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Simón Zavala Guzmán :: Poesía

Espejo antiguo sobre un muelle que refleja un barco lejano entre la niebla; ilustración en blanco y negro.

EL ESPEJO

Sé que nunca he estado aquí
ni que nunca he llegado
el rostro de este muelle ha mirado
mi vida con compasión
detrás de esta marea hay reposadas playas
donde anclar
navío tras navío he crecido entre puertos
sintiendo las ausencias
náufrago empecinado de tantas travesías
he vuelto a revivir
he vuelto a ser silueta
sombra
sangre y epidermis.

Bebo una cerveza frente al muelle
bebo otras
me caen las nostalgias de una mujer
durmiéndose en mi pecho
de qué color es su piel dice mi insomnio
dónde está su pequeño volcán
para hundirle mi fuego
las vidas que atravesé saltan cruzando
el tiempo
otra memoria nace entre las arrugas de la vida
la ciudad comienza a despertarse de su sopor
de madrugada
la calle es una larguísima cadena de recuerdos
e ideas
trastabillan mis huesos
miro a la muerte en medio de la niebla
y siento que en mi se rebelan todos mis
cadáveres
que están todavía con su sangre tibia.
Me levanto de esta nueva caída y veo
que nadie habita esta desconsolada vía
que no existe este puerto ni este muelle
y que yo aún agonizo en otro tiempo.


DAGUERROTIPO

El pensamiento es una obstinada brújula
que empuja
hacia la eternidad.

Duele la voz por el júbilo de darle olor a la
palabra.

Pasa el hombre irreverente con su verbo
por los tiempos de los tiempos
transpira su ansiedad en los misterios que su
imaginación le insufla
vuelve sobre sus húmedos vestigios
sobre la sangre que todavía late
entre sus huesos
dolorosos.

Levanta su garganta ebria de furias
y desgarramientos
se encabritan todos sus sentidos
una vieja sílaba se convulsiona
como un pez sobre
la cresta de una ola de obsidiana
el viaje inevitable transita por la
cosmogonía
con hambre de saber se devora
el tono pensativo del
creador
agoniza la frase y brota otra y otra.
un viejo jazz
despierta entre las hojas de un libro
el recuerdo espera tranquilo su tributo
de muerte
entre ayes metálicos

los ojos exiliados hurgan en el
maldito discurrir
semántico.

Dónde está la iluminación de la palabra
dónde está la revolución de esta edad
que no puede
aceptar pasivamente las cosas
dónde está el cataclismo de la memoria
que debe
conmovermos.

La palabra se eleva saca sus dientes
con ira
se subleva
y brota la poesía con sus ángeles
y demonios
a cuestas.


SINFONIA TERRICOLA

El haz voluptuoso de tu alegría es la lumbre
de un comienzo entreabriéndose
en medio de la penumbra astral
es la vendimia de una nueva fantasía en celo
para el gozo de las resurrecciones.
En el imán de tu mirada mujer de
Andrómeda
se encuentra todo el universo
la atmósfera de otro cielo infinito que guarda

otro planeta tierra
otros árboles vivos que tiemblan con la vida
otros ríos de plata besando su corteza.
Después del rostro de los años hay otros
rostros que nos miran desde el poblado
espacio
el Big Bang conoce nuestro frágil instinto
los mares esconden abecedarios ignorados
islas remotas
montañas subterráneas algas fosforescentes.
Sólo el hombre es feroz. Sólo el hombre.
Acurrucado en su odio su horror muerde
el ansia de su muerte. Cada gesto de amor
en la naturaleza
es una cópula que se brinda para construir
otro suelo
un ostracismo menos

uno debe volver al vientre de su incendio
al rastro de utopía que se perdió   
en otro éxtasis

el abedul presagia la visión de lo eterno
que hay que recorrer todavía
el mar vence los límites terráqueos
lanza diluvios bosques lácteos gaviotas
transparentes

la tierra madre eterna siempre nos espera
con sus dulces grietas abiertas
para vencer nuestra porfiada derrota.


ELEGIA PARA LA TIERRA PROFUNDA

Caes en mi como una intempestiva clave
del renacer
del arrecife y su clamor sonoro
de un lejano y desterrado continente de tierra
que algún itinerante disipado ha olvidado

cráter de estalagmitas
nieve jamás hollada
el paisaje ultimado a dentelladas se queda
en el ojo del ciego que se ha vuelto demente.

Hay que destruir este planeta
matar al mar
cazar a la ballena.

Pobre hombre terrícola. Tu desalmado impulso
te empuja hacia la muerte.

Mi desnudez asume el cálido color del sol
y sus destellos permanentes.

Adorada mía, tierra profunda
constelación de papagayos astronautas
con la luna perenne de todas tus mareas
entierro la locura.

Tierra mía
hacedora de todas las cosas de la vida
alguien tiene que saludar la épica de tus
pedernales.

Déjame entonces que yo humano caracol
lleno de mar
te diga: bebo de ti la eternidad y existo.


VIGILIA DE MI EXILIO

En la soledad del universo
la vida es una ulceración
esculpiendo el remordimiento
con un pavor que exuda lamentables
sucesos

quieta está la sombra de mi
iluso esqueleto
lista para apretar el débil acento
que me queda.

Vivo porque me invento en las córneas
de la tierra que aún debo conocer
y sus voces
que son desgarramientos invisibles de
futuras heridas
quiero sentir mis anteriores furias
el canto libre de mis pisadas antiguas
de mis sílabas desbordadas deshaciéndose
en metafísicos epítetos

por sobre mis hogueras mi garganta
es un rito
de inválido agorero
vibrando entre sonidos de distintas galaxias

siento el eco de una mujer hecha fruta
hecha beso de cristal. Qué duradera es la
brasa de su cuerpo
que todavía aroma mi antihistoria.

El universo también es un regreso
un terrible regreso
en el que no se sabe en dónde están
los nuevos y los viejos astros

pienso que antes estuve aquí conmovido
de tanta clarividencia
y que hoy estoy tan lejos de ese panal de
hechos
como si no me hubiera movido el vendaval
que extraño
ella duerme ahora en mi memoria para
que yo la invente otra vez
y me sienta de distinta manera
mi paladar intemporal y eterno la intuye
estoy aquí y dejo de ser olvido
sigo con mis cauces dubitativos por la
carne dulce de su recuerdo
explorándola

deseo que despierte para que sepa
de este ajusticiamiento
y de su víctima victoriosa reclamándola
a gritos
y esperándola otra vez
en este celestial descubrimiento.
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Fuentes / Referencias

Texto de Simón Zavala Guzmán, publicado por Cañasanta el 5 de agosto de 2010, según la página original. Recuperado de la copia conservada en Internet Archive. Se conserva íntegramente el texto de la fuente y se limpia su formato, sin completar ni reconstruir pasajes.

El encabezado interior acredita a Simón Zavala Guzmán. Se conservan los cinco poemas y las grafías originales de sus títulos.

Simón Zavala Guzmán

Poeta presentado por Cañasanta en la selección de cinco poemas publicada el 5 de agosto de 2010. La página original indica expresamente que no dispone de biografía del autor.

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