se está evaporando.

Y cuando el bolsillo cambia, también puede cambiar el voto.

Las elecciones de noviembre no decidirán quién ocupa la Casa Blanca. Decidirán algo que puede ser casi igual de importante para los últimos dos años del mandato de Donald Trump: quién controla el Congreso.

Las fotografías nacionales del momento muestran una ventaja demócrata, aunque ninguna encuesta nacional puede traducirse automáticamente en escaños. Reuters/Ipsos encontró recientemente un 44% para los demócratas y 37% para los republicanos en la intención genérica de voto al Congreso. Marquette encontró una diferencia todavía mayor entre votantes probables: 54% frente a 41%. Son encuestas distintas, con metodologías diferentes, pero apuntan en la misma dirección: el Partido Republicano llega a esta etapa de la campaña bajo presión. Reuters

Parte del problema está muy lejos de Washington.

 

Está en Irán

La guerra ha convertido nuevamente al Golfo Pérsico en una pieza decisiva de la economía mundial. La Agencia Internacional de Energía advirtió el 18 de septiembre que las nuevas interrupciones de las exportaciones de Oriente Medio estaban empujando otra vez al alza los precios del petróleo. La Administración de Información Energética de Estados Unidos calculó que el Brent promedió 91 dólares por barril en agosto, siete dólares más que en julio, en medio de restricciones a las exportaciones de la región. IEA

Ese petróleo no permanece en un gráfico de Wall Street.

Termina en la gasolinera, en los camiones que transportan alimentos, en los aviones, en las fábricas y finalmente en el precio de innumerables productos. El último informe oficial de inflación ofrece una señal difícil de ignorar: el índice de precios al consumidor aumentó 3,4% interanual en agosto y la gasolina subió 3,9% solamente durante ese mes, representando más de un tercio del incremento mensual general. Bureau of Labor Statistics

La Reserva Federal está reaccionando. El 16 de septiembre elevó nuevamente su tasa de referencia, hasta un rango de 3,75%–4%, señalando que la inflación continúa elevada. Eso significa que la batalla contra los precios puede trasladarse también al crédito, las hipotecas y el costo de financiar una empresa o un automóvil. Federal Reserve

Y aquí aparece el votante hispano.

Trump obtuvo el 43% del voto latino en 2024, ocho puntos más que cuatro años antes. Fue uno de los grandes cambios políticos de aquella elección. Pero sería un error concluir que esos votantes se habían convertido permanentemente en republicanos. AP News

Una encuesta realizada entre 1.500 votantes latinos registrados en 17 distritos competitivos encontró ahora 58% de intención de voto demócrata frente a 35% republicana. Más significativo todavía: 11% de los latinos de esa muestra que dijeron haber votado por Trump en 2024 afirmaban ahora que votarían por un candidato demócrata al Congreso. Y aunque la política migratoria pesa, la economía continúa apareciendo como la principal preocupación. Axios

Texas ofrece otra advertencia. Una encuesta conjunta de Cook Political Report y TelevisaUnivision encontró que 18% de los hispanos texanos que votaron por Trump en 2024 desaprueban ahora su gestión. Nuevamente, el principal problema señalado no fue la inmigración. Fue la economía. Cook Political Report

Eso no significa que los hispanos estén regresando en bloque al Partido Demócrata. Tampoco significa que las encuestas de septiembre determinen lo que ocurrirá en noviembre. El voto latino no constituye una unidad política: un cubano de Miami, un mexicano de Texas, un puertorriqueño de Pennsylvania y un venezolano recién naturalizado pueden compartir un idioma y tener experiencias políticas completamente diferentes.

 

Y Cuba añade una paradoja extraordinaria a este momento.

Mientras Estados Unidos debate inflación, petróleo y elecciones, la isla atraviesa una crisis económica extrema. El peso llegó recientemente a alrededor de 700 por dólar en el mercado informal, aproximadamente una décima parte de su valor de 2021. Los precios oficiales aumentaron más de 25% entre enero y agosto respecto al mismo periodo de 2025 y la escasez de efectivo ha provocado largas filas ante los bancos. Reuters

Pero está ocurriendo algo que habría parecido impensable durante buena parte de la historia revolucionaria: el gobierno cubano ha autorizado la primera casa privada de cambio de moneda y continúa abriendo espacios a mecanismos de mercado. Díaz-Canel insiste en que Cuba no está abandonando el socialismo. Los hechos, sin embargo, muestran un Estado obligado por su propia crisis a experimentar con instrumentos que durante décadas restringió. Reuters

Ahí confluyen historias aparentemente separadas.

Irán afecta el petróleo. El petróleo presiona los precios. Los precios condicionan las decisiones de la Reserva Federal. El costo de vida afecta la percepción del gobierno. Y esa percepción puede modificar el comportamiento de millones de electores, incluidos algunos de los hispanos que hicieron posible el extraordinario avance republicano de 2024.

Las elecciones de noviembre todavía no están escritas. Pero hay algo que los dos partidos deberían haber aprendido ya: el voto hispano no pertenece a nadie.

Y quizá esa sea una de las grandes historias políticas de 2026.

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Fuentes / Referencias
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