Nunca se había preparado una apuesta tecnológica de estas dimensiones.
Estados Unidos está levantando centros de datos gigantescos, comprando millones de chips, asegurando terrenos, construyendo nuevas líneas eléctricas y buscando cantidades de energía que hace pocos años habrían parecido absurdas para una industria digital. El responsable tiene dos letras: AI.
Las cifras comienzan a resultar difíciles de asimilar. Una investigación presentada en la Brookings Institution estima que la construcción de centros de datos y toda la infraestructura relacionada con inteligencia artificial podría movilizar más de 10 billones de dólares entre 2025 y 2032. No son millones. Ni miles de millones. Son billones de dólares.
MÁS QUE LOS FERROCARRILES Y MÁS QUE INTERNET
La comparación histórica es extraordinaria. Estados Unidos ya vivió enormes ciclos de inversión cuando construyó sus canales, extendió los ferrocarriles por el continente, electrificó sus ciudades, levantó la red de autopistas interestatales y desplegó las telecomunicaciones y la fibra que hicieron posible Internet. Pero las estimaciones actuales colocan la infraestructura de inteligencia artificial en otra dimensión.
El despliegue de telecomunicaciones y fibra de la era de Internet representó aproximadamente un 0,66% del PIB estadounidense anual durante su gran expansión entre 1996 y 2003. La electrificación alcanzó alrededor del 1,13%. Los ferrocarriles, aproximadamente 2,24% durante su gran período de expansión. La infraestructura vinculada a la IA podría alcanzar un promedio cercano al 3,6% del PIB estadounidense cada año entre 2025 y 2032, si las proyecciones terminan materializándose.
Estamos ante una apuesta económica de una magnitud que Estados Unidos prácticamente no ha visto antes.
CUATRO EMPRESAS, $630.000 MILLONES
Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta están en el centro de esta carrera. Morgan Stanley estimó que solamente esas cuatro compañías podrían gastar alrededor de 630.000 millones de dólares durante 2026 en centros de datos y chips destinados en gran medida a soportar la expansión de la inteligencia artificial. Es más de cuatro veces el nivel de apenas tres años atrás. Y la carrera continúa acelerándose.
Las estimaciones más recientes sitúan el gasto conjunto de los grandes gigantes tecnológicos por encima de los 700.000 millones de dólares este año, mientras Goldman Sachs calcula que los principales hyperscalers podrían alcanzar alrededor de 1,2 billones de dólares en 2027.
Un billón de dólares en un solo año para construir la infraestructura que necesita una tecnología que apenas está comenzando.
YA NO BASTAN LOS CENTROS DE DATOS
El problema es que una revolución de estas dimensiones necesita mucho más que computadoras. Necesita electricidad. Mucha.
Los nuevos complejos requieren plantas eléctricas, subestaciones, sistemas de refrigeración, fibra óptica, enormes extensiones de terreno y decenas de miles de procesadores especializados funcionando permanentemente.
Microsoft planea más que triplicar la capacidad de su red mundial de centros de datos durante los próximos años. Meta desarrolla proyectos gigantescos. Amazon continúa aumentando sus inversiones. Google reconoce que necesita todavía más capacidad informática.
La carrera por la inteligencia artificial está comenzando a convertirse también en una carrera por energía, chips, terrenos y capacidad industrial.
Y ahí aparece un problema que el dinero no puede solucionar inmediatamente: algunas de estas infraestructuras simplemente no pueden construirse a la velocidad con que las compañías quieren comprarlas.
EL DINERO EMPIEZA A SALIR DE OTROS LUGARES
Durante los primeros años de esta carrera, las grandes tecnológicas tenían una ventaja extraordinaria: montañas de efectivo. Podían financiar buena parte de la expansión con sus propios recursos. Eso está cambiando.
La dimensión alcanzada por los proyectos está llevando a algunas compañías y estructuras asociadas a recurrir cada vez más al mercado de deuda y a mecanismos financieros mucho más complejos. Y cuando una revolución tecnológica comienza a financiarse masivamente con deuda, la pregunta deja de ser únicamente tecnológica. Se convierte también en financiera.
Oxford Economics calcula que la inversión acumulada relacionada con IA podría alcanzar aproximadamente 3,8 billones de dólares entre 2024 y 2028. Mientras tanto, Goldman Sachs estima que los hyperscalers necesitarían generar alrededor de 300.000 millones de dólares anuales en ingresos relacionados con IA durante los próximos años simplemente para justificar económicamente buena parte de semejante despliegue.
¿REVOLUCIÓN O BURBUJA?
Aquí comienza la parte realmente interesante. Es perfectamente posible que estemos contemplando la infraestructura de una nueva economía.
Los ferrocarriles parecieron inversiones desmesuradas hasta que transformaron continentes. La electricidad necesitó centrales, cables y redes antes de convertirse en algo imprescindible. Internet necesitó fibra, servidores y miles de millones en infraestructura antes de cambiar nuestras vidas. La IA podría estar atravesando exactamente esa etapa. Pero existe otra posibilidad.
Que las empresas estén construyendo demasiado, demasiado rápido y demasiado caro esperando ingresos que todavía no existen en la escala necesaria.
Eso no significaría necesariamente que la inteligencia artificial haya fracasado. Internet sobrevivió perfectamente al estallido de la burbuja puntocom. La tecnología continuó transformando el planeta aunque muchas empresas y enormes cantidades de capital desaparecieran durante el camino.
Una revolución tecnológica puede ser real y, al mismo tiempo, producir una burbuja financiera. Las dos cosas pueden ocurrir juntas.
LA APUESTA MÁS GRANDE
Hay algo, sin embargo, que ya resulta difícil discutir. La inteligencia artificial dejó de ser solamente software.
Está modificando la construcción, los mercados energéticos, la industria de semiconductores, las redes eléctricas, los mercados de deuda y las decisiones de inversión de algunas de las compañías más poderosas del planeta. Miles de millones se convierten rápidamente en cientos de miles de millones. Y las proyecciones ya hablan de billones.
Los ferrocarriles necesitaron acero. Internet necesitó fibra.
La inteligencia artificial está reclamando chips, energía, centros de datos y cantidades de capital que comienzan a eclipsar las grandes revoluciones tecnológicas anteriores. La mayor fiebre tecnológica de nuestra época ya comenzó. Ahora falta descubrir si todo ese dinero está construyendo la infraestructura del próximo siglo… o la burbuja más cara de la historia.



