Anúnciate en Cañasanta
Únete a nuestro grupo de Facebook

Fuensanta Martín Quero :: Poesía

Primer plano de un semáforo cuya lámpara contiene un laberinto de cristal; composición surrealista en blanco y negro.

CUERDAS

Cuerdas. Existen cuerdas en los tejados,
                y en los ojos profundos existen libélulas nocturnas.
                Existen hilos, cuerdas transparentes
                que surcan las brumas del día urbano
                y los inmensos mares verdes
                de los campos.
                ¡Tantos años! No hay libros para tantos años.

                Mientras galopan las auroras sin destino cierto,
                y alborotan los relojes de cuarzo
                la tela gris de los sueños,
                corren las horas frívolamente por las venas:
                las cavernas oscuras de los tiempos.
                Mientras las camas, incansables, recogen
                sudores nuevos, lágrimas nuevas, nuevos muertos,
                entonces, mientras tanto,
                se cruzan temblorosas las infinitas cuerdas,
                nocturnas, ancestrales, frágiles cuerdas de los miedos.
                Se inflaman las manos que no tocan nada,
                los ojos que no ven;
                se retuercen los temblores y el vacío,
                y el horizonte ambiguo sólo describe
                un eco perpetuo de silencios.

                Cuerdas. Ardores de deseos y oraciones,
                úlceras de esperanzas y de credos.
                Miedos. ¡Tantos miedos!
                No hay libros para tantos miedos.


(De Parajes del silencio. Colección de poesía Wallada. Año 2002)


EL SEMÁFORO CERRADO

La mujer del semáforo cerrado,
                la oscura mujer oscura, la mujer
                de los periódicos por siempre suyos
                vendiendo sus días, su juventud.
                Sus lágrimas corren por el asfalto,
                donde no hay cama, ni mesa, ni hijos;
                derrama sus ojos en el silencio
                del estrépito loco de motores.
                La oscura mujer oscura, la mujer
                del semáforo cerrado, espera
                que se ponga la luz verde para ella,
                siempre apagada, siempre oscura,
                como ella, siempre y desde siempre.
                No hay quien le mire ni quien le hable,
                tan sólo motores encadenados
                que le dejan el aire corrompido
                de un pozo profundo sin salida.
                No hay palabras ni encuentros, sólo
                las horas que esperan en el asfalto,
                siempre suyas, bajo el sol y la lluvia.
                Siempre suyos los periódicos, siempre.
                No hay saludos ni sonrisas, sólo
                la estela ciega y sorda de motores,
                y un oscuro semáforo cerrado.


(De Parajes del silencio. Colección de poesía Wallada. Año 2002)


PARÍS “LA NUIT”

París, La Nuit.
                Emergida la piedra redobla sus campanas,
                las luces dislocadas sobre las vías fluyen,
                aceras luminosas de árboles celestes
                -eternos bulevares donde desfilan solos-,
                y un álgebra de aristas buscando la distancia.


                París, La Nuit.
                Amores ya perdidos entre las hojas muertas
                de parques que dormitan como los mares lentos
                circundan las miradas junto a la piedra oscura,
                cuando la fuente llora infinitos deseos
                sobre la quieta calma de la noche desnuda.


                París, La Nuit.
                En tu vientre ya rugen las voces de los muertos,
                de los vivos que mueren, de los muertos ya muertos,
                y de aquellos que reptan la vida en los pasillos
                -inmensos laberintos de paredes inertes
                donde el músico eleva un canto que no vuelve-.


                París, La Nuit.
                Cañerías humanas transitan por tu vientre,
                veloces en su huida, donde el rastro concluye;
                hay ratas al acecho y una mugre de años
                junto al silencio absorto de los miles de rostros
                y cuerpos atrapados entre los largos túneles.

                París, La Nuit.
                Los siglos ya pasados esculpen tu figura.
                Inmensa la mirada, esplende la silueta
                del cuerpo pluriforme de tus ansiados sueños.
                La quimera perpleja de Notre Dame observa
                qué pequeña es tu alma junto a la augusta piedra.

(De La esencia hallada. Registro de la Propiedad Intelectual de Andalucía MA-1010/05)


CRISÁLIDA

Seguirás siendo tú
                tras la forma que olvida los laboriosos días
                con afán prodigioso sobre la tierra propia.

                Seguirás siendo algo
                no emulado en lo ajeno, donde el eco persiste
                elevándose claro con sus alas de aire.

                En tu cálida sombra la quietud concentrada
                es la esencia del mundo que sobre ti se cierne,
                es tu propia hermosura la aurora protegida,
                la guarida uniforme donde el dolor se enerva:
                soledad que transforma decrepitud en alas.

                Y del silencio surges, radiante creadora
                de sueños engendrados donde el poeta canta
                para el amor que atraes y acrisolada buscas.
                Es el amor quien vuela en tu liviano cuerpo
                y quien a ti te eleva con sus alas de cielo.

(De La esencia hallada. Registro de la Propiedad Intelectual de Andalucía MA-1010/05)


HORIZONTE MARINO

A lo lejos no pueden descubrirte los ojos,
                contorno misterioso que la verdad ocultas,
                tan bello inalcanzable -por eso mismo bello-
                recibes los anhelos que el corazón indulta.

                Sujetando del beso marino su secreto,
                el impulso lascivo que la caricia busca
                en la armoniosa tierra, como una boca inmensa,
                donde el amor en olas se levanta y derrumba.

                Es tu perenne imagen el hábitat perdido           
                de guerras y naufragios borrados por la lluvia
                donde la Historia engulle: victorias y derrotas
                que en tu memoria encierras como afanosa tumba.

                En ti culmina el beso, la cópula celeste   
                uniendo agua y aire; y es plena tu hermosura,
                lugar que nunca existes y eterno permaneces,
                cuando derramas luces vertidas por la luna.

                Allá por tus confines se pierden los deseos
                y hay pájaros que vuelan donde el silencio escucha.
                La infranqueable calma que en tu regazo habita,   
                intemporal y libre, en soledad perdura.

(De La esencia hallada. Registro de la Propiedad Intelectual de Andalucía MA-1010/05)
COMPARTIR
Fuentes / Referencias

Texto de Fuensanta Martín Quero, publicado por Cañasanta el 8 de marzo de 2009, según la página original. Recuperado de la copia conservada en Internet Archive. Se conserva íntegramente el texto de la fuente y se limpia su formato, sin completar ni reconstruir pasajes.

La cabecera y la semblanza acreditan a Fuensanta Martín Quero. Se conservan los cinco poemas y las indicaciones de procedencia de «Parajes del silencio» y «La esencia hallada», con su referencia original al registro de propiedad intelectual.

Fuensanta Martín Quero

Poeta nacida en Coín, provincia de Málaga, España, en 1963, según la semblanza publicada por Cañasanta en 2009. La fuente la identifica como integrante de la Asociación de Mujeres por la Literatura y las Artes (ALAS) desde 2001 y autora de «Parajes del silencio», «Lugares y figuras» y «La esencia hallada», entre otros libros.

Deja un comentario