Un diente molar y un fragmento de incisivo encontrados en el sur de Tailandia han permitido identificar una especie de roedor desconocida para la ciencia. Su nombre es Yakamys sirindhornae y, según las estimaciones de sus descubridores, pudo alcanzar aproximadamente 30 kilogramos. El animal vivió hace entre 33,7 y 35,1 millones de años, mucho antes de que aparecieran algunos de los roedores gigantes más conocidos del registro fósil.
El hallazgo fue descrito el 4 de noviembre de 2026 en la revista científica Scientific Reports por un equipo internacional encabezado por Yaowalak Chaimanee. Los investigadores subrayan que no han recuperado un esqueleto completo: las conclusiones sobre tamaño y parentesco proceden de la anatomía dental y de modelos comparativos, por lo que deben entenderse como estimaciones, no como medidas directas.
DOS DIENTES Y UNA ESPECIE DESCONOCIDA
Los restos proceden de la cuenca de Krabi, en el sur de Tailandia, concretamente de depósitos asociados a una antigua explotación de lignito. El material consiste en un segundo molar inferior derecho y un incisivo inferior izquierdo hallados cerca uno del otro, en el mismo horizonte fosilífero. Los autores los atribuyen provisionalmente al mismo animal por su tamaño excepcional y su contexto geológico compartido.
El molar mide aproximadamente 11,56 milímetros de largo por 11,27 de ancho. Esas dimensiones, combinadas con la forma de las cúspides y los relieves del diente, lo distinguen de otros roedores primitivos conocidos en Asia. El incisivo, por su parte, conserva una organización microscópica del esmalte compatible con la familia extinta Ischyromyidae, uno de los grandes linajes tempranos de roedores.
La especie recibió el nombre sirindhornae en homenaje a la princesa tailandesa Maha Chakri Sirindhorn, reconocida por su apoyo a la investigación científica y paleontológica. El nombre del género combina una palabra tailandesa relacionada con lo gigantesco y una raíz griega asociada a ratones o ratas.
UN GIGANTE CON MARGEN DE INCERTIDUMBRE
Los científicos aplicaron siete ecuaciones que relacionan el tamaño de los dientes con la masa corporal en roedores. Los resultados oscilaron entre 21,4 y 47,3 kilogramos; la media fue de 31,6 y la mediana de 28,6. De ahí procede la cifra redondeada de unos 30 kilogramos, útil para imaginar su escala, pero insuficiente para reconstruir con precisión su aspecto.
La incertidumbre es importante. Un molar grande no permite saber por sí solo la longitud del cuerpo, la forma de las patas, el pelaje ni el comportamiento. Tampoco demuestra que viviera dentro del agua. Aunque los sedimentos indican un paisaje con ambientes lacustres, sus hábitos siguen siendo desconocidos.

Como comparación de tamaño puede pensarse en los carpinchos actuales, pero no existe evidencia suficiente para afirmar que Yakamys tuviera su misma silueta o estilo de vida. La investigación ofrece una estimación de masa, no un retrato anatómico.
EL GIGANTISMO COMENZÓ MUY TEMPRANO
Los roedores constituyen hoy el orden de mamíferos con mayor número de especies vivientes. La mayoría son animales pequeños, aunque distintas ramas evolucionaron independientemente hacia cuerpos enormes. Los ejemplos fósiles más espectaculares suelen proceder de Sudamérica y pertenecen a épocas geológicas posteriores.
La importancia de Yakamys está en su antigüedad y en su posición dentro de un linaje temprano. Demuestra que una expansión corporal notable ya se había producido en algunos roedores durante el Eoceno tardío, decenas de millones de años antes de varios gigantes sudamericanos bien documentados. No significa que fuera el roedor más grande de todos los tiempos.
La estructura de sus dientes también revela que el aumento de tamaño no siguió necesariamente un único diseño evolutivo. Otros miembros grandes de su familia presentaban rasgos dentales diferentes. Es posible que distintas presiones ecológicas favorecieran cuerpos mayores, aunque los fósiles disponibles todavía no permiten establecer sus causas.
TAILANDIA AMPLÍA EL MAPA DE LA EVOLUCIÓN
Hasta ahora, buena parte del conocimiento sobre los isquiromíidos tempranos procedía de Norteamérica y Europa. En Asia se conocían principalmente formas más pequeñas, sobre todo de China e India. El fósil de Krabi amplía la diversidad geográfica y anatómica documentada de estos animales.
Los investigadores mencionan además un gran incisivo todavía no descrito formalmente procedente de Myanmar. Su tamaño podría indicar que existieron otros roedores grandes en la región incluso antes, pero su identidad es incierta. Por ello, no puede utilizarse como prueba definitiva de que perteneciera al mismo grupo.
La nueva especie plantea preguntas sobre cómo se dispersaron aquellos mamíferos, qué comían y qué ecosistemas ocuparon. Para responderlas harán falta mandíbulas, huesos de extremidades y más ejemplares que permitan comparar características corporales y relaciones evolutivas.
Por ahora, el resultado es una demostración del poder de la paleontología: dos piezas dentales, estudiadas con detalle y contrastadas con el registro fósil, bastan para ampliar la historia conocida de los roedores. El animal sigue siendo en gran medida un misterio, pero su existencia muestra que la evolución de los gigantes comenzó mucho antes de lo que sugerían los ejemplos más famosos.








