CUERDAS
Cuerdas. Existen cuerdas en los tejados,
y en los ojos profundos existen libélulas nocturnas.
Existen hilos, cuerdas transparentes
que surcan las brumas del día urbano
y los inmensos mares verdes
de los campos.
¡Tantos años! No hay libros para tantos años.
Mientras galopan las auroras sin destino cierto,
y alborotan los relojes de cuarzo
la tela gris de los sueños,
corren las horas frívolamente por las venas:
las cavernas oscuras de los tiempos.
Mientras las camas, incansables, recogen
sudores nuevos, lágrimas nuevas, nuevos muertos,
entonces, mientras tanto,
se cruzan temblorosas las infinitas cuerdas,
nocturnas, ancestrales, frágiles cuerdas de los miedos.
Se inflaman las manos que no tocan nada,
los ojos que no ven;
se retuercen los temblores y el vacío,
y el horizonte ambiguo sólo describe
un eco perpetuo de silencios.
Cuerdas. Ardores de deseos y oraciones,
úlceras de esperanzas y de credos.
Miedos. ¡Tantos miedos!
No hay libros para tantos miedos.
(De Parajes del silencio. Colección de poesía Wallada. Año 2002)
EL SEMÁFORO CERRADO
La mujer del semáforo cerrado,
la oscura mujer oscura, la mujer
de los periódicos por siempre suyos
vendiendo sus días, su juventud.
Sus lágrimas corren por el asfalto,
donde no hay cama, ni mesa, ni hijos;
derrama sus ojos en el silencio
del estrépito loco de motores.
La oscura mujer oscura, la mujer
del semáforo cerrado, espera
que se ponga la luz verde para ella,
siempre apagada, siempre oscura,
como ella, siempre y desde siempre.
No hay quien le mire ni quien le hable,
tan sólo motores encadenados
que le dejan el aire corrompido
de un pozo profundo sin salida.
No hay palabras ni encuentros, sólo
las horas que esperan en el asfalto,
siempre suyas, bajo el sol y la lluvia.
Siempre suyos los periódicos, siempre.
No hay saludos ni sonrisas, sólo
la estela ciega y sorda de motores,
y un oscuro semáforo cerrado.
(De Parajes del silencio. Colección de poesía Wallada. Año 2002)
PARÍS “LA NUIT”
París, La Nuit.
Emergida la piedra redobla sus campanas,
las luces dislocadas sobre las vías fluyen,
aceras luminosas de árboles celestes
-eternos bulevares donde desfilan solos-,
y un álgebra de aristas buscando la distancia.
París, La Nuit.
Amores ya perdidos entre las hojas muertas
de parques que dormitan como los mares lentos
circundan las miradas junto a la piedra oscura,
cuando la fuente llora infinitos deseos
sobre la quieta calma de la noche desnuda.
París, La Nuit.
En tu vientre ya rugen las voces de los muertos,
de los vivos que mueren, de los muertos ya muertos,
y de aquellos que reptan la vida en los pasillos
-inmensos laberintos de paredes inertes
donde el músico eleva un canto que no vuelve-.
París, La Nuit.
Cañerías humanas transitan por tu vientre,
veloces en su huida, donde el rastro concluye;
hay ratas al acecho y una mugre de años
junto al silencio absorto de los miles de rostros
y cuerpos atrapados entre los largos túneles.
París, La Nuit.
Los siglos ya pasados esculpen tu figura.
Inmensa la mirada, esplende la silueta
del cuerpo pluriforme de tus ansiados sueños.
La quimera perpleja de Notre Dame observa
qué pequeña es tu alma junto a la augusta piedra.
(De La esencia hallada. Registro de la Propiedad Intelectual de Andalucía MA-1010/05)
CRISÁLIDA
Seguirás siendo tú
tras la forma que olvida los laboriosos días
con afán prodigioso sobre la tierra propia.
Seguirás siendo algo
no emulado en lo ajeno, donde el eco persiste
elevándose claro con sus alas de aire.
En tu cálida sombra la quietud concentrada
es la esencia del mundo que sobre ti se cierne,
es tu propia hermosura la aurora protegida,
la guarida uniforme donde el dolor se enerva:
soledad que transforma decrepitud en alas.
Y del silencio surges, radiante creadora
de sueños engendrados donde el poeta canta
para el amor que atraes y acrisolada buscas.
Es el amor quien vuela en tu liviano cuerpo
y quien a ti te eleva con sus alas de cielo.
(De La esencia hallada. Registro de la Propiedad Intelectual de Andalucía MA-1010/05)
HORIZONTE MARINO
A lo lejos no pueden descubrirte los ojos,
contorno misterioso que la verdad ocultas,
tan bello inalcanzable -por eso mismo bello-
recibes los anhelos que el corazón indulta.
Sujetando del beso marino su secreto,
el impulso lascivo que la caricia busca
en la armoniosa tierra, como una boca inmensa,
donde el amor en olas se levanta y derrumba.
Es tu perenne imagen el hábitat perdido
de guerras y naufragios borrados por la lluvia
donde la Historia engulle: victorias y derrotas
que en tu memoria encierras como afanosa tumba.
En ti culmina el beso, la cópula celeste
uniendo agua y aire; y es plena tu hermosura,
lugar que nunca existes y eterno permaneces,
cuando derramas luces vertidas por la luna.
Allá por tus confines se pierden los deseos
y hay pájaros que vuelan donde el silencio escucha.
La infranqueable calma que en tu regazo habita,
intemporal y libre, en soledad perdura.
(De La esencia hallada. Registro de la Propiedad Intelectual de Andalucía MA-1010/05)
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