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La novela que García Márquez y Vargas Llosa nunca escribieron

Composición editorial en blanco y negro sobre el lenguaje de los símbolos

Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa llegaron a planear una novela a cuatro manos sobre la guerra entre Colombia y Perú de 1932 y 1933. El proyecto nunca se escribió, pero su correspondencia permite reconstruir una de las obras fantasma más fascinantes del Boom latinoamericano.

 

La historia parecía concebida para ellos. De un lado, Colombia; del otro, Perú. En medio, una guerra amazónica breve, confusa y cargada de episodios que a Gabriel García Márquez le parecían tan absurdos que podían confundirse con ficción. La idea era sencilla y desmesurada: Gabo escribiría la versión colombiana y Mario Vargas Llosa reconstruiría la peruana. Dos futuros premios Nobel contando desde orillas opuestas una misma guerra.

El proyecto tomó forma durante la intensa correspondencia que ambos mantuvieron antes incluso de conocerse personalmente. En marzo de 1967, mientras García Márquez terminaba las pruebas de Cien años de soledad y Vargas Llosa ya había publicado La casa verde, el colombiano propuso convertir el conflicto colombo-peruano en una obra conjunta.

 

Una guerra que parecía inventada

El conflicto de 1932-1933, conocido también como conflicto de Leticia, enfrentó a Colombia y Perú por territorios amazónicos. Para García Márquez, aquella guerra contenía material narrativo extraordinario: tropas extraviadas en la selva, aviadores extranjeros, enfermedades tropicales, propaganda patriótica y episodios militares cuya extravagancia parecía superar a la ficción.

En sus cartas a Vargas Llosa, Gabo acumulaba historias y proponía investigar sistemáticamente los archivos colombianos mientras su colega hacía lo mismo en Perú. La intención no era escribir una fantasía desligada de los hechos. Por el contrario, García Márquez imaginaba un libro construido con documentación, testimonios y técnicas periodísticas, precisamente para que el absurdo surgiera de la realidad misma.

La propuesta tenía además una intención política: desmontar la retórica patriótica con la que ambos países habían contado el enfrentamiento. García Márquez recordaba que durante su infancia escolar los alumnos llegaban a romper filas al grito de “¡Viva Colombia, abajo el Perú!”. Convertir aquella memoria nacionalista en una obra escrita conjuntamente por un colombiano y un peruano añadía una ironía deliberada al proyecto.

 

El plan de García Márquez

Las cartas conservadas en los archivos vinculados a Vargas Llosa en la Universidad de Princeton muestran que el proyecto avanzó bastante más allá de una ocurrencia casual. Los escritores discutieron estructura, investigación, reparto del trabajo e incluso la forma narrativa. Cada uno reconstruiría los acontecimientos de su país y después cotejarían los episodios compartidos para evitar contradicciones.

 

García Márquez pensaba acudir a hemerotecas, archivos históricos y protagonistas todavía vivos. Entre las figuras que quería rastrear aparecían militares, políticos, diplomáticos y personajes convertidos por la propaganda en héroes nacionales. La distancia entre el relato oficial y la experiencia real de quienes participaron en la campaña amazónica era, precisamente, parte del atractivo.

 

También circulaba una hipótesis que Gabo encontraba literariamente irresistible: que los gobiernos de Enrique Olaya Herrera y Luis Miguel Sánchez Cerro hubieran aprovechado el conflicto para fortalecer sus posiciones internas. La correspondencia menciona incluso versiones no confirmadas sobre contactos entre políticos y diplomáticos de ambos países. Era material perfecto para una novela, pero debía investigarse y no confundirse con un hecho demostrado.

 

Dos escritores antes de verse las caras

Lo extraordinario es que buena parte de estas conversaciones ocurrió antes de que los dos novelistas se conocieran personalmente. Se habían leído y escribían con frecuencia, pero su primer encuentro cara a cara ocurrió en Caracas en 1967. Vargas Llosa recordaría décadas después que para entonces ya habían hablado de aquella novela “a cuatro manos” y que García Márquez poseía mucha más información sobre la guerra.

La amistad se hizo estrecha. Vargas Llosa estudió profundamente la obra del colombiano y años después publicó García Márquez: historia de un deicidio. Ambos terminarían convertidos en figuras centrales del Boom, aunque su relación acabaría abruptamente en 1976. La novela amazónica, sin embargo, había desaparecido mucho antes.

 

¿Por qué nunca se escribió?

Vargas Llosa explicó posteriormente que el proyecto sencillamente se eclipsó. También reconoció una dificultad esencial: escribir una novela exige una intimidad creativa difícil de compartir. Dos autores con voces tan poderosas tendrían que exponer mutuamente el proceso más privado de su escritura y construir una sola obra desde sensibilidades diferentes.

Había además obstáculos prácticos. Los dos necesitaban viajar a sus países, investigar archivos y entrevistar protagonistas. García Márquez tenía otros libros en marcha; Vargas Llosa también. El proyecto quedó aplazado hasta convertirse en una posibilidad perdida.

 

La gran novela fantasma del Boom

Resulta inevitable imaginar qué habría ocurrido si el plan hubiese prosperado. En 1967, García Márquez estaba a punto de transformar la literatura en español con Cien años de soledad, mientras Vargas Llosa ya era uno de los novelistas más importantes de su generación. La combinación de sus dos maneras de narrar —el universo fabulador y oral de Gabo frente a la arquitectura narrativa rigurosa de Vargas Llosa— habría producido un experimento sin equivalente dentro del Boom.

Pero quizá parte de su fascinación reside precisamente en que nunca existió. No hay manuscrito perdido esperando aparecer en un cajón. Lo que queda es el proyecto: cartas, recuerdos y el testimonio de dos escritores imaginando juntos un libro que podía dinamitar, mediante literatura y periodismo, la solemnidad con que dos países habían construido la memoria de una guerra.

Es una obra ausente y, al mismo tiempo, perfectamente imaginable. Una novela que pertenece a esa biblioteca invisible formada por los libros que los grandes escritores soñaron, discutieron y nunca llegaron a escribir.

 

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Fuentes / Referencias
Gëlico

Gëlico es escritor, pintor, ilustrador, actor, director y diseñador gráfico cubano-canadiense. Graduado de Actuación y Dirección en la Escuela Nacional de Arte de Cuba, también estudió Diseño Gráfico y Ciencias de la Computación en Toronto, donde obtuvo honores académicos. Su trabajo creativo abarca la pintura, la ilustración, la literatura, el cine y los medios digitales.

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