EL JUNTADOR
A Zoraya Manso Morales, que salvó este poema Yo junto con dos manos, con dos pies, con dos ojos. Junto, a lo largo y ancho, a través de los aires y los muros. Sobre el suelo me paro, juntando, como un hombre lúcido, como un hambriento de seres y objetos, como un sediento de verdad y hermosura. He visto, en el grosor de la honda búsqueda, que todo sucedió de brizna en brizna. Vi que todo era pétalo a pétalo. Yo conozco el milagro lento de la mazorca, resguardada en una verde lentitud. Yo conozco el portento del potrero y de la página y he visto que fue bulbo a bulbo, letra a letra. Sorbo a sorbo se alcanza lo oceánico. Con el ir, con el deslizarse, con la curva, con la caída y con el número entró el río en el mar, los archipiélagos de las cosas se abrieron. Todo fue día a día, de día en día, a través de los días. Yo junto con dos manos, con dos pies, con dos ojos. Recojo para hoy, para mañana, según leyes buscadoras de ayer, dentro de encontradoras leyes. Encuentro porque busco, porque tengo dispuestos los canastos, colocados los brazos para asir al cometa que pasa y al rizoma que yace hacia lo oscuro. Pasó el cometa, hebra crispante de fulgor, por el vasto espacio. Nadie miró al rizoma que yacía debajo de los pies, te acuerdas de aquel breve rizoma de jengibre que un día soterré, y que parecía muerto entre la sombra? Urdí la cuenta, encadené los meses y cuando los caballos quebraron los astros con sus cascos me dije, hundiendo los ojos: Ya está. Ya se siente venir, escindiendo la frente de la tierra, el blando cráneo del planeta, ya se acerca el jengibre sucediendo por dentro de los negros capítulos. Yo estoy hacia el final de la secuencia porque estoy al principio. Estoy hacia la punta de la estrella porque estoy en la vértebra. En la uña del zarcillo, porque ya me adelanto en las raíces. Vine con la primera nube, giré con el primer aceite. Yo estuve cuando se taló la cuna bajo el cielo, y he visto el gajo duro en que te apoyas. En la franja de pasos paso fui, paso soy, marcho de paso en paso, discurriendo sobre el polvo y el lodo. Yo vi bajar al líquido, caer con calma, con el giro controlado del pulso, dentro del otro vaso mientras la transparencia se expandía por el cristal. Yo deletreo las sílabas del nacimiento y la expansión, de la combinación magenta o azul, hasta que la medalla cierra su brillo más redondo. Todo se escancia, y todo se espiga. Todo se torna agregación donde se hila el día, cúmulo donde se sostiene el año, y por dentro de toda agregación avanza el eje imantado, que va hacia la enorme completez del cielo. Dentro de lo que avanza yo voy, juntando con las manos, con los pies, con los ojos, con los sudores y la sangre. Aquel que de lo antiguo viene, es exacta su hora con la nuestra: los inmensos tropeles son los mismos, iguales las carencias, y semejantes los desbordes: somos, por ambas partes, los mismos: y cuando nos tendemos caminamos por rutas invisibles en que se nos congregan todos solicitando las mismas ánforas: yo junto con mi paso, con mi voz, con mi sangre, por afuera y por dentro, por arriba y por debajo, junto la gesta del segundo y del milenio sobre tu soplo rojo hasta llenar la copa de mi canto: oh las olas que vienen desde los ademanes de la sangre, oh las olas que vienen por los lucientes deltas de la sangre! Y siempre han de venir, oh hijos míos, oh padres míos; han de venir conmigo, oh racimos, oh galaxias: vamos por el riachuelo más turbio de la sangre, vamos, por los cabellos de la aguda esperanza vamos, por entre las zancadas de los viejos gigantes vamos, vamos; oh hijos míos, oh galaxias, con todos los veneros juntos, con todas las sustancias, con todos los dolores: vamos! Camagüey, 1994
A ESTE PASO LO DEJARÁN TODO ÁRIDO…
A ESTE PASO LO DEJARÁN TODO ÁRIDO. A este paso, atilas de la tierra, césares segando la flor recién formada, todo quedará seco como hueso lavado por los meses, como un maltrecho omóplato blanco tirado sobre la arena.
Qué va a quedar, oh Dios? Qué continente, qué atolón, qué mar entre las encías pardas de los continentes, qué continente recogiendo cosechas y alzando ciudades en los perímetros diluidos?
Todo será arrasado. Ya veo venir la cuchilla ultimando, la cuchilla que ya se vuelca sobre sí misma cercenando los propios dedos en que se sostiene para la crueldad y el exterminio.
Trancado polvo entre las cejas, oh corazón tapiado. Es terrible ver a lo largo y ancho de los ojos, tener la vista suficiente, armónica con la frente y la página.
Se queman los jardines. Arden las umbelas, las espigas, las brácteas, los cañutos. Sudan rápidamente los troncos, caen carbonizados los gajos azules del planeta, los derrames anaranjados de las distancias.
Crepitan las carnes, y se evaporan las alas, las mandíbulas, los pelos, los profundos cartílagos. Hierven los nidales. Huyen hacia los últimos humedales las zarpas, las crisálidas, las piaras, los enjambres.
Todo se encuentra cada vez más árido. He aquí las costillas del mundo. Superficies de calor por donde rueda el plasma. Los dedos, llenos de anillos luminosos, despiden sus haces suprimidores, proyectan sus conos de depredación sin término.
Sal al proscenio, poeta. Ven, con tus ojos órficos. Saca un poco las manos de tu ombligo. Oh tú, poeta, que gozas entre los mortales de la gracia de ejercer una repoblación dulce, llena de música y sentido.
Todo lo han parcelado, comprado, vendido, expedientado, cancelado. Se fueron en el viento las últimas grandes mariposas y los últimos conglomerados de polen. Todo se va al viento, hacia el viento, tras el viento.
La sal subiendo del polvo, el polvo entrando en el agua, el agua pasando al fuego, el fuego derramándose lentamente desde las suelas efímeras. Hay un túnel, ensortijado y movido, como una tromba sin banderas.
Sal al proscenio, poeta. Asoma al viento tu corazón de dos alas, y da al viento tu palabra escogida, tu frente de cristal soñoliento y esperanzado. Porque es la hora de la hora, ya sólo queda la hora de la hora, ya es la Hora!




