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Alexis Castañeda Pérez de Alejo :: Poesía

Calle habanera nocturna y mojada con un bar antiguo y una silla vacía.

 

Solos usted y yo, Dulce María

Dulce María, sólo usted y yo sabemos cuánto vale una casa: ese exilio irreductible donde se pueden encontrar todos los vestigios del tiempo. Una casa es para usted y para mí el sitio único y bastante para no robarle al prójimo sus pocas ilusiones. Con estas paredes tenemos para ir y venir por los recónditos espacios de la luz. Sólo usted y yo sabemos a qué altura del sol o de la brisa debemos abrir la puerta y dejar pasar al visitante que no viene a traer sino a buscar, cuando más allá de la cornisa todo se acaba y no se ha pensado en fabricar un arca. Una casa puede guardar todas las distancias cardinales para salir o llegar con la memoria precisa. Una casa es también un poco sus vecinos que esperan verla arder o derrumbarse. Pero una casa no depende de los golpes del tiempo en su coraza sino de la asepsia del alma que la habita y eso, Dulce María, hace mucho tiempo ya que lo sabemos, solos usted y yo entre los cercos silenciosos de la herencia.


 

Postal de bolero

Para Élsida Para Mercedes Para Amaury La calle Neptuno es el único lugar donde acudo a llorar de madrugada, sin que me moleste el miedo triste de los transeúntes. Qué me puede importar si en Los Parados se ha perdido el polvo con tantas copas insistiendo en la garganta de Beny. Todos pasan buscándolo, pero una vez más ha dejado el rumbo estelar de los casinos, y como yo prefiere olvidarse en estos sitios. Los violines -estridentes en la alcohólica armonía- proclaman por la esquina de Prado que no puede perderse la oportunidad irrepetible de morir en la fruición de driles al compás de ese salmo susurrando cha cha cha. Las tiendas con sus bocas expectantes provocan la orina y los abrazos y un levísimo jirón del país nutre sus memorias. Calle Neptuno, tú has podido enfrentar el mal de ojos: brujeras, borrachos y travestis se levantan, exorcizan las aceras, y las puertas más sucias arrojan agua; son los mismos que se asoman, los mismos que nos pasan la carga y se aferran a sus párpados, a sus repisas llenas de postales, y se niegan a creer que Beny sea ese retrato que más allá del mostrador las moscas burlan. Somos muchos ya los que acudimos a llorar, a exorcizarnos de este escándalo, esta humareda, este polvo. No importa que persistan los fantasmas los traídos, los que no han podido desovar en la nostalgia tratando de engañarnos las esquinas, las sombras y los portales, a fuerza de sus ojos despintados-ausencias de domingo. Porque muchos volvemos comprometidos en este hermoso crimen contra el tiempo; los mozos fieles nos abren las puertas más secretas nos sirven el santuario donde acude La Habana a beber sus madrugadas.


 

La verdad acerca de una antigua historia de amor para el futuro

Para Olga, la mexicanita Pon tus manos de virgencita frente al sol que ya vendrá el espectro del tiempo a agradecerte el sacrificio. Los dioses han tronado sus sentencias y un hombre se prepara a desposarte. Marca un día en la calendra ancestral, y el conjuro de los viejos te limpiará de todos los venenos y las lenguas. Habrá un coro en la montaña y el volcán dará el minuto exacto de la ceremonia. Desnúdate, entrega todo el oro, escucha tiernamente a tu corazón solo él, insobornable, te abrirá la puerta al jeroglífico donde quedarás eternizada, yo estaré muy solo junto al fuego procurando ser parte de tu ofrenda. Entonces vendré a imagen y semejanza de tus dioses alzarás tus manecitas aún de virgen mientras, rompiendo el pedernal, el sol enarcará nuestro fornicio para que el espectro del tiempo no pueda reeditar la ceremonia. Los códices mentirán luego al hombre sobre una historia de amor sin sacrificios.



 

Sebastián

(del Libro Revelaciones del Silencio) He aquí mi cuerpo soy yo quien convoca hoy a las saetas. Vengan incrédulos, cébense en la oquedad de mi ternura levanten el denso rencor de los estrados. He aquí el blanco de mi pecho, dejen aquí los insultos cobren el rito oscuro del peaje. Mi perdón devolverá todos los golpes será como un río manso en sus conciencias y cuando uno, sólo uno entre la multitud baje el arco, sabré que más allá de mis heridas, aún más allá del mito y los trofeos alguien guardará las sombras de mis actos.


 

Perdidos en la noche

Yo tenía un patio, algunas margaritas, y un viejo tronco que esperaba el buen tiempo para el retoño. Todo aguardaba por el abono que traerían tus manos desde esa sombra donde crecías; pero ha muerto tanta lluvia, tanto invierno ha pasado hacia el sur, y en qué medianoche podemos encontrarnos, en qué sitio enterrar nuestro aullido, si he perdido también hasta mi puerta y mi voz para invitarte. Qué distancia nos queda hasta el disparo.


 


 

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Sources / References

Del archivo de Cañasanta. Conservado en una copia archivada del 21 de abril de 2006. La fecha exacta de publicación original no figura en la página recuperada. Recuperado de la primera etapa de la revista y revisado para esta republicación, respetando el contenido y la voz del autor. Consultar el original archivado.

Alexis Castañeda Pérez de Alejo

Nació el 25 de agosto de 1957 en Santa Clara, Las Villas, Cuba. Ha incursionado en el ensayo. Graduado de historia, por el Instituto Superior Pedagógico “Félix Varela” y ha cursado estudios de Postgrado de periodismo. Especialista de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en Villa Clara, además es investigador del Centro Provincial “El Mejunje”. Colaborador de la primera etapa de Cañasanta. La revista publicó una selección de su poesía vinculada a «El sitio de la soledad» y «Revelaciones del silencio».

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