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Zakarías Zafra Fernández :: Espantosa reflexión sobre los huesos de Bolívar :: Ensayo

Detalle histórico en blanco y negro relacionado con restos y memoria

La contemplación de la fosa absurda nos obliga a una cierta meditación impaciente. Nos ataca una legítima necrofilia ante ese transeúnte insepulto en hipnosis profunda. Los gases mortuorios dejan sonar un silbido de satisfacción, casi de deleite por haber purgado una ínfima fracción de nuestra propia podredumbre.

Un hombre, enclaustrado en el imperio de la gloria, condenado perpetuamente como sello de acuñar monedas, habla con su misma inmensidad, con su misma voz vernácula que revienta y hace ecos en la suciedad de la memoria: ¿Qué han hecho conmigo? ¿Quién soy ahora? Simón Bolívar, mantuano euskera, monarca criollo, emperador de medio continente. Un ánima errante por el resto de su muerte que padece el tubérculo dañino de la resurrección.

Un Libertador que pide a gritos que se liberten de él. Que sube y baja intranquilo al sepulcro y en una última tarea emancipadora viene a salvarnos de él mismo. Uno que nos implora borrar esa costumbre judaica de esperar su regreso. Un hombre que ya se ha ido, que su obra permanece en el albor de lo inmenso pero que su saldo en este mundo pesa lo mismo que un hueso de gallina, una muela de caballo o una pata de perro.

Un Simón Bolívar desmitificado, en una dualidad mesiánica de vida y muerte, de hombre y dios, de moneda del diablo y ángel apocalíptico, regresa de su largo silencio, de su larga pesadilla a hablarnos desde el polvo de los héroes, desde la horrura cósmica adonde van los grandes hombres. Un Bolívar titánico, infinitamente muerto, encerrado en el lavatorio de su gloria parece contarnos la verdad de sí mismo. Viene a revelar el testamento, el versículo de sangre que como país, como coterráneos, como mariscales de la inasible y violenta inmensidad de lo contemporáneo, estamos obligados a firmar.

A nosotros nos queda la soledad. El terrible y necesario desamparo. Los huesos son sólo un vestigio del tránsito brutal de la vida. No van a libertar a nadie. —¡Que acaben ya de calcinarse!— El compromiso es en el campo del hoy. El encuentro con nuestros propios Carabobos, Junines y Ayacuchos. Ahí está la zozobra. Ese ser realistas y republicanos en este mundo moderno. Ser el semblante griego que mira triunfante y el escudo firme ante la cotidiana perdición.

Ese cadáver encerrado en un pedazo de plomo, en un molde macabro para ser horneado en la aberración de los siglos, esa osamenta venerada en una casona de madera, embalsamado en la cima del encanto, proscrito de esa Gran Colombia que residirá eternamente en el sueño infantil de los precursores, nos muestra una imagen inefable: un Bolívar aterrorizado de ser Bolívar. Una luz amortajada que viene a alumbrar las tinieblas absolutas de nuestro entendimiento.

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Fuentes / Referencias

Del archivo de Cañasanta. «Espantosa reflexión sobre los huesos de Bolívar», de Zakarías Zafra Fernández. Publicado originalmente el 3 de octubre de 2010. Texto recuperado íntegramente y republicado con corrección exclusiva de erratas evidentes y formato editorial actualizado.

Original archivado: Internet Archive.

Zakarías Zafra Fernández

Zakarías Zafra Fernández (Barquisimeto, Estado Lara, Venezuela, 13 de mayo de 1987) es poeta, cuentista, dramaturgo y músico. En 2009 publicó Quinquenio, poemario que reúne sus primeros años de trabajo literario. Su poesía ha aparecido en medios de Colombia, Chile, Argentina y Francia, y también ha sido difundida en espacios radiales dedicados a la literatura.

Ha desarrollado además trabajo teatral, periodístico y musical. Fue columnista de publicaciones culturales, colaborador de prensa, docente de piano en el Conservatorio Vicente Emilio Sojo y productor y conductor de un programa radial dedicado al jazz y la cultura universal.

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