China acaba de cruzar una frontera demográfica histórica: por primera vez, la población de 65 años o más supera a la de niños de 0 a 14 años. El cambio confirma que el país más poblado durante décadas está entrando aceleradamente en una era de envejecimiento, menos nacimientos y una presión creciente sobre trabajadores, pensiones y servicios sanitarios.
Un cruce que cambia la pirámide
Los datos oficiales más recientes muestran 223,09 millones de personas de 65 años o más, frente a 214,36 millones de niños de 0 a 14 años. Reuters destacó este 28 de octubre que la tasa de dependencia de los mayores ha superado por primera vez a la infantil, un punto de inflexión que resume décadas de transformación demográfica.
La Oficina Nacional de Estadísticas de China sitúa a los mayores de 65 años en el 15,87% de la población y a los menores de 15 en el 15,25%. El país todavía dispone de una enorme fuerza laboral, pero la dirección del cambio es inequívoca: cada vez hay proporcionalmente menos jóvenes y más ciudadanos que llegan a edades de jubilación.
Menos nacimientos, más longevidad
China cerró 2025 con 1.404,89 millones de habitantes, 3,39 millones menos que un año antes. Durante ese año nacieron 7,92 millones de personas y murieron 11,31 millones, dejando una tasa de crecimiento natural negativa de 2,41 por cada mil habitantes.
El fenómeno combina una fecundidad persistentemente baja con una esperanza de vida mayor. Las políticas para estimular los nacimientos, incluidos subsidios y ampliación de servicios de cuidado infantil, no han revertido hasta ahora la tendencia estructural. Al mismo tiempo, cientos de millones de chinos se acercan o ya han alcanzado la edad de retiro.
La factura económica
El envejecimiento no es solamente una cuestión estadística. Una proporción creciente de jubilados significa mayores necesidades de pensiones, atención médica y cuidados de larga duración, mientras una base laboral relativamente menor deberá sostener esos sistemas.
También puede modificar el consumo y la capacidad productiva del país. China construyó buena parte de su ascenso económico sobre una gigantesca población en edad de trabajar. Esa ventaja demográfica se reduce gradualmente, obligando a Pekín a apostar más por productividad, automatización, educación y tecnología para compensar la pérdida relativa de trabajadores.
Una transformación difícil de revertir
Las cifras oficiales permiten dimensionar la velocidad del cambio. En 2025, 323,38 millones de personas tenían 60 años o más, equivalentes al 23% de la población. En contraste, el número de nacimientos continuó por debajo del de fallecimientos.
El gobierno ha respondido con políticas de apoyo a las familias, servicios de guardería y una estrategia nacional para enfrentar el envejecimiento. Sin embargo, las decisiones reproductivas de millones de hogares están condicionadas por factores difíciles de modificar rápidamente: costo de la vivienda, educación, empleo, largas jornadas laborales y cambios culturales sobre el matrimonio y la maternidad.
China entra en otra época
Durante buena parte del siglo XX, el gran desafío chino fue administrar una población enorme y joven. Ahora el problema comienza a invertirse. El país sigue contando con cientos de millones de trabajadores y un mercado interno gigantesco, pero deberá sostener a una población de edad avanzada cada vez mayor con generaciones jóvenes proporcionalmente más pequeñas.
Que los mayores de 65 años hayan superado a los niños no es una curiosidad demográfica. Es una señal de que la estructura social y económica de China está cambiando desde sus cimientos, con consecuencias que se sentirán durante décadas dentro y fuera del país.




