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Huellas de 2.200 años revelan quién construyó realmente el Ejército de Terracota

Guerreros del Ejército de Terracota y una huella dactilar conservada en arcilla, recreados como fotografía antigua en blanco y negro.

Durante más de dos milenios, miles de soldados de arcilla han permanecido bajo tierra custodiando al primer emperador de China. Sus rostros, uniformes y armas han sido estudiados durante décadas. Sin embargo, una de las pistas más humanas de todo el complejo había quedado literalmente impresa en la superficie de las figuras: las huellas dactilares de quienes las fabricaron.

Un estudio publicado en 2026 en Journal of Cultural Heritage ha utilizado esas huellas para abordar una pregunta que la arqueología había respondido hasta ahora de manera incompleta: ¿quiénes fueron realmente los artesanos y trabajadores que produjeron el Ejército de Terracota? El resultado no ofrece una lista de nombres, pero sí obliga a revisar una imagen muy arraigada. La producción no parece haber sido un trabajo realizado exclusivamente por hombres adultos. El modelo estadístico empleado por los investigadores sugiere la participación de hombres, mujeres y menores.

 

El ejército de un emperador que quiso gobernar también después de la muerte

Qin Shi Huang nació en 259 a. C. y ascendió al trono del estado de Qin siendo todavía adolescente. En 221 a. C., después de derrotar a los estados rivales, culminó por primera vez la unificación política de gran parte del territorio chino bajo una autoridad imperial centralizada. Adoptó entonces el título de Qin Shi Huang, el Primer Emperador.

Su gobierno transformó de manera radical la administración, las comunicaciones, la fiscalidad y los sistemas de pesos y medidas. La misma capacidad organizativa que permitió construir un Estado centralizado hizo posible una de las empresas funerarias más extraordinarias del mundo antiguo.

El mausoleo comenzó a levantarse en 246 a. C. y continuó desarrollándose hasta la muerte del emperador, en 210 a. C. UNESCO describe el conjunto como un enorme paisaje funerario de decenas de kilómetros cuadrados, con cientos de estructuras, fosas y enterramientos asociados. El Ejército de Terracota no es más que una parte de ese universo subterráneo.

Las figuras fueron descubiertas en 1974 cerca de Xi’an, en la provincia de Shaanxi, cuando campesinos que excavaban un pozo encontraron fragmentos de cerámica. Desde entonces han aparecido miles de guerreros, caballos, carros y armas de bronce. Muchas esculturas son de tamaño natural y presentan variaciones en rostros, peinados, rangos y uniformes que durante años alimentaron la impresión de que cada soldado podía representar a una persona concreta.

 

Una fábrica imperial antes de que existiera la fábrica moderna

La investigación arqueológica de las últimas décadas ha ido desmontando la idea de que aquellas figuras surgieron del trabajo aislado de escultores individuales. Estudios sobre la composición de las arcillas, las marcas de fabricación, las armas y su distribución espacial muestran un sistema de producción altamente organizado.

Investigaciones de University College London y del Museo del Mausoleo del Emperador Qin Shi Huang han demostrado que la materia prima era procesada y distribuida entre diferentes talleres o células de producción. Los artesanos trabajaban en paralelo, ensamblando cuerpos, cabezas, extremidades y elementos decorativos antes de completar y pintar las esculturas. El análisis de decenas de miles de puntas de flecha y otros objetos de bronce ha revelado también patrones de fabricación compatibles con grupos especializados sometidos a controles de calidad y logística.

Ese sistema ayuda a explicar cómo el Estado Qin pudo producir semejante cantidad de objetos en unas pocas décadas. Pero conocer la organización del trabajo no equivalía a conocer a los trabajadores. Durante mucho tiempo, la narrativa popular dio por hecho que los artesanos eran principalmente hombres adultos. La nueva investigación pone esa presunción a prueba.

 

Las huellas que quedaron atrapadas en la arcilla

Mientras las figuras todavía estaban húmedas, quienes las manipulaban dejaron accidentalmente huellas sobre cabezas, brazos, manos, piezas de armadura y otras superficies. No eran firmas. Eran el resultado normal de agarrar, presionar, unir o terminar una pieza de barro.

El estudio de Xiaoxi Li, Jingyi Shen, Desheng Lan, Jingyi Wang, Yang Yu, Jingye Cai, Yin Xia y Ping Zhou examinó impresiones conservadas en 36 guerreros. Los investigadores partieron de 91 huellas y descartaron varias cuando existían indicios de que correspondían a una misma persona. El análisis final utilizó 79 impresiones.

La clave no está en comparar la forma general de una huella, sino en medir la separación media entre sus crestas epidérmicas. A medida que un niño crece, esas crestas se separan porque aumenta el tamaño de los dedos. Después de alcanzar la madurez, la distancia tiende a estabilizarse. Existen además diferencias estadísticas entre hombres y mujeres adultas, aunque con un importante grado de solapamiento.

Por esa razón, los investigadores no intentaron afirmar que una huella concreta pertenecía con certeza a una mujer, un hombre o un niño. Utilizaron un modelo bayesiano de mezclas para calcular qué combinación demográfica resultaba más compatible con el conjunto completo de huellas.

 

Un resultado que cambia la imagen de los talleres

El modelo estimó que aproximadamente el 45 % de las huellas correspondía a hombres adultos, un 32,7 % a mujeres adultas y un 22,3 % a individuos menores de 15 años. Si esas proporciones reflejan de manera aproximada la composición de las personas que manipulaban la arcilla, la fuerza laboral habría sido mucho más diversa de lo que la imagen tradicional sugería.

El dato más importante no es que podamos reconstruir una nómina exacta de trabajadores. No podemos. Lo verdaderamente significativo es que la hipótesis de una fabricación exclusivamente masculina deja de ser la explicación más razonable para las huellas estudiadas.

La presencia de mujeres tampoco sería incompatible con lo que se conoce del trabajo artesanal bajo la administración Qin. Otras evidencias históricas y arqueológicas muestran que las actividades productivas controladas por el Estado podían involucrar una población laboral diversa. Lo novedoso aquí es encontrar un indicio físico directamente relacionado con la fabricación de los propios guerreros.

La posible participación de menores resulta todavía más reveladora. En las sociedades antiguas, los límites entre aprendizaje, trabajo familiar, obligación estatal y formación artesanal eran muy distintos de los actuales. Una huella infantil no permite saber si su propietario era un aprendiz, un ayudante perteneciente a una familia de artesanos, un trabajador sometido a obligación estatal o alguien que realizaba tareas auxiliares. Pero sí recuerda que las grandes obras imperiales fueron construidas por comunidades laborales complejas, no por una categoría abstracta de “artesanos”.

 

Lo que el estudio no puede demostrar

La espectacularidad de la noticia exige cautela. Los autores trabajaron con huellas de un conjunto limitado de figuras pertenecientes a una parte concreta del enorme complejo. No puede suponerse automáticamente que esa muestra represente a todos los talleres que participaron en la construcción.

También existe otro problema: el número de huellas no tiene por qué ser proporcional al número de trabajadores. Una persona inexperta podría dejar más impresiones que un artesano especializado. Algunas fases del trabajo podían producir muchas huellas y otras casi ninguna.

La estimación de edad y sexo se basa además en referencias modernas y en modelos estadísticos. Los investigadores tuvieron que corregir factores como la contracción de la arcilla durante el secado y la cocción. El propio uso de poblaciones modernas como referencia introduce incertidumbre, especialmente cuando se aplica a individuos que vivieron en China hace más de dos mil años.

Por eso, el estudio no debería resumirse diciendo que “se ha demostrado” que exactamente el 32,7 % de quienes construyeron el Ejército de Terracota eran mujeres. Lo que demuestra es algo más prudente y, científicamente, más interesante: las huellas conservadas son incompatibles con la vieja suposición de una fuerza laboral formada únicamente por hombres adultos y son estadísticamente consistentes con una participación importante de mujeres y menores.

 

De los emperadores a las manos anónimas

La historia antigua suele conservar los nombres de quienes dieron las órdenes y borrar los de quienes ejecutaron las obras. Conocemos a Qin Shi Huang. Conocemos sus generales, sus conquistas y la maquinaria política que fundó el primer imperio chino. Sabemos mucho menos de las personas que amasaron el barro, transportaron materiales, modelaron armaduras, pintaron rostros y ensamblaron los miles de cuerpos destinados a acompañarlo en la muerte.

Durante siglos, esas personas fueron una masa anónima. Ahora la arqueología puede acercarse a ellas mediante algo tan íntimo como la distancia entre las líneas de un dedo.

Las huellas no nos dicen cómo se llamaban ni qué pensaban del emperador. No revelan si trabajaban voluntariamente, por obligación, por tradición familiar o bajo alguna forma de coerción. Tampoco pueden reconstruir por sí solas toda la jerarquía del taller. Pero devuelven individualidad a quienes habían quedado ocultos detrás de la monumentalidad.

Ese quizá sea el aspecto más poderoso del descubrimiento. El Ejército de Terracota nació como una afirmación del poder absoluto de un soberano. Más de 2.200 años después, son las marcas involuntarias de trabajadores desconocidos las que empiezan a contar una historia diferente: la de las manos que hicieron posible aquella eternidad.

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Sources / References

Li, Xiaoxi; Shen, Jingyi; Lan, Desheng; Wang, Jingyi; Yu, Yang; Cai, Jingye; Xia, Yin; Zhou, Ping. Who produced Emperor Qin Shihuang’s Terracotta Army, China? A Bayesian mixture model approach to fingerprint age and sex determination. Journal of Cultural Heritage, 2026. ScienceDirect PII: S1296207426002062.

Li, X. et al. Marking practices and the making of the Qin Terracotta Army. Journal of Anthropological Archaeology 42 (2016), 169–183. DOI: 10.1016/j.jaa.2016.04.002.

Quinn, P. S. et al. Building the Terracotta Army: ceramic craft technology and organisation of production at Qin Shihuang’s mausoleum complex. Antiquity 91 (2017), 966–979. DOI: 10.15184/aqy.2017.126.

UNESCO World Heritage Centre. Mausoleum of the First Qin Emperor, ficha oficial del Patrimonio Mundial.

ScienceAlert. “2,200-Year-Old Fingerprints Reveal Who Really Built China’s Mysterious Terracotta Army”, 17 de octubre de 2026. Utilizada como fuente secundaria de divulgación y contrastada con el estudio académico.

Antonino Dartayet

A researcher and essayist who has devoted much of his life to the study of anthropology, ancient religions, and the history of civilizations. He has focused much of his work on understanding the beliefs, customs, and ways of thinking of ancient societies and their influence on contemporary culture.

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