Duró menos de una semana en uno de los cargos más visibles de Washington. Katie Zacharia, elegida por Donald Trump para convertirse en la voz diaria de la Casa Blanca, fue apartada del puesto de secretaria de prensa después de apenas cinco días, tras una llegada marcada por una breve y accidentada primera rueda de prensa y por preguntas cada vez más incómodas sobre sus credenciales profesionales.
Dos funcionarios de la administración confirmaron a Reuters que Zacharia fue “dejada ir” y que se encuentra en proceso de abandonar el cargo. La salida convierte su paso por la sala de prensa presidencial en el más breve que se recuerda para un secretario de prensa de la Casa Blanca y deja vacante una posición estratégica a pocas semanas de las elecciones legislativas de noviembre.
De nombramiento sorpresa a salida fulminante
Trump había anunciado a Zacharia como sustituta de Karoline Leavitt apenas una semana antes. Su primer día oficial fue el lunes 12 de octubre y el martes apareció por primera vez detrás del conocido podio de la sala James S. Brady. La Casa Blanca presentó aquella comparecencia como un estreno contundente y destacó públicamente su defensa de los logros de la administración. Sin embargo, la percepción fuera del comunicado oficial fue considerablemente menos favorable.
La rueda de prensa duró alrededor de catorce minutos. Zacharia leyó una extensa declaración inicial, respondió solamente a tres periodistas y abandonó la sala. La brevedad del encuentro, sus vacilaciones y la limitada cantidad de preguntas provocaron críticas casi inmediatas, precisamente en un puesto donde la seguridad frente a una sala hostil y la capacidad para responder bajo presión forman parte esencial del trabajo.
El problema que llegó después del podio
La controversia no terminó con aquella comparecencia. En cuestión de horas comenzaron a surgir preguntas sobre la trayectoria profesional de Zacharia, graduada de la facultad de Derecho de Pepperdine University y presentada por Trump como abogada. Reuters informó que no pudo localizar registros que demostraran que estuviera registrada como abogada o miembro de un colegio profesional en ningún estado de Estados Unidos ni en el Distrito de Columbia.
Zacharia sostuvo que había trabajado en derecho de transacciones internacionales con las credenciales correspondientes, pero posteriormente reconoció en una entrevista televisiva que no había aprobado el examen de acceso al Colegio de Abogados. El asunto dejó de ser una simple discusión semántica sobre su currículum y se convirtió en una segunda crisis pública durante una semana que ya había comenzado bajo presión.
Trump le dijo que reconsiderara
El viernes, antes de que trascendiera definitivamente la salida, Trump hizo algo poco habitual: habló públicamente de sus dudas sobre la permanencia de su propia secretaria de prensa. El presidente explicó a los periodistas que había conversado con Zacharia y le había recomendado reconsiderar si realmente quería continuar sometida a la presión que acompaña al cargo.
Trump defendió a Zacharia frente al tratamiento que había recibido de los medios y dijo que quería que tuviera una buena vida, pero sus palabras dejaron prácticamente abierta la puerta de salida. Horas después, funcionarios de la administración confirmaban que estaba fuera. El propio presidente dijo además que no tenía prisa por designar inmediatamente a un sustituto.
Cinco días que hicieron historia
La velocidad del episodio resulta extraordinaria incluso para Washington. Zacharia llegó al puesto en un momento en que Trump había manifestado preocupación por la manera en que su administración estaba comunicando sus resultados y buscaba una figura capaz de amplificar su mensaje. En lugar de estabilizar esa estrategia, el nombramiento produjo una nueva historia política que durante varios días terminó concentrándose en la propia portavoz.
Su salida también crea una paradoja difícil de ignorar. El 13 de octubre, la propia Casa Blanca celebraba oficialmente a Zacharia como la 37.ª secretaria de prensa y describía su primera comparecencia como una demostración poderosa de su capacidad. Tres días después, dos funcionarios de la administración confirmaban que estaba abandonando el puesto.
Zacharia se marchó sin atacar al presidente. Por el contrario, publicó un mensaje elogioso hacia Trump y calificó como un honor haber trabajado para él. Su relación personal con la administración puede continuar e incluso se ha informado que podría pasar a otra función, pero su etapa detrás del podio terminó antes de que pudiera celebrarse una segunda rueda de prensa.
Una semana imposible de borrar
La Casa Blanca ha tenido portavoces polémicos, combativos y efímeros, pero pocas veces una designación de tanta exposición pública se ha deshecho con semejante rapidez. En cinco días, Katie Zacharia pasó de ser presentada como la nueva voz del gobierno de Donald Trump a convertirse en una noticia sobre la fragilidad del propio cargo que debía representar.
El podio queda nuevamente vacío. Y la mujer que debía explicar diariamente a Estados Unidos lo que ocurría dentro de la Casa Blanca terminó protagonizando, casi de inmediato, una de las noticias que esa misma Casa Blanca tuvo que explicar.




