Una cápsula Dragon de SpaceX llegó a la Estación Espacial Internacional con una carga que parece salida de la ciencia ficción, pero pertenece a laboratorios reales: pequeños modelos de cerebro humano cultivados en laboratorio, tejidos cardiovasculares tridimensionales y tecnología destinada a explorar la fabricación de retinas artificiales en microgravedad. El objetivo no es únicamente aprender a vivir en el espacio; buena parte de esta investigación está diseñada para producir conocimiento médico aplicable en la Tierra.
Pequeños cerebros para grandes preguntas
Entre los experimentos enviados en la misión CRS-35 se encuentran modelos tridimensionales de tejido cerebral humano. Estos organoides permiten estudiar cómo la microgravedad y el entorno espacial modifican procesos celulares relacionados con el cerebro. NASA señala que la investigación podría ayudar a identificar nuevos objetivos terapéuticos para enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer, Parkinson y esclerosis múltiple.
Investigadores de Mount Sinai también enviaron sistemas bioingenierizados de cerebro y tejido cardiovascular para observar los efectos del vuelo espacial sobre la actividad cerebral, la función del corazón y procesos asociados al envejecimiento. En el caso cardiovascular, los sistemas pueden ser sometidos a estimulación eléctrica, mediciones de presión, observación microscópica y recolección de muestras durante su permanencia en órbita.
Corazones, retinas y medicamentos en microgravedad
La carga incluye además modelos 3D de tejido cardíaco destinados a avanzar métodos de prueba de medicamentos a mayor escala. Otro equipo investigará la fabricación de retinas artificiales en microgravedad, aprovechando un entorno donde la ausencia casi total de peso puede permitir procesos de producción difíciles de reproducir en la superficie terrestre.
La misión también transporta materiales para estudiar la formación de nuevos tipos de vidrio y otros experimentos biológicos. Dragon se acopló a la estación el 15 de octubre, después de despegar el día 13 desde Cabo Cañaveral, y permanecerá allí hasta mediados de noviembre antes de regresar con investigación y carga crítica.
El laboratorio más extraño está sobre nuestras cabezas
La Estación Espacial Internacional lleva décadas demostrando que la microgravedad puede convertirse en una herramienta científica, no simplemente en una dificultad para los astronautas. Ahora, mientras un pequeño cerebro crece, un tejido cardíaco late y una futura retina toma forma a cientos de kilómetros sobre la Tierra, el espacio vuelve a funcionar como un laboratorio para problemas profundamente humanos.




