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Carlos Fundora :: Día de clases :: Narrativa

Aula vacía en blanco y negro, con luz natural y sombras profundas.

Todo comienza a las mil maravillas cada mañana. Llego temprano. “Buenos días”. Se ponen de pie. “Buenos días, maestro”. Se sientan cuchicheando, abren sus cuadernos y me convierto en su centro de atención. Esto me da ánimos para asumir el papel de profesor.

-Como ustedes recordarán, en la clase anterior nos quedó un problema por resolver. Teníamos dos elementos A y B que sumados entre sí…

-¡Maestro!- me interrumpe el primero. –Este muchacho me quitó la merienda.

Cuento hasta diez.

-Por favor Isaac, devuélvele la manzana a Adán. Si la sigues tirando hacia arriba te va a caer en la cabeza y a lo mejor te da por pensar cosas extrañas.

Durante un rato todo vuelve a la normalidad.

-Les decía que si sumamos A y B tendríamos como resultado un tercer elemento que sería… a ver… ¿Quién lo sabe?

Casi todos levantan la mano, pero me interesa que responda el niño que está al final del aula. Siempre tiene un aire tan distraído, pensando en vaya usted a saber qué.

-¿Cuál es la respuesta, Sócrates?

-No sé, maestro. Yo no sé nada.

Comienzo a incomodarme. Nunca me había tropezado con un muchacho tan bruto y desinteresado. Siempre dice lo mismo, por eso lleva cuatro años sin pasar de grado.

Apelo a la paciencia de los educadores.

-Mira, Socrático, es sencillo. Si tú tienes un elemento A y le adicionas, sumas o agregas uno B, el total es un elemento C que…

-¡Eso es relativo!- Interrumpe Albert. –Si esa primera unidad la elevamos al cuadrado, o sea (A)2 y la segunda al cubo (B)3 entonces…

Ya se acabó de fastidiar la clase. No puedo dejar que este alumno empiece a hablar porque consume todo el tiempo y llena el aula de teorías raras y absurdas. ¿De dónde las sacará?

-¡Albert! –Trato de imponerme-. Esa propuesta es mejor analizarla cuando estemos en otras unidades de estudio. En la presente se supone que ustedes sean capaces de lograr una adición simple. ¡Atiendan todos! Este elemento A, y este otro…

-¡Maestro! –Tercera interrupción en la mañana. –Permiso para ir al baño.

Me quedo petrificado. Ya las cosas están tomando un caríz bastante oscuro. Albert aprovecha mi turbación y vuelve a la carga.

-Perdone, maestro, pero mi planteamiento no tiene nada que ver con las próximas unidades. A propósito, las estuve analizando y hay grandes problemas conceptuales. Por ejemplo; en la quinta unidad aparece un teorema con dos variantes: la primera, si f en x es…

-¡EUREKA! ¡EUREKA!

Lo que temía. Arquímedes regresa del baño completamente desnudo y se pone a correr y a gritar por todos los pasillos de la escuela.

El final de la jornada es previsible. Una reunión a puerta cerrada con el director, una exhortación a que perfeccione los métodos pedagógicos, pues esos estudiantes serán los genios del futuro. ¡Los genios del futuro! De solo pensarlo me da escalofrío.

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Fuentes / Referencias

Procedencia: Carlos Fundora, «Día de clases», archivo histórico de CAÑASANTA, sección Humor / Literario. Recuperación íntegra del relato; se clasifica como Narrativa por su forma de ficción humorística. La página reúne también «En defensa de la lengua», que constituye una pieza independiente.

Consultar la página histórica conservada por Internet Archive (captura del 28 de agosto de 2006). No consta fecha de publicación en la página recuperada.

Fotografía de portada: yassine rahaoui / Unsplash. Fotografía de aula vacía, adaptada a blanco y negro, JPG, 1200 × 630 píxeles. Fotógrafo.

Carlos Fundora

Reconocido humorista y guionista del grupo La Leña del Humor de Santa Clara, Cuba, nos comenta sobre su experiencia en los años de la génesis del Movimiento de Jóvenes Humoristas, el Centro Promotor del Humor, y la asesoría de programas humorísticos en la televisión cubana de hace varios lustros. Autor de los relatos humorísticos «Día de clases» y «En defensa de la lengua», publicados en el archivo histórico de CAÑASANTA.

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