Las negociaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos avanzan, pero mucho menos de lo que Ottawa esperaba. Un funcionario canadiense confirmó este miércoles 28 de octubre que el progreso sigue siendo limitado, justo cuando ambos gobiernos intentan encontrar una salida al conflicto arancelario que golpea al acero y a la industria automotriz.
El acuerdo todavía no está cerca
La evaluación llega apenas dos días después de conocerse que Washington y Ottawa trabajaban en un posible entendimiento para aliviar los aranceles estadounidenses sobre el acero y los automóviles canadienses. La expectativa de un pacto rápido había aumentado, especialmente ante la proximidad de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre.
Sin embargo, la señal enviada ahora desde Ottawa es mucho más prudente. Según un funcionario del Gobierno canadiense con conocimiento de las conversaciones, ha habido avances, pero estos siguen siendo limitados. Eso significa que continúan abiertas diferencias importantes sobre las condiciones bajo las cuales Estados Unidos reduciría las barreras que afectan a dos sectores fundamentales de la economía canadiense.
Acero y automóviles en el centro de la disputa
Las conversaciones se concentran especialmente en los aranceles aplicados por Estados Unidos bajo la Sección 232 de su legislación comercial. Las medidas alcanzan hasta el 50% para determinados productos siderúrgicos canadienses y el 25% para automóviles, una combinación que ha aumentado los costos y la incertidumbre en cadenas de suministro profundamente integradas a ambos lados de la frontera.
La industria automotriz es particularmente vulnerable porque piezas, componentes y vehículos pueden cruzar varias veces la frontera durante el proceso de fabricación. Una barrera aplicada en uno de esos movimientos puede terminar repercutiendo sobre plantas, proveedores, trabajadores y consumidores tanto en Canadá como en Estados Unidos.
La tensión ya ha provocado advertencias desde el propio sector. Ejecutivos de Honda señalaron esta semana que un aumento adicional de los aranceles a las importaciones procedentes de Canadá sería catastrófico para la industria.
Canadá ya prepara sus defensas
Ottawa no ha esperado a que las conversaciones produzcan resultados. Canadá mantiene contramedidas comerciales y ha desplegado programas multimillonarios para proteger empresas y trabajadores expuestos a la guerra arancelaria. El Gobierno federal y Ontario anunciaron recientemente miles de millones de dólares en apoyo para los sectores del acero y el automóvil, además de iniciativas destinadas a fortalecer cadenas de suministro y reducir vulnerabilidades.
El conflicto también está acelerando una estrategia más amplia: disminuir la dependencia canadiense del mercado estadounidense. El Gobierno de Mark Carney ha intensificado acuerdos y acercamientos con otros socios comerciales, aunque Estados Unidos continúa siendo, por enorme margen, el principal destino de las exportaciones canadienses.
Washington mantiene la ventaja negociadora
Donald Trump ha insistido en que Canadá quiere cerrar un acuerdo y que Estados Unidos dispone de una posición negociadora superior. Ottawa, por su parte, sostiene que no aceptará un pacto que cruce sus líneas rojas y ha recordado que las negociaciones anteriores se rompieron precisamente porque la propuesta estadounidense no fue considerada favorable para los intereses canadienses.
El problema es que el calendario aprieta. Trump ha amenazado con elevar al 50% determinados aranceles sobre acero y automóviles a partir del 1 de enero de 2027. Para las empresas que deben planificar producción, inversiones y contratos con meses de anticipación, la ausencia de certeza ya constituye un costo económico.
Una relación económica demasiado grande para romperse
Canadá y Estados Unidos poseen una de las relaciones comerciales más profundas del mundo. La integración industrial construida durante décadas hace que una guerra arancelaria no pueda aislar fácilmente sus efectos dentro de una sola frontera.
Por eso, incluso un acuerdo parcial sobre acero y automóviles tendría consecuencias inmediatas para fábricas, inversiones y empleos. Pero la información conocida este miércoles enfría las expectativas de una solución inminente: las conversaciones continúan, aunque Ottawa reconoce que todavía queda terreno importante por recorrer.



