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Alejandro Dumas: vida, obra y leyenda

Retrato antiguo y envejecido de Alejandro Dumas sentado ante un escritorio con libros y papeles

Alejandro Dumas vivió con la misma intensidad con la que escribió. Su biografía atraviesa revoluciones, teatros, viajes, amores, fortunas, deudas y una producción literaria que terminó por convertir su nombre en uno de los más reconocibles de la literatura francesa.

 

De Santo Domingo a Villers-Cotterêts

Alejandro Dumas nació el 24 de julio de 1802, en el pueblo de Villers-Cotterêts, ubicado a cuarenta kilómetros al noreste de París.

En 1760, su abuelo paterno, el marqués Antoine-Alexandre Davy de la Pailletiere, se vio obligado a emigrar hacia Santo Domingo debido a la situación de miseria en que vivía. Se instaló en La Guinodee para trabajar como plantador, y con el tiempo se casó con Marie Céssette Dumas, una esclava negra de la parte francesa de la isla, hoy República de Haití, quien dio a luz a Thomas-Alexandre y murió diez años después.

El joven marqués regresó a París, llevando consigo a su hijo mulato, y se enlistó en el Regimiento de los Dragones de la Reina, con el nombre de Thomas-Alexandre Dumas. Llegó a obtener el grado de general por su valentía en combate. Gracias a su reputación, se salvó de las depuraciones en la época del terror revolucionario, a pesar de que en varias ocasiones se negó a realizar actos contrarios a sus principios. Luchó bajo las órdenes de Napoleón Bonaparte, pero cayó en desgracia al terminar la campaña de Egipto, cuando le dijo al futuro emperador Bonaparte: “Por la gloria y el honor de la patria, yo daría la vuelta al mundo, pero si sólo se tratara de un capricho suyo, no daría un solo paso”.

La madre de Dumas se llamó Marie-Louise Labouret. Cuatro años después de dar a luz, quedó viuda y sin la pensión que le correspondía ni la posibilidad de darle a su hijo siquiera la educación elemental.

En 1811 Dumas ingresó a la escuela del pueblo, pero sólo por dos años, después de lo cual empezó a trabajar como ayudante del notario y a dedicar más tiempo a la caza en los bosques cercanos que al estudio o la lectura. En 1819 conoció a Adolphe de Leuven, un joven culto que lo interesó por la literatura y con quien escribiría su primer trabajo literario.

 

París: hambre de teatro y una letra que abrió puertas

En 1822 realizó su primer viaje a París, financiado con el producto de la caza. Quedó fascinado por la ciudad y el teatro. Por ello, un año después decidió volver con algunas cartas de recomendación para los antiguos compañeros de su padre, afectos casi todos ellos a los Borbones. Logró tan sólo una buena acogida del general Foy. En sus Memorias, Dumas describe ese primer encuentro:

El general me recibe en su despacho y al leer mi carta de recomendación y con la idea de ayudarme, pues guarda el recuerdo de mi padre, me pregunta:
—¿Sabe usted un poco de matemáticas?
—No, general.
—¿Tendrá usted, al menos, algunas nociones de geometría, de física?
—No, no.
No sabía de nada y estaba ante un suplicio y el general sufría tanto como yo.
—Un día responderé a todas sus preguntas —le dije—, le doy mi palabra.
El general me miró con profunda conmiseración.
—Sin embargo, yo no quiero abandonarlo.
—No, general. Soy un ignorante, es verdad, pero mi madre, que cuenta conmigo, no debe ser castigada por mi ignorancia y mi pereza.
—Déme su dirección —dijo el general Foy—. Escríbala ahí sobre el escritorio; pensaré qué puedo hacer por usted.
Escribí. El general me miraba. Apenas había escrito mi nombre, batió ambas manos.
—¡Estamos salvados! —exclamó.
—¿Por qué?
—Tiene usted una letra muy bella.
Dejé caer mi cabeza sobre el pecho; ya no tuve más fuerzas para soportar mi vergüenza.

El general formuló una petición al duque de Orleans para que yo obtuviera un empleo en su oficina y fue aceptada.

Su nueva plaza de escribiente en la secretaría del duque de Orleans, con un sueldo de 1 200 francos anuales, le permitió vivir independiente del sustento de su madre y comenzar el estudio de la historia de Francia y la literatura clásica. Repartía el tiempo entre el trabajo, el estudio y el amor, que ese mismo año lo sorprendió con un hijo, fruto de su romance con la costurera Marie-Catherine Lebay. Lo bautizaron con el nombre de Alejandro Dumas.

En el escaso tiempo que le quedaba solía asistir a las representaciones del teatro antiguo. Cuando vio Hamlet, su entusiasmo fue tal que desde ese momento quedó resuelta su vocación artístico-literaria. A partir de entonces escribió varias piezas pero no las mostraba por temor a la censura. No obstante, más adelante decidió presentarlas ante los severos empresarios teatrales, con el fin de comprobar si su talento era digno de la atención debida, para continuar o perfeccionarse.

Paralelamente a la dramaturgia se inició en la poesía y el cuento. En 1825 escribió una Elegía a la muerte del general Foy, su protector, que le mereció elogiosos comentarios de la prensa. Luego se estrenó La caza y el amor, su primer vodevil. La bonanza económica le permitió llevar a su madre a París e instalarse en una pequeña habitación del barrio de Saint-Denis, donde dedicaría más tiempo a su producción literaria.

Continuó con el género de vodevil a pesar de que ya le empezaba a acarrear problemas en el Palais Royal: era imposible que un empleado del duque se convirtiera en un escritorcillo de teatro popular. Contra viento y marea, el 21 de noviembre de 1826 estrenó con éxito La boda y el entierro en el teatro de la Porte de Saint-Martin. Llegó a cuarenta representaciones.

 

El nacimiento de un dramaturgo

El 10 de febrero de 1829 puso en escena el que sería su primer gran éxito teatral: Enrique III y su corte. La obra le valió su ingreso al repertorio de la Comedia Francesa y le reportó abundantes beneficios económicos. Fue así como Dumas se convirtió en uno de los líderes del movimiento artístico de aquella época, a la par de Victor Hugo. A partir de entonces se inició su serie de dramas históricos.

El biógrafo Henri Clouard cuenta la opinión que tenía Dumas sobre sí mismo:
Alejandro Dumas encontró cierto día a Victor Hugo blandiendo un periódico, y tan agitado que resultaba cómico.
—¿Qué ocurre? —preguntó Dumas riendo.
—¿Puedes imaginártelo? —dijo Hugo—. ¡Este periodista pretende que Alfredo de Vigny es el creador del drama histórico!
—¡Vaya un imbécil! —contestó Dumas con risa maligna—. ¡Como si no supiera todo el mundo que el creador soy yo!
El 30 de marzo de 1830 presentó Christine, su segundo gran éxito, en el Teatro Odeón. Cuatro meses después estalló la Revolución en París, luego de que Carlos X decretara la disolución de las cámaras y suspendiera la libertad de prensa. Dumas desempeñó un papel importante en la revuelta que llevó al poder al duque de Orleans. Se le recuerda en las barricadas con su fusil de dos tiros al hombro; en una misión para conseguir pólvora de un fortín cercano a Villers-Cotterêts, o en un recorrido por la provincia realista de la Vendée, recabando información para el nuevo rey Luis Felipe I.

Según el biógrafo Henri Troyat:
Alejandro Dumas fue recibido con amabilidad por el rey Luis Felipe, que ya había leído su informe y le explicó algunos puntos en los que no estaba de acuerdo. Dumas lo contradijo y hasta le declaró que si se producía una revuelta, debía alegrarse, porque le serviría de pretexto para no aliarse a los italianos y los polacos. Molesto por ese profano que lo provocaba en un terreno que él pretendía conocer mejor que nadie, Luis Felipe esbozó una sonrisa y le dijo:

—Señor Dumas, la política es un triste oficio… Déjeselo al rey y a sus ministros. Usted es poeta: ¡haga poesía!

Dumas se retiró cortésmente. Al llegar a su casa envió la carta de renuncia a sus servicios dentro de la secretaría donde trabajó tantos años.

El 5 de marzo de 1831 vino al mundo Marie-Alexandrine, fruto de su relación con la actriz Belle Krebsamer, quien lo obligó a reconocer a la recién nacida, así como a su primogénito. Años más tarde, en un proceso legal, obtendría la custodia definitiva de éste, que fue llevado a un colegio de internos.

El 3 de mayo del mismo año se estrenó Antony en el Théâtre de la Porte de Saint-Martin. La representación consagró a Dumas como uno de los mejores escritores dramáticos de la época. En ella se dieron cita los más famosos actores de París: Bocage y Marie Dorval, que fue después su amante, y a la que Dumas guardó siempre mucho respeto y admiración. Después de la muerte de la actriz, escribió El último año de Marie Dorval, con el propósito de recaudar fondos para su funeral. En tal evento luctuoso confesó que había sido la mujer que más había amado en su vida.

 

Viajes, fama y las grandes novelas

En 1832 Dumas realizó su primer viaje al extranjero (Suiza). Siguieron Italia (1835), Bélgica y Alemania (1838). Fue entonces cuando inició su producción de diarios de viaje.

También en 1838 sufrió la pérdida de su madre, a quien siempre dedicó sus mayores cuidados.

Dos años después se casó con la actriz Ida Ferrer. Aunque no duró mucho el matrimonio, continuó ligado a ella debido a asuntos legales y económicos.

Los éxitos de teatro siguieron uno tras otro. Poco a poco sus obras eran mejor pagadas, pero de manera paralela fue obteniendo cada vez más prestigio en las letras francesas. Sus libros fueron traducidos a varias lenguas, lo que le reportó la enorme riqueza que le valió el bienestar económico que siempre había anhelado.

En 1844 inició la serie de las grandes novelas, que narran los acontecimientos más singulares de la historia de Francia, y conquistó con Los tres mosqueteros el mayor éxito de toda la historia literaria nacional y luego del mundo entero.

Este incansable escritor publicó a partir de 1845 y con la colaboración de otros escritores que le recopilaban datos y hacían bocetos históricos, uno tras otro los grandes éxitos que todos conocemos, como El conde de Montecristo, Una hija del regente, La reina Margarita (Margot), Veinte años después, El caballero de la casa roja y La dama de Monsoreau.

 

La fortuna, el Teatro Histórico y las deudas

En 1846, cuando Dumas se encontraba en la cúspide de su carrera y su fama desbordaba las fronteras de su país natal, el ministro de Instrucción Pública de Francia, M. de Salvandy, lo invitó a viajar a Argelia para que desde ahí escribiera sobre ese país y ayudara a promover la política exterior francesa hacia la nación africana. Dumas aprobó el proyecto, pero puso como condiciones que el barco que lo llevara quedase a su disposición durante la travesía y que su pago fuera de 10 000 francos. Inició el viaje acompañado de su hijo Alejandro, de 18 años, de su colaborador Auguste Maquet y de dos amigos más. En el Puerto de Cádiz tomaron el barco La Veloce, que los condujo a Argelia y a Túnez. Las vivencias durante esos dos viajes se recogen en sus libros De París a Cádiz y La Veloce: Aventuras en Argelia.

Con el deseo de lograr también una independencia para sus obras de teatro, el 20 de febrero de 1847 inauguró el Teatro Histórico con la representación de La reina Margarita. Continuaron sus éxitos con El collar de la reina, que completa su serie sobre la Revolución francesa.

A la par que aumentaban sus ganancias lo hacían sus gastos desenfrenados; se hizo construir un palacio en Porty-Marly denominado Monte-Cristo. Para ello llevó decoradores de Argelia, compró los muebles clásicos más caros y ofreció comidas y fiestas sin límite. Mantenía a sus hijos, a las madres de ellos y a varias amantes, muchas de ellas actrices. Vivía con gran lujo y derroche, y aunque llegó a ganar 200 000 francos al año, siempre estaba endeudado.

En 1850 su teatro estaba en la bancarrota y él enfrentaba querellas judiciales por comprometerse con varias editoriales y no cumplir. Aprovechó entonces el momento histórico que se vivía en París, con la llegada al poder de Napoleón III, y se exilió en Bruselas, donde había muchos franceses que se oponían al nuevo gobierno de facto, como su amigo Victor Hugo. Allí continuó su incansable labor literaria. De ese periodo es la publicación de las Memorias.

Cuando regresó a París fundó los diarios Le Mois y Le Mousquetaire, donde publicaría varias de sus obras, pero pronto tuvo que cerrarlos por la presión de sus acreedores.

 

Rusia, Italia y la aventura con Garibaldi

En 1858 el conde Kouchelef-Bezborodko, miembro de una acaudalada familia de la nobleza rusa, invitó a Dumas a realizar un viaje de placer. Visitó San Petersburgo, Moscú, Astrakhan, Baku, Georgia y la costa del mar Negro. Ese viaje de nueve meses fue de gran provecho para su trabajo literario. A su regreso en 1859 publicó varias traducciones de escritores rusos de la época, dos libros sobre sus impresiones de viaje (En Rusia y El Cáucaso), al menos tres adaptaciones de novelas basadas en historias rusas (Sultaneta, La bola de nieve y Jane), y otras novelas que describen la vida de la aristocracia rusa, como La princesa Flora y El palacio de hielo.

En 1859 viajó a Italia. Un año después conoció al general Giuseppe Garibaldi, a quien se unió en Sicilia y ayudó con la compra de armas en Marsella, que él mismo transportaría en su buque Emma. Luego se dirigió hacia Tierra Santa. Camino hacia allá recibió la noticia de que Garibaldi había desembarcado en Nápoles, por lo que se trasladó a Palermo, desde donde comenzó a transmitir a La Presse sus escritos sobre la situación de la guerra. La compilación de todos esos artículos se publicó en 1861 bajo el título Los garibaldinos.

Después de la victoria, Garibaldi nombró a Dumas jefe de Excavaciones y Museos de Nápoles, ciudad donde vivió hasta 1864. De ese periodo es su libro La San Felice, que narra la historia de Nápoles y Sicilia bajo los Borbones y durante la Revolución partenopea. También por esos días nació su otra hija, Micaela, de su relación sentimental con Emilia Cordier.

 

Los últimos años de un escritor inagotable

Al regresar a Francia, en 1867, Dumas ofreció conferencias, asistió a charlas literarias y siguió produciendo. De entonces es Los blancos y los azules. También siguió activo en el amor, que en esa ocasión produjo un escándalo por la publicación de unas fotografías con la joven actriz estadounidense de nombre Adah Menken, de sólo 30 años. Habían sido tomadas por el fotógrafo Lieber, uno de sus acreedores, y vendidas sin su consentimiento.

Después de la llegada de Bismarck al poder y al finalizar la guerra entre Prusia y Austria, visitó Sadowa, donde se libró la batalla final. De esa época es El terror prusiano, en cuyas páginas destaca el peligro del nuevo ejército y la amenaza que representaba para su país. Sus temores se hicieron realidad con la invasión prusiana.

Algunos años antes de su muerte, trabajó en la recopilación de recetas de cocina de varios de los países que visitó. Salieron a la luz pública en un gran volumen. Para ello contó con la ayuda de la editorial Calmann-Lévy, interesada en el proyecto a sabiendas de los vastos conocimientos del autor en el arte culinario internacional. (La edición se terminó póstumamente, en 1873, bajo el título de Gran diccionario de cocina. En una de sus páginas se puede leer esta sentencia: “…los hombres viven, no de lo que comen, pero sí de lo que digieren”).

A pesar de la vejez y la enfermedad, los relatos de Dumas continuaban llenando los diarios de París. Cuando no pudo escribir más por el temblor de la mano, se hizo ayudar por un escriba, así que hasta sus últimos días sus seguidores pudieron disfrutar de El caballero de Saint-Hermine, última novela publicada por entregas en Le Moniteur Universal. Esta obra no se conoció como libro sino hasta 2005, gracias a la recopilación y edición de Claude Schopp, conocido biógrafo de Dumas.

En 1870 Dumas se refugió en la casa de campo de su hijo en Puys, imposibilitado de regresar a la capital por la guerra y su estado de salud. Murió de un ataque al corazón el 5 de diciembre, el mismo día en que los prusianos entraban en el pueblo. Dos años después, al terminar la guerra, sus restos fueron trasladados a Villers-Cotterêts, donde permanecieron hasta 2002, después de lo cual fueron llevados al Panteón de Hombres Ilustres de Francia, en París, donde reposan junto a los de otros escritores como Émile Zola, Voltaire, Rousseau y Victor Hugo.

Con motivo de la muerte de Dumas, el gran escritor Victor Hugo dijo: “Ninguna popularidad de este siglo ha sobrepasado a la de Alejandro Dumas. Sus éxitos son más que éxitos, son triunfos que tienen el brillante sonido de las fanfarrias. El nombre de Alejandro Dumas es más que francés: es europeo, es universal. Su teatro ha sido representado en el mundo entero, sus novelas han sido traducidas a todos los idiomas: Alejandro Dumas es uno de esos hombres que podemos llamar sembradores de la civilización. Purifica y mejora los espíritus con una especie de luminosidad alegre y fuerte. Fecunda las almas, las mentes, las inteligencias. Crea la sed de leer, excava el genio humano y lo siembra. Todas sus obras, tan múltiples, tan variadas, tan eruditas, tan encantadoras, tan vigorosas, emanan la clase de luz propia de Francia”.

 

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Fuentes / Referencias

Fuente principal: Alejandro Dumas. Vida y Obra, México, Servicios Editoriales / Balam Editorial, 2009.

Autores: Mercedes Balda y Manuel Galguera.

Edición y corrección original: Isabel Juvera.

Diseño original: Carlos Juvera.

Referencia histórica: http://www.servicioseditoriales.net/contdumas.htm

Archivo: Texto recuperado del antiguo Cañasanta.com.

 

Tomado de Alejandro Dumas. Vida y Obra, México, Servicios Editoriales / Balam Editorial (www.servicioseditoriales.net), 2009
(http://www.servicioseditoriales.net/contdumas.htm)
Edición y corrección: Isabel Juvera ( editora@servicioseditoriales.net)
Diseño: Carlos Juvera ( paradisemagsbcs@gmail.com)
Páginas de los autores:
http://www.alexdumas.110mb.com/
http://www.facebook.com/pages/Alejandro-Dumas-Vida-y-Obras-Libro/111639998877337?v=info


*Los autores, Mercedes Balda, es licenciada en psicología, coleccionista y estudiosa de la vida y obra de Dumas, creadora de la página web Alejandro Dumas, Vida y Obras. Reside en Lima, Perú, y Manuel Galguera es doctor en medicina e, igualmente, coleccionista y estudioso de la obra de Dumas, con varias publicaciones sobre el tema. Reside en Miami, USA.

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