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UN CORAZÓN VIEJO PUEDE REJUVENECER DENTRO DE UN CUERPO JOVEN

Un sorprendente estudio sugiere que los órganos trasplantados pueden modificar su edad biológica para acercarse a la edad de la persona que los recibe. Un corazón viejo puede volverse biológicamente más joven. Y uno joven puede envejecer más rápido dentro de un organismo mayor.

Un corazón tiene una fecha de nacimiento. Hasta ahora parecía una obviedad: si pertenece a una persona de 60 años, ese corazón ha vivido aproximadamente seis décadas, independientemente de dónde termine latiendo.

Pero quizás la biología no funcione de una manera tan simple.

Una investigación realizada por científicos vinculados a Harvard y estudiada en pacientes trasplantados en Boston encontró algo extraordinario: después de un trasplante, el corazón parece comenzar a adaptarse biológicamente a la edad de su nuevo propietario.

Un corazón joven colocado en un organismo mayor mostró señales de envejecimiento acelerado. Pero ocurrió también lo contrario: corazones de donantes mayores trasplantados a personas más jóvenes mostraron características correspondientes a una edad biológica menor. No estamos hablando de ciencia ficción. Estamos hablando de corazones humanos.

 

EL CUERPO PARECE DECIRLE AL CORAZÓN CUÁNTOS AÑOS TIENE

Los investigadores, encabezados por Jesse Poganik, estudiaron primero el fenómeno en ratones. Trasplantaron corazones de animales jóvenes, de mediana edad y viejos entre individuos pertenecientes a distintos grupos de edad. Meses después analizaron aproximadamente 320.000 regiones genéticas buscando cambios en la metilación del ADN, uno de los indicadores utilizados para estimar el envejecimiento biológico. El resultado fue sorprendente.

Los corazones jóvenes colocados en animales viejos comenzaron a mostrar un envejecimiento acelerado. Los corazones viejos colocados en animales jóvenes se movieron en la dirección contraria. Su edad biológica disminuyó.

Después se preguntaron: ¿ocurriría algo parecido en seres humanos?

 

LOS CORAZONES HUMANOS HICIERON ALGO SIMILAR

El equipo recurrió a antiguos casos de trasplante realizados en el Brigham and Women’s Hospital de Boston y buscó pacientes de los que todavía existieran biopsias adecuadas para realizar análisis de metilación del ADN. Seleccionaron 11 trasplantes en los que existía una diferencia considerable entre las edades del donante y del receptor.

En algunos casos, los corazones de mayor edad habían sido trasplantados a personas entre 8 y 24 años más jóvenes. En otros, corazones jóvenes terminaron dentro de personas entre 38 y 50 años mayores que sus donantes. Y apareció nuevamente el mismo fenómeno observado en los ratones.

Los corazones trasplantados comenzaron a aproximarse biológicamente a la edad de sus nuevos organismos.

No significa que un corazón de 60 años se convierta literalmente en uno de 25 ni que todo el daño acumulado desaparezca. Algunas alteraciones probablemente sean irreversibles. Pero sí significa algo que puede resultar mucho más importante: la edad de nuestros órganos podría ser más flexible de lo que suponíamos.

 

¿DÓNDE ESTÁ REALMENTE EL RELOJ DEL ENVEJECIMIENTO?

Aquí es donde esta investigación trasciende el mundo de los trasplantes. Si un órgano puede modificar marcadores asociados a su edad simplemente porque ha cambiado de organismo, entonces parte del envejecimiento podría depender de señales que circulan por todo el cuerpo. Sangre. Hormonas. Metabolismo. Inflamación. Sistema inmunitario. Señales moleculares. El órgano no envejece completamente aislado. El organismo parece participar en la regulación de ese proceso.

La idea tiene antecedentes. Experimentos de parabiosis, en los que animales jóvenes y viejos comparten circulación sanguínea, han mostrado desde hace años que el entorno circulatorio puede modificar determinados procesos relacionados con el envejecimiento.

Pero un corazón trasplantado proporciona una prueba especialmente poderosa: el órgano conserva su historia biológica y, sin embargo, entra de pronto en un organismo completamente diferente. Y comienza a cambiar.

 

UN CORAZÓN VIEJO QUE FUNCIONA COMO UNO MÁS JOVEN

Los científicos fueron todavía más lejos. Examinaron historiales médicos de cientos de receptores de trasplantes aproximadamente un año después de las operaciones y analizaron variables relacionadas con el funcionamiento del corazón.

Algunas medidas —entre ellas la frecuencia cardiaca, el grosor de la pared posterior del corazón y la capacidad de ejercicio— parecían relacionarse más con la edad del receptor que con la edad original del donante.

Es decir, en determinados aspectos, corazones mayores dentro de organismos jóvenes parecían comportarse como corazones biológicamente más jóvenes. No todas las funciones siguieron ese patrón, y los investigadores advierten que existen daños y cambios que probablemente no puedan revertirse. Pero lo observado abre una posibilidad enorme.

 

PODRÍA CAMBIAR LA FORMA EN QUE ELEGIMOS LOS CORAZONES PARA TRASPLANTES

Existe una consecuencia inmediata. Los corazones disponibles son escasos. Solo en Estados Unidos se realizaron 4.636 trasplantes de corazón durante 2024, un 81,5 % más que en 2013. Aun así, personas continúan muriendo mientras esperan un órgano compatible.

Tradicionalmente se han preferido donantes relativamente jóvenes. De manera general se recomiendan corazones procedentes de personas menores de 45 años, aunque también pueden utilizarse órganos de donantes mayores cuando no presentan enfermedad coronaria significativa.

Si futuras investigaciones confirman que un organismo joven puede rejuvenecer parcialmente determinados aspectos biológicos de un corazón mayor, la edad cronológica del donante podría resultar menos decisiva de lo que actualmente pensamos.

Eso podría ampliar el número de corazones utilizables. Y significaría más trasplantes. Más oportunidades. Más vidas.

 

PERO HAY ALGO TODAVÍA MÁS GRANDE DETRÁS DE ESTE DESCUBRIMIENTO

Los trasplantes pueden terminar siendo solamente una parte de la historia. Porque inevitablemente aparece otra cuestión.

Si podemos descubrir qué señales del organismo joven hacen que un órgano viejo reduzca determinados marcadores de envejecimiento, ¿podríamos algún día reproducir esas señales sin necesidad de realizar un trasplante? Todavía no lo sabemos.

Este trabajo es un preprint y no ha superado aún el proceso de revisión por pares. El número de trasplantes humanos analizados directamente mediante metilación del ADN fue además pequeño: once casos.

Por eso sería prematuro hablar de una terapia de rejuvenecimiento. Pero el fenómeno merece atención. Durante mucho tiempo hemos imaginado el envejecimiento como millones de relojes que avanzan inexorablemente dentro de nuestros tejidos. Esta investigación introduce una posibilidad diferente. Quizás algunos de esos relojes puedan acelerarse. Quizás puedan desacelerarse. Y, bajo determinadas condiciones, quizás también puedan retroceder.

 


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Fuentes / Referencias
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