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Domingo Alfonso :: Poemas escogidos :: Poesía

Escena urbana de La Habana con luces y sombras, en blanco y negro.

MINIO ROJO

Tus labios son minio rojo;
tus senos, paralelos;
tus grupas color de potro alazán;
tu modo feroz de hacer el amor
me causa más impacto
que veinte catedrales.

POEMA POP 1967

Éste es un bombillo eléctrico:
miro  su casquete de metal
lleno de surcos y de relieves interminables;
adentro del bulbo los filamentos mágicos,
que alimentados de fuerzas invisibles
deshacen la oscuridad.

Me enfrento al misterio de este ser de cristal,
con la seguridad de que trata de un extraño dios,
creado por los hechiceros de este siglo XX.

EL ROSTRO DE MARLON BRANDO

El rostro de Marlon Brando
surge en la noche del cinematógrafo
con un tamaño de casi dos metros de alto
por uno y medio de ancho aproximadamente:
tiene dos cejas, debajo de las cejas un par de ojos,
entre los ojos, un poco más arriba
de la pareja de labios, una nariz;
bordeada por el pelo,
encima de las cejas, está la frente,
algo detrás de la frente,
construidas expresamente para sostén de los espejuelos,
se encuentran las orejas.

Éste es el rostro de Marlon Brando;
tomo debida cuenta de su topografía;
para verlo  pagué un peso con cincuenta centavos,
hice una cola de una hora nueve minutos,
de pie, bajo la lluvia
y ahora descubro en medio de este cine,
tocando el muslo de la mujer que me acompaña
que el rostro de Marlon Brando es sólo el rostro de una persona.

CINCO MINUTOS EN LA VIDA DE ADÁN AYMÉE

Estos cinco minutos en la vida de Adán Aymée
comenzaron a las ocho y cuarenta y cinco minutos de la
       mañana
del nueve de septiembre de mil novecientos sesenta y siete
–con cielos parte nublados y nublados,
mar ligeramente movida en la costa norte–,
en la esquina de Amargura y San Ignacio...
Adán Aymée desciende a toda prisa del ómnibus
–una ruta 15: Santos Suárez –Ayuntamiento
número 2742–,
                         tropieza con una señora
vestida de negro y verde, le pide perdón,
esquiva a cuatro o cinco personas que vienen en sentido
        contrario,
cruza la acera, consulta su reloj y viendo que son las ocho
         y cuarenta y seis,
se decide a tomar el desayuno en la cafetería de enfrente;
le da paso a un automóvil
de la marca Plymouth, del año 1952;
Se sienta junto a la barra del café.
A su izquierda una mujer con el pelo teñido,
de todos los tonos entre el castaño y el rubio;
a su derecha un joven negro de pequeña estatura
escribiendo un poema titulado
“Cinco minutos en la vida de Adán Aymée.”
Adán lo observa todo sin mucha curiosidad.
El dependiente le informa
que sólo tiene refresco y pan con mantequilla;
Adán Aymée asiente con los hombros y el hombre
saca una botella y la coloca delante de Adán;
Va después hasta un extremo del mostrador
Adán mira el rostro de la dama a su izquierda;
Esta pregunta cuánto debe; Adán admira su hermoso perfil,
La mujer deja una moneda; se levanta,
 y al girar enseña unos muslos dorados
que provocan una pequeña erección en Adán Aymée.
Ahora se sienta en el mismo lugar
un hombre de unos cuarenta y cinco años,
de camisa azul y pantalón gris.
Adán contempla por unos segundos
la fachada barroca de la iglesia, ve dos vehículos pasar,
se inclina hacia delante; ya está servido su pan con mantequilla
– mejor con margarina, piensa para sus adentros;–
Ve la hora en su reloj de pulsera
– Rolex automático, de acero inoxidable:–
son las ocho y cincuenta minutos de la mañana,
terminando de este modo
cinco minutos en la vida de Adán Aymée.

EL ESPACIO QUE SEPARA LA VIDA DE LA MUERTE

He observado la tarde.
Como naranja de luz rodaba hacia el borde de las
          tinieblas,
y yo, inclinado sobre mi ventana
viendo la brisa que comenzaba a ennegrecerse
la comparaba con mi propia vida:
era un reflejo de mi casa y de mi esposa, en silencio a
         mi lado.

Un toque de magia lo trastornaba todo
las sillas, el búcaro sin flores, el polvo sobre
          la cómoda;
todo se balanceaba como un péndulo que recorre
el espacio que separa la vida de la muerte.

EL HECHICERO Y LOS MECÁNICOS

El hechicero y los mecánicos
salen callados a beber cerveza;
se sientan en lo profundo de la taberna
y hablan entonces de las cosas nuestras de cada día;
de los tornos girando, del estruendo del taller,
de los motores compuestos poco a poco,
que al fin se mueven por su propio esfuerzo.
Luego describen las horas de la televisión,
la noche y las frazadas, la esposa, el miedo de los niños.
Los mecánicos hablan, el hechicero calla:
siente la envidia por estos hombres comunes;
quisiera abandonar su profesión en desuso,
cambiar el arte de convertir ratones en flores,
naranjas en cuchillos;
la magia aprendida con tanto esfuerzo,
por un overol manchado de grasa,
un sitio en una nave llena de máquinas y taladros,
donde giran sin término las grandes ruedas de acero negro.

DESPUÉS DEL AMOR

Esta mujer y yo terminamos.
Ahora, dejando el desorden de las sábanas
hemos mirado por la ventana hacia la calle.

Un poco a la derecha
unos obreros componen una enorme valla
que dice: Todos con boinas rojas a la Plaza de la Revolución.

Ella se vuelve al interior del cuarto de hotel.
Yo miro sus nalgas color de tinta de imprenta.
Siento lo que los hombres normales ante tal espectáculo:
Doy gracias a quien corresponda por encontrarme vivo.

ESTE OFICIO DE SER DIOS

Alguna vez, debajo del álamo con las ramas violetas; somnolento
mientras miraba las hojas cayendo en espirales al vacío
y convertidas de pronto en figuras de jóvenes desnudas
Me han propuesto ser dios:
Dotado de una suma de poderes;
pero me pregunto como puedo anular
el apetito del homicida hacia ese zumo, color rojo
la fiebre de la mujer temblorosa de sexo
por otras jóvenes criaturas
Cómo extinguir en el anciano sediento
oscuras sensaciones ante el terso muchacho
quien ofrenda sus nalgas: tibios melocotones en la playa
Qué gesto hacia el árbol atravesado por finos alfileres
mojando ramas y frutos al caer desde remotas regiones
o como soportar la pureza de cristales que dibujan la luz
en mis pardas pupilas
cuando miro a través de las ventanas el mar.

Este oficio de ser dios. Me asfixia la eternidad
Testigo invisible cada noche
del vibrar de infinitas cerillas
taladrando un oscuro aliento que lo circunda todo

mientras no se detiene la caminata sobre un espacio creciendo cada minuto
desde el inicio de los Tiempos hasta su término jamás.

Realizo un primer milagro:
Extiendo este minuto un milenio completo
Después quiero poner en estas briznas de hierba
un poco del olvido o de la indiferencia de estos peatones
que colocan en un paso delante del otro, sobre el asfalto de la calle
partes pequeñas de sus vidas, disipándose en el éter
y acumulando la desesperación y la duda dentro de mí.

CON UN PAR DE ZAPATOS NUEVOS ENTRE LAS MANOS

Ayer, cuando recibí este par de zapatos
semejantes a una pareja de rosas,
pensé que todo me sería posible.
Vi cosas en las cuales nunca hubiera pensado:
flores oscuras cubriendo las calles llenas de polvo;
incendios y muertes sucediéndose en este mismo lugar,
desde el inicio de los tiempos,
diligencias desvanecidas por el fuego y el humo,
pesadillas y lamentaciones
llegaban hasta mí
entre el sonido de golpes de campana,
delirios, visiones que me llenaban de pavor,
los crímenes y el terror de las épocas pasadas
estaban delante de mis ojos;
escenas semiocultas por montones de nubes de ceniza
(ningún otro color estaba presente:
ni el rojo ni el verde ni el magenta
y mucho menos el amarillo),
sólo el matiz de la ceniza
lo presidía todo de manera mecánica.
No pude ver el futuro
a pesar de que me empinaba tratando de conocer más;
 pero todo fue en vano.

De esta manera
me senté en una silla, al borde del camino,
con mi par de zapatos, como dos rosas, entre las manos:

no comprendía nada, estaba sentado allí,
no sería testigo de ninguna revelación,
había visto todo el horror y las tragedias
ocurridas en esta esquina del universo
a lo largo de tantos siglos
y me encontraba allí, en mi silla, tembloroso,
lleno de sudores y de mucho miedo,
cerca de la orilla del camino:
Con mi par de zapatos nuevos entre las manos.
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Fuentes / Referencias

Procedencia: Domingo Alfonso, selección de poesía publicada en CAÑASANTA el 21 de noviembre de 2008. Se conservan íntegramente los nueve poemas presentes en la página, su métrica, sus estrofas y la sangría de los versos.

Página histórica conservada por Internet Archive (captura del 13 de noviembre de 2011).

Nota de recuperación: Aunque el encabezamiento original dice «Diez de sus poemas», el archivo contiene nueve composiciones. No se añade ni reconstruye una décima pieza.

Notas y fechas del original:

MINIO ROJO: de, “Historia de una persona”, 1968

CINCO MINUTOS EN LA VIDA DE ADÁN AYMÉE: 1967

EL ESPACIO QUE SEPARA LA VIDA DE LA MUERTE: Noviembre de 1986

ESTE OFICIO DE SER DIOS: Mayo 8 del 2004

Dedicatorias del original:

EL ESPACIO QUE SEPARA LA VIDA DE LA MUERTE: Para Pedro de Oraá

ESTE OFICIO DE SER DIOS: -Para Alfredo Zaldívar-

Nota biográfica y bibliografía conservadas del archivo de 2008:

Domingo Alfonso nació el martes 10 de septiembre de 1935 en Jovellanos, un pequeño poblado de tierra colorada, lejos del mar, en el centro de la provincia de Matanzas, Cuba. De familia muy humilde. Su abuelo por parte de madre fue hijo de una mujer que al dar a luz obtuvo su libertad. Cuando su padre, a sus doce años de edad, le regaló un volumen de Poesías (“Las cien mejores poesías de la lengua castellana”), con selección y prólogo de don Marcelino Menéndez y Pelayo, vio inaugurarse en su corazón la luz maravillosa de la Poesía. No siendo una persona que pudiera llamarse especialmente “positiva” en el cánon de la sociedad cubana contemporánea. (No estando afiliado al Partido Comunista gobernante), en una sociedad altamente politizada, su propia vida y obra transcurren en un plano relativamente bajo. Como pedía nuestro Apóstol José Martí al ser humano en su paso por este mundo Domingo Alfonso (gracias a Dios) ha podido al menos: “Sembrar un árbol, escribir un libro y tener un hijo”. Sus grandes amores: su familia, (unos pocos y buenos amigos), la belleza (la Arquitectura, la Poesía, la música, el mar). Rechaza el odio social, la intolerancia, la exclusión por cualquier causa (motivos de raza, género, posición económica, religión o filiación política). Siente un gran amor por la Libertad. Ansía que prevalezcan el amor y la tolerancia entre los seres humanos para hacer más llevadera nuestra estancia sobre la Tierra.

Ha publicado:

“Sueño en el papel” / Ediciones ISLAS (ONBAP) / 1959

(En lo adelante siempre con la Editora UNIÓN de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba):

“Poemas del hombre común” / 1964

“Historia de una persona” / 1968

“Libro de buen humor” / l979

“Esta aventura de vivir” / 1987

“Vida que es angustia” / 1998

“Antología casi final” & “En la ciudad dorada” (ambos en un solo volumen) / 2002

En preparación para su publicación por la Editorial “Letras Cubanas” de La Habana, Cuba: “El Libro Principal” & “Un transeúnte cualquiera” (Poemas escritos desde el 2003 hasta el 2007).

…y su obra se encuentra en un sinnúmero de antologías poéticas.

ACERCA DE LA POESÍA DE DOMINGO ALFONSO HAN ESCRITO (entre otros poetas y críticos literarios):

José Ángel Buesa; Roberto Fernández Retamar; José Triana; Virgilio López Lemus;

Raúl Rivero; Antonio Conte; Félix Contreras; Basilia Papastamatiú; Víctor Fowler; Gerardo Fullera León; Guillermo Rodríguez Rivera; Caridad Atencio; Marino Wilson Jay; Ismael González Castañer; Marta Lesmes; Antonio Armenteros ; Charito Guerra; Pedro y Francisco de Oráa; Helio Orovio; Jesús Coss Cause; Jesús David Curbelo; Maria Masud; Enrique Saínz; Lina de Feria.

Fotografía de portada: Craig Philbrick / Unsplash. Escena urbana de La Habana; adaptación a blanco y negro, JPG de 1200 × 630 píxeles. Fotógrafo.

Domingo Alfonso

Domingo Alfonso nació el 10 de septiembre de 1935 en Jovellanos, Matanzas, Cuba. Poeta, autor de Sueño en el papel (1959), Poemas del hombre común (1964), Historia de una persona (1968) y Esta aventura de vivir (1987).

Ficha basada en la nota biográfica publicada por CAÑASANTA el 21 de noviembre de 2008.

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