Un nuevo análisis de restos neandertales recuperados en la cueva de Shanidar, en el Kurdistán iraquí, ha revelado una lesión extraordinaria: un orificio en el omóplato compatible con el impacto de una lanza de madera. El individuo, conocido como Shanidar A, vivió hace unos 75.000 años y también arrastraba las secuelas de un grave traumatismo facial que había sobrevivido.
Una herida alrededor del momento de la muerte
El estudio, publicado el 15 de octubre de 2026 en Scientific Reports, describe los restos de Shanidar A, un adulto de edad avanzada dentro de los parámetros neandertales. Los investigadores identificaron en la escápula izquierda una perforación de bordes lisos de aproximadamente 15 milímetros, acompañada por fracturas radiales y fragmentos óseos desplazados. La morfología indica que la lesión ocurrió alrededor del momento de la muerte y es compatible con un objeto penetrante que entró desde la parte frontal del cuerpo.
Los autores consideran que una lanza de madera es una explicación plausible. Una penetración de ese tipo habría atravesado el tórax, con posibilidad de alcanzar pulmones y grandes vasos sanguíneos, provocando una muerte rápida. El trabajo, sin embargo, no permite saber si se trató de violencia entre individuos o de un accidente durante una actividad como la caza.
Sobrevivió antes a un trauma severo
Los dientes de Shanidar A cuentan otra parte de la historia. Presentan daños importantes, entre ellos un incisivo partido verticalmente que muestra señales posteriores de desgaste. Eso significa que el individuo sobrevivió a una lesión facial considerable y continuó viviendo durante un tiempo suficiente para que quedaran huellas de recuperación y uso.
Para los investigadores, esa supervivencia vuelve a colocar sobre la mesa el debate acerca del cuidado entre neandertales. Una lesión que afectara la dentición anterior pudo dificultar la alimentación, la comunicación y provocar dolor persistente. Aunque el registro arqueológico no puede reconstruir quién lo ayudó ni de qué manera, la supervivencia después de un traumatismo tan serio es compatible con algún grado de asistencia dentro del grupo.
Shanidar vuelve a cambiar nuestra imagen de los neandertales
La cueva de Shanidar es uno de los yacimientos fundamentales para estudiar el comportamiento neandertal. Los restos de varios individuos se concentran en un espacio muy reducido y fueron depositados en distintos momentos. Las nuevas excavaciones elevan a por lo menos cinco el número mínimo de individuos asociados a este conjunto funerario.
Los investigadores sostienen que la repetición de depósitos humanos en el mismo lugar es difícil de explicar como un accidente natural. La evidencia refuerza la interpretación de un comportamiento mortuorio intencional y posiblemente significativo, aunque el grado de simbolismo continúa siendo objeto de discusión científica.
Una tecnología casi invisible en el registro arqueológico
La posible lanza añade otra pieza importante. La madera rara vez sobrevive decenas de miles de años, por lo que demostrar el empleo de armas u objetos orgánicos en el Paleolítico Medio resulta especialmente difícil. La perforación de Shanidar A ofrece evidencia indirecta de que estas herramientas pudieron formar parte de la vida cotidiana neandertal hace unos 75.000 años.
El hallazgo reúne en un mismo individuo tres dimensiones extraordinarias: una lesión grave de la que sobrevivió, una herida posiblemente mortal producida por un arma de madera y la colocación de su cuerpo en un espacio reutilizado por otros neandertales. Cuidado, tecnología, muerte y tratamiento de los muertos aparecen así entrelazados en una historia conservada durante decenas de milenios bajo los sedimentos de Shanidar.



