PLATO FUERTE
POEMAS PARA ALGUIEN, UN ALGUIEN QUE ESCRIBE DESDE UNA CABINA DE TELÉFONO
después de las 12 espérame[1], aunque la ciudad no sirva para otra cosa y esta cabina sea el fin del mundo, un algo del fin del mundo, el comienzo del fin del mundo, la sobrevida, la mala noticia. incluso ahora mismo pudiera llamarme Jacinto, Enrique, Javier, y simular que tengo una amante que me traerá lilas y otoños y algunos versos donde encuentro sobrenombres y lilas para cuando el otoño sea esa realidad que puede aparecer y desaparecer en una cabina como esta. yo estoy solo, aunque un amigo dice que con la soledad se puede hacer una gran fiesta, yo estoy solo; pero déjame que te cuente, déjame que pueda yo amarte en esa sobredosis que imponen los comienzos, un número en este citadino espacio de penumbra, un número para el andén, un número para Raquel, María Inés, Estela, Eduarda aunque pueda yo llamarme Jacinto, Enrique, Javier, ya nada importa, no importa si tengo una amante, y unos versos para la amante, y no tenga otro lugar donde escribir mi nombre, y no tenga otro lugar donde decir que puedo amar con toda la intensidad de esas lilas del trópico, ya en mis manos, de esta ciudad que puede darme la espalda de un momento a otro. no puedo estar mucho tiempo escribiendo en esta pared cosas que pudieran servir al copista, quizás cosas intrascendentes. después de estar frente a la Sagrada Familia, Gaudí está de mi lado[2], pero no soy el amante, no soy el que puede ocultar mi soledad y dar la vuelta. un número es lo que te ofrezco, después de las 12 te veré en la esquina de San Miguel, pero ve sola, ve mirando el cielo que nos golpea, las fachadas de tránsito (algo que nos queda de la ciudad de extramuros), y lleva alguna levita gris para que no te parezcas a nadie, y sea ese el indicio. yo iré despacio y ya en el banco, el único banco que hay para ti en la ciudad, te tomaré los brazos y como un cartomántico te marcaré las líneas de la vida, separaré los amores y los que ya no son, dibujaré en tu mano un poema, que tomaría para acariciarte con raros dibujecues, para volver a la cabina de teléfono y dejar allí, como un toque de queda, después de las 12, un número. aunque con la soledad pudiera hacer una gran fiesta, te mostraría lo que hay y lo que nos queda en esos extramuros de la ciudad, y así dejaré tu mano como si fuera algo sagrado para mí, , y no te diga más, y no te diga.
Y NO TE DIGA
que todo ha sido un instante para encontrar al otro[3], el difumino de la mala memoria, pues ya nos habíamos encontrado antes. en aquel mismo banco, en aquella misma cabina de teléfono. dime algo que pueda suponerse que esta línea llega hasta el corazón. y la mano queda sosteniendo el mundo, la mitad del mudo. platónico mundo. lo ideal. y no te diga cosas que pudiera empequeñecer este encuentro en la esquina de San Miguel, después de las 12, aunque no creo que te llames T.Q . no creo y punto. (aquí hay un punto,) ratifico que todo ha sido un instante / dime algo que pueda suponerse / y no te diga cosas que pudiera.
Y NO TE DIGA COSAS QUE PUDIERA
con cierto razonamiento, el teléfono no está, el alumbrado público no está, y no te diga cosas que pudiera como aquella razón de estar (de no estar?) lejos el banco de los extramuros. la ciudad de los extramuros. la lluvia que nos identificó a deshora entre el banco y la ciudad. la lluvia de los extramuros por supuesto. el amor que fue fugaz porque aprendimos a decir fugaz.[4] fugaz.[5] fugaz.[6] hasta el cansancio.[7]
UN POEMA COMO PLATO FUERTE
Dibujaría estaciones y alcanzaría las cúspides Más sagradas / pero el tiempo nos separa / Los que me acompañan no descifran qué hay Bajo la ciudad. Socio / no busques en el poema de ayer lo que te advertí Sobre la ciudad y la soledad de un hombre. Estoy bajo el réprobo instante de la isla. Disfrutar que te olviden / que te den un punta pie / Dejar de existir por el poema como plato Fuerte. Socio/ no busques en el poema de ayer lo que te advertí. Una navaja es lo que tengo / el amor es mentira. Calla. Después te hablaré de poesía.



