En el futuro
PARA M&M Al fregar y ofrecer unos servicios populares, recuerdos del futuro, unas lágrimas borro en Joshua Tree que parecen el día del diluvio. Unos mártires. Aguilas suplentes en la fiesta aburrida de este mundo. Al fregar, dibujando las estrellas sobre el plato de un rey, hago mi anuncio: desde hoy, soy el rey, el nuevo dueño de las almas grupales. No lo juro ni lo creo del todo. Los milagros, cuando friegas el piso -uno más uno-, se detienen como una temporada. Unas lágrimas seco y el orgullo del orgullo sin ti, de la secuencia del Espíritu el día del diluvio.
En el presente
PARA M&M Es una sencillez. Así como dura la calabaza, siempre que la recuerdas, dura el instinto. En los papeles. El vodka es malo pero es bueno: tiene tu sangre y signo y también te adivina la capital. Sobre tu cara logró caer la nieve. Viste cómo imitaban a las ardillas, cómo volteaban el cordero: esas virtudes. A media noche. Angel que quiere presentarse, abusar de su muerte, ponerle precio a su cabeza. Mientras Melancolía Involutiva (2012) logra abusar, cuatro antes de las cuatro. Es una sencillez. Así como dura tu paraíso, siempre que lo recuerdas, mi muerte dura.
En el pasado, dentro de cinco horas
PARA M&M Temo pararme frente a ella, caminar a su lado, durar en el asiento del pasajero. Temo asomarme a unas estrellas que ya he visto morir en cinco mundos, cinco antes de las cinco. Hacia la nueva muerte: por un hilo de plata, voy por la nueva descripción. Con la fe de estos ángeles. Temo al número y a sus colores enemigos y a la jaula de oro de un rato junto al fuego. En aquel mundo, en éste. Frente al agua con sal. Temo a su olor parecido a sus palabras. Temo que logre verme, ser un desconocido, alguien por mí, y que se asusten y se retiren estos ángeles. Hacia la huelga de todas las visiones, en cama extranjera, enumerando plazas, dioses de barro, voy por la música prohibida.
X
Yo pienso en libros, en overdues, mientras anuncian la “noche más fría del año”. Un beso en el sueño, en la contemplación aérea de tus ojos -hechos para mirarme, para ver en ellos mi nariz-, me salva un veintiuno de diciembre. Un pez ha saltado en la bahía, una estrella ha caído. Hoy para ti yo pido paz, tranquilidad, turrón de Alicante. Con “un grito sencillo”, voy del cuerpo a su luz, del polvo al oro. Te beso en el sueño y en la muerte.
Distancia entre tu ánimo y las cosas
Siempre ocurre. Estaba a punto de describir tu pollo en salsa, levantando tu delicado corazón sobre las lomas de Río y de Granada. Pocos segundos antes del 2012. De veras ocurre. Como yo sólo podría hacerlo, aun describirlo: mirando las cosas.
Los cuerpos
Y yo quería luz de luna. Hacer menos canciones en la mente, más en la luna. Llamar al viento acompañado. Me gustaba Jerónima pero a mi cuerpo el suyo no, al suyo el mío no. Estar en líos, cuando recuerda el lío del nacimiento, las flores lilas del pasado, deja en la boca este sabor sin nombre. Que no es simple. Que no es poderoso. Que no es enumeraciones imperfectas. Era hermosa. No pudo verme. Y yo quería luz de luna.
Explota en España
Unas vacas. La música desciende, por supuesto, del cielo, de las sobras exclusivas del cielo. Tan parejas. Unas vacas y yo buscando novia. Las mujeres (a punto de morir) desayunan, a veces son hermosas y recorren el páramo, o colectan unos versos que cantan ”de memoria”. Unas vacas. El cielo. Un pabellón junto al árbol tan rojo de la sombra. Las palabras entienden. Con las manos las recorren enteras y están solas.
Sencilla voladura del Maine
Amanece. Estoy solo. Las miradas de este mundo y del cielo hacen su parte. Tan doméstica. Hay manchas, despedidas. Amanece y alivio tus canales. Xenia Bergman, tu música recuerda unos círculos rojos en el aire, ese Cristo que ves, una palabra para el Día sin Muerte. Cerca, fácil. Enamora el silencio, la sencilla voladura del Maine, enamorarte. Amanece sin prisa en la cabeza y te extraño en los templos, en los bares.
Del cielo del primer piso
Del cielo del primer piso nos trajeron un tabaco. Nos gustó. Le gustó a Baco, a quien pedimos permiso. El canal, el Paraíso, entretienen por ahora. Xenia Bergman enamora, a su manera, y apunta detalles de la pregunta más difícil, más sonora. Cuando se calla, aparecen cien mil denominaciones y pasan varios ciclones y las uñas no me crecen. Mueren, aunque no "fenecen" y el mar se lleva una parte. Te pasó, no va a pasarte: mis manos tienen poder. Volví para no volver. Para pasar, que es un arte.
Tres girasoles. Apt. 102
Juraría que empieza con la Uve. Eso dice Jerónima. Sabemos que hay un día, un instante, para ella y su fuerza, y también unos arreglos. Me quité. Me salí. Con tanta ayuda que, después de mil años, agradezco y cocino en la mente y se lo come. Ya no vive en el barrio y es perfecto. No la voy a colgar en las paredes del adiós, ni habré perdido tiempo anotando que “un príncipe lo olvida" o quitándole el Nuevo Testamento. Si la borro, se irá sin ver al Hijo, sin ver Nada. La música sin miedo, a la hora del suave (y postergado) Cuatro Leches, la canta en el Infierno. Algo dice, metódica. Es difícil entender de qué habla y qué misterio pudo ver, mas afuera llueve a cántaros. Hay un día, un instante sordo, ciego. Juraría por ella, postergable. Siento frío y calor, aburrimiento y nostalgia exclusiva. Me entretiene el Espíritu. Y, claro, es mi remedio.



