XIX
al fin
no queda más
que un día desnudo.
un día de soles encendidos /
un día sin infancia /
un día de uvas rojas /
un día sin nombre.
sin estrellas.
un día en el que nadie encenderá las lámparas.
un día sin esperas /
ni acertijos / un día de espejos empañados.
el día que seremos
sólo
un puñado de cenizas.
XXX
conoce el lenguaje de los astros
su esplendorosa melodía
antes que el andante del tiempo comenzara.
años antes de su nacimiento
el augurio de luminarias y planetas
marcaban su destino
desde el primer centelleo del sol
al polvo de sus huesos.
todo lo que es y será
está anunciado
por el danzar del universo.
al paso del majestuoso crónica
anduvo de la oscuridad a la luz
aprendió el poder de lo escondido /
lo enterrado / lo inconsciente.
y supo
que el retorno será eterno.
XXXIII
la arena
del tiempo
sube
trepando entre los dedos.
vuelve a descansar
en la palma de la mano.
no ha cambiado
se estuvo transformando
en
lo que siempre
fue.
XVIII
miró el mar
y no canto aleluya .
conoció la precariedad
de instantes grises
y no cantó aleluya.
transitó el sonido
de brillantes días
y no cantó aleluya.
se tocó
el cuerpo
estaba entero
y no cantó aleluya.
II
soy más que esta carne /
estos huesos /
soy más que los propios hechos.
nás que una mirada /
más aún de todo lo recordado .
alguien
extendió mi nombre
sobre el cristal del tiempo /
para que volase / como una grulla /
más allá del mar de los días.
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Texto de Silvia Loustau, publicado por Cañasanta el 6 de agosto de 2008, según la página original. Recuperado de la copia conservada en Internet Archive. Se conserva íntegramente el texto de la fuente y se limpia su formato, sin completar ni reconstruir pasajes.
Se conservan los cinco poemas con su numeración original y en el mismo orden: XIX, XXX, XXXIII, XVIII y II. Se respeta el texto tal como aparece, incluida su escritura original.
agosto 2008