La detección fue realizada por Einstein Probe, un observatorio espacial especializado en localizar fenómenos repentinos y extremadamente energéticos. Su telescopio de gran campo registró la señal poco después de las 00:00 UTC del 20 de septiembre y el propio satélite dirigió otro de sus instrumentos hacia la zona para comprobarla con mayor precisión. Allí encontró una fuente real de rayos X que no coincidía con ningún objeto previamente catalogado en esa posición y cuya intensidad comenzó a disminuir durante las observaciones.
El descubrimiento activó rápidamente una cadena de seguimiento internacional. La red de telescopios Las Cumbres observó la región poco más de una hora después y encontró inicialmente un posible objeto visible que parecía perder brillo. Era una pista importante porque, si se trataba de la contraparte óptica del destello, los astrónomos podían comenzar a determinar qué clase de fenómeno había provocado aquella emisión.
Las observaciones posteriores, sin embargo, complicaron esa posibilidad. El telescopio COLIBRÍ, desde México, no consiguió confirmar el objeto y un cálculo más preciso de Einstein Probe situó al candidato fuera de la región más probable de donde procedieron los rayos X. La misión espacial franco-china SVOM también dirigió sus instrumentos hacia el lugar apenas 43 minutos después de la alerta, sin encontrar una nueva fuente visible que pudiera relacionarse claramente con el evento.
Por ahora, EP260920a continúa siendo una fuente transitoria de rayos X cuya naturaleza no ha podido determinarse. Diferentes fenómenos astrofísicos pueden producir emisiones semejantes, desde sistemas que contienen estrellas compactas hasta procesos explosivos, por lo que sería prematuro atribuirle un origen concreto. Lo excepcional en este momento no es que estemos necesariamente ante algo desconocido para la ciencia, sino que el fenómeno fue descubierto prácticamente en tiempo real y los astrónomos todavía están intentando averiguar qué ocurrió.
El equipo de Einstein Probe ha solicitado nuevas observaciones en diferentes longitudes de onda. Es posible que nuevos datos permitan identificar pronto el origen de EP260920a. Hasta entonces, lo único seguro es que una fuente que nadie tenía catalogada apareció repentinamente en rayos X, comenzó a apagarse y puso a varios observatorios de la Tierra y del espacio a buscar una explicación.




