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Xavier Pardell Peña :: Tus inquilinos invisibles :: Salud

Manos examinando placas de Petri con cultivos bacterianos reales en un laboratorio

Las bacterias beneficiosas, aliadas que llevas dentro y encima

 

Mientras lees esto, miles de millones de bacterias ocupan tu piel. Las primeras te llegaron, en buena medida, de tu madre durante el parto. Pasamos media vida desinfectando superficies para librarnos de ellas. Algunas enferman, sí. Pero la mayoría es inofensiva, y muchas trabajan a tu favor mientras duermes, comes o respiras.

La piel es un ecosistema, y la mayoría de sus microbios son inofensivos o útiles. Ayudan a educar al sistema inmunitario y se quedan con el espacio y los recursos que aprovecharía un patógeno 1. Cobran poco: sudor y células muertas.

En el intestino la escala cambia: casi todas las bacterias del cuerpo viven en el colon. Durante años se repitió que nos superaban en proporción de diez a una. Un recuento de 2016 lo rebajó: unos 38 billones de bacterias frente a unos 30 billones de células humanas, casi una por cada una nuestra 2. Esas cifras valen para un varón adulto de referencia, de 20 a 30 años y 70 kilos. En otras personas cambian: la proporción entre bacterias y células humanas llega a variar hasta el doble según el grupo de población 2. La masa total de bacterias ronda los 200 gramos en ese adulto de referencia, de modo que tampoco pesan lo que un cerebro, como suele decirse.

Esos 200 gramos hacen un trabajo que tú no sabes hacer. Algunas bacterias del colon tienen la capacidad de fabricar vitaminas que tu organismo no produce, entre ellas varias del grupo B y la K2 3, 4. Cuánto de eso llega a aprovecharse es otra cuestión: las menaquinonas bacterianas abundan en el colon, pero se sabe poco de cómo se absorben, y se cree que cubren, como mucho, una parte de lo que necesitas 4. Con una dieta normal, la carencia de vitamina K en adultos sanos es muy rara 4.

Esas mismas bacterias fermentan la fibra que se nos escapa en la digestión y la convierten en ácidos grasos de cadena corta, que alimentan a las células del colon e influyen en la inflamación de todo el cuerpo. Entrenan, también, a tus defensas: sin ese roce temprano, el sistema inmunitario distingue mal lo peligroso de lo inocuo 1.

El primer encuentro llega con el parto. En un estudio pequeño, con diez parejas de madre y bebé (cuatro partos vaginales y seis cesáreas), los recién nacidos por vía vaginal tenían comunidades bacterianas parecidas a la vagina materna, y los nacidos por cesárea se parecían a la piel 5. Los metaanálisis posteriores asocian la cesárea con alrededor de un 21 % más de probabilidades de asma hasta los 12 años 6 y de un 22 % más de obesidad en la edad adulta 7. La cesárea salva vidas, y esa asociación es modesta, procede de estudios observacionales y está lejos de explicarse del todo.

Hay un tratamiento que suena a broma y funciona. El trasplante de microbiota fecal pasa bacterias de un donante sano a un paciente con infección recurrente por Clostridioides difficile cuando los antibióticos ya han fallado. En el ensayo clásico de 2013, pequeño y detenido antes de tiempo por la ventaja del tratamiento, se curó el 81 % con la primera infusión y el 94 % tras una segunda, frente al 31 % con vancomicina sola 8. Los metaanálisis recientes son más prudentes: en torno al 78 % con una sola dosis, y algo menos en los ensayos aleatorizados 9. Es plantar un ecosistema entero para echar al intruso.

David Strachan propuso en 1989 la hipótesis de la higiene, tras observar que los niños de familias numerosas padecían menos fiebre del heno 10. Hoy se prefiere una explicación más fina: quizá lo que nos falta es diversidad microbiana, y para tenerla no hace falta vivir entre gérmenes. Un hospital necesita limpieza y desinfección según cada espacio, y esterilización solo donde el material entra en tejidos estériles o en la sangre, como el instrumental quirúrgico 11. Una casa sana tolera la tierra en las manos de un niño y un perro en el sofá.

El cerebro también escucha a la tripa. En ratones, una cepa de Lactobacillus modificó la conducta ante el estrés, y el efecto desapareció al seccionar el nervio vago 12. Además, ciertas bacterias intestinales regulan la producción de serotonina en el colon 13. Aquí conviene ir despacio: esa serotonina no es la que usa el cerebro para el ánimo, y en personas el vínculo sigue en fase de investigación.

Los probióticos no son magia. Muchas cepas sí sobreviven al paso por el estómago, pero en las personas colonizan de forma desigual y pasajera. Tras una tanda de antibióticos, a veces ayudan. Lo que mejor cuida la microbiota sigue siendo lo de siempre: comer variado y con fibra, y recurrir a los antibióticos solo cuando hacen falta.

Yo lo noté en mi propia digestión. Tras dos semanas de un antibiótico potente, la infección desapareció y durante meses mi digestión no volvió a ser la misma. Fui reintroduciendo fermentados, fibra y variedad hasta que todo se asentó. No puedo probar que fuera cosa de las bacterias, pero desde entonces trato a esos inquilinos con más respeto.

La próxima vez que comas yogur o veas a un niño embarrado hasta las rodillas, acuérdate de ellos. Nuestra especie convive con los microbios desde que existe, y tú empezaste a convivir con los tuyos el día que naciste.

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Fuentes / Referencias

1. Belkaid, Y. y Hand, T. W. (2014). Role of the microbiota in immunity and inflammation. Cell, 157(1), 121-141. DOI: 10.1016/j.cell.2014.03.011.

2. Sender, R., Fuchs, S. y Milo, R. (2016). Revised estimates for the number of human and bacteria cells in the body. PLoS Biology, 14(8), e1002533. DOI: 10.1371/journal.pbio.1002533.

3. LeBlanc, J. G. et al. (2013). Bacteria as vitamin suppliers to their host: a gut microbiota perspective. Current Opinion in Biotechnology, 24(2), 160-168. DOI: 10.1016/j.copbio.2012.08.005.

4. NIH Office of Dietary Supplements. Vitamin K: Fact Sheet for Health Professionals.

5. Dominguez-Bello, M. G. et al. (2010). Delivery mode shapes the acquisition and structure of the initial microbiota across multiple body habitats in newborns. PNAS, 107(26), 11971-11975. DOI: 10.1073/pnas.1002601107.

6. Keag, O. E., Norman, J. E. y Stock, S. J. (2018). PLoS Medicine, 15(1), e1002494.

7. Darmasseelane, K. et al. (2014). PLoS ONE, 9(2), e87896.

8. van Nood, E. et al. (2013). Duodenal infusion of donor feces for recurrent Clostridium difficile. NEJM, 368(5), 407-415. DOI: 10.1056/NEJMoa1205037.

9. Tariq, R., Pardi, D. S. y Khanna, S. (2023). Therapeutic Advances in Gastroenterology, 16.

10. Strachan, D. P. (1989). Hay fever, hygiene, and household size. BMJ, 299(6710), 1259-1260.

11. CDC (2023). Recommendations for disinfection and sterilization in healthcare facilities.

12. Bravo, J. A. et al. (2011). PNAS, 108(38), 16050-16055.

13. Yano, J. M. et al. (2015). Indigenous bacteria from the gut microbiota regulate host serotonin biosynthesis. Cell, 161(2), 264-276.

Imagen de portada: Trust ‘Tru’ Katsande / Unsplash.

Xavier Pardell Peña

Xavier Pardell Peña es escritor y divulgador. Ha desarrollado parte de su trayectoria profesional en el sector sanitario, con experiencia en formación profesional y en la creación de contenidos educativos que combinan teoría y práctica para la capacitación de especialistas en tecnología médica. Su obra literaria, publicada en medios digitales y antologías, explora la memoria personal, la historia colectiva, las voces marginadas y los espacios olvidados de la ciudad. Es miembro de asociaciones profesionales vinculadas a la escritura y a la autoría científico-técnica en España.

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