En los bosques nublados de los Andes peruanos, a unos 2.590 metros sobre el nivel del mar, vivía una pequeña rana de color dorado-amarillo que hasta ahora no tenía nombre para la ciencia. Los investigadores acaban de describirla oficialmente como Gastrotheca amaru, una nueva especie de rana marsupial encontrada en Huancavelica, en el centro de Perú.
Escondida en el bosque
Los primeros ejemplares fueron encontrados durante una expedición realizada en mayo de 2024 en el Área de Conservación Regional Bosque Nublado Amaru-Huachocolpa-Chihuana. Los machos fueron observados sobre helechos y pequeños arbustos, entre aproximadamente 1,5 y 3 metros del suelo. Después vinieron casi dos años de análisis antes de poder afirmar que estaban ante algo nuevo.
No bastaba con que la rana tuviera un aspecto diferente. El equipo estudió su anatomía, sus vocalizaciones y su información genética. Los resultados confirmaron que se trataba de una especie distinta de las demás conocidas del género Gastrotheca. La descripción científica fue publicada el 25 de septiembre de 2026 en la revista Zootaxa.
Una madre con una particularidad extraordinaria
Su nombre común, rana marsupial, no es casual. Las especies de Gastrotheca poseen una extraordinaria estrategia reproductiva: las hembras llevan los huevos en una bolsa situada en la espalda. En el caso de esta nueva especie, además, su intensa coloración dorado-amarilla la hace especialmente llamativa.
Gastrotheca amaru es conocida hasta ahora únicamente en esta pequeña región de los Andes peruanos, entre aproximadamente 2.550 y 2.620 metros de altitud, por lo que actualmente se considera endémica de Perú.
Y puede que no sea la última
El descubrimiento también dejó otra sorpresa. Durante la investigación fueron documentadas por primera vez en Huancavelica otras dos especies de anfibios, Hyloscirtus armatus y Rhinella leptoscelis, ampliando considerablemente lo que se conocía sobre la fauna de esta región.
Pero quizás lo más interesante de Gastrotheca amaru no sea únicamente que acabemos de descubrirla, sino dónde estaba: en un ecosistema que todavía ha sido relativamente poco estudiado y que enfrenta amenazas como incendios forestales, expansión agrícola y sobrepastoreo. Los investigadores consideran que estos bosques fragmentados podrían albergar otras especies todavía sin documentar.
En pleno 2026, cuando satélites observan prácticamente cada rincón del planeta, una pequeña rana dorada nos recuerda algo extraordinario: todavía compartimos la Tierra con criaturas que la ciencia ni siquiera conoce.



