Astrónomos han confirmado un mundo de menos de un millón de años que todavía crece dentro del disco de gas y polvo de su estrella. Elias 2-24 b es, hasta ahora, el planeta más joven conocido y obliga a revisar cuánto tiempo necesita realmente un gigante gaseoso para formarse.
El hallazgo sitúa a los astrónomos frente a una etapa de la formación planetaria que casi nunca puede observarse directamente. Elias 2-24 b orbita una estrella joven situada a unos 450 años luz de la Tierra y permanece incrustado en el material del que nació.
Un planeta todavía en construcción
El equipo encabezado por Andrea Bernardi analizó observaciones archivadas de siete estrellas jóvenes obtenidas con el coronógrafo del Observatorio W. M. Keck, en Hawái. Este instrumento bloquea gran parte de la luz de la estrella y permite buscar objetos mucho más débiles escondidos en los discos circundantes.
En el sistema Elias 2-24 ya se conocía una brecha llamativa dentro del disco protoplanetario. Observaciones anteriores de ALMA y del Very Large Telescope habían sugerido que allí podía existir un planeta. Los datos de Keck de 2018 y 2020 permitieron seguir el movimiento del objeto y comprobar que se comportaba como un planeta en órbita, y no como un artefacto de imagen o una estrella de fondo.
La investigación fue publicada el 16 de septiembre de 2026 en The Astrophysical Journal Letters. NASA difundió ese mismo día los resultados y confirmó que el sistema tiene menos de un millón de años.
Demasiado joven para los modelos actuales
La edad es precisamente lo que convierte a Elias 2-24 b en un objeto excepcional. Los anteriores poseedores del récord —planetas de los sistemas PDS 70 y WISPIT 2— superan los cinco millones de años. Este nuevo mundo reduce drásticamente esa escala temporal.
Los modelos convencionales calculan que un planeta del tamaño de Júpiter necesita alrededor de cinco millones de años para formarse a una distancia comparable a la órbita de Júpiter. Elias 2-24 b no solo parece haberlo hecho mucho antes: se encuentra aproximadamente 55 veces más lejos de su estrella que la Tierra del Sol.
Eso plantea un problema físico importante. Cuanto mayor es la distancia a la estrella, más lentamente debería acumularse el material necesario para construir un gigante gaseoso mediante los mecanismos clásicos de formación. La existencia de un planeta tan joven y tan alejado indica que algunos procesos pueden operar con una eficiencia que los modelos actuales todavía no reproducen bien.
Una ventana al nacimiento de los mundos
La mayoría de los más de 6.000 exoplanetas confirmados son mundos maduros. Los planetas recién nacidos resultan extremadamente difíciles de detectar porque permanecen ocultos entre polvo y gas, precisamente en la región donde se están formando.
Elias 2-24 b ofrece una oportunidad poco común: estudiar un planeta mientras todavía interactúa con el disco que lo alimenta. Su posición dentro de una brecha del disco respalda además la idea de que los planetas jóvenes pueden ir esculpiendo el material a medida que crecen.
La confirmación también demuestra el valor de combinar observaciones realizadas durante años por distintos observatorios. La próxima generación de instrumentos coronográficos permitirá buscar objetos aún más difíciles de separar del resplandor de sus estrellas.




