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LA VIDA TERRESTRE PODRÍA VIVIR EN ENCÉLADO

Un microorganismo de la Tierra ha conseguido crecer bajo condiciones diseñadas para reproducir el océano oculto de Encélado, la luna helada de Saturno. El experimento no demuestra que exista vida allí, pero confirma algo extraordinario: uno de los metabolismos más antiguos conocidos en nuestro planeta puede funcionar en un ambiente semejante al que podría existir bajo kilómetros de hielo en otro mundo.

Encélado parece desde el exterior una pequeña esfera blanca perdida alrededor de Saturno. Tiene apenas unos 500 kilómetros de diámetro y una superficie cubierta de hielo. Sin embargo, debajo de esa corteza congelada se esconde un océano global de agua salada que ha convertido a esta luna en uno de los lugares más prometedores del Sistema Solar para buscar vida extraterrestre.

Ahora los científicos han dado un paso importante para responder una pregunta mucho más concreta: ¿podría algo realmente vivir allí?

Un equipo internacional de investigadores reprodujo en laboratorio condiciones geoquímicas semejantes a las estimadas para el océano de Encélado e introdujo en ese ambiente a Methanothermococcus okinawensis, un microorganismo terrestre que normalmente habita cerca de fuentes hidrotermales submarinas. El organismo pertenece a las arqueas metanógenas. No necesita oxígeno para sobrevivir. Obtiene energía utilizando hidrógeno y dióxido de carbono y, durante ese metabolismo, produce metano.

Precisamente por esas características resulta especialmente interesante para la astrobiología.

 

UN OCÉANO EXTREMO

El océano de Encélado probablemente no sea un lugar agradable para la mayoría de los organismos terrestres. Los modelos indican que contiene muy poco oxígeno, una gran concentración de carbonatos y un ambiente extremadamente alcalino, con valores que podrían alcanzar un pH de 10 u 11.

Los investigadores reprodujeron esas condiciones y sometieron al microorganismo a una disponibilidad extremadamente baja de dióxido de carbono.

Entonces ocurrió algo inesperado. En un medio convencional de laboratorio sometido a esas mismas condiciones extremas, el microorganismo no consiguió crecer. Pero cuando fue colocado en el ambiente que simulaba la química de Encélado, continuó creciendo y produciendo metano.

La explicación está en la interacción entre el agua y las rocas. Las reacciones químicas utilizadas para reproducir lo que podría ocurrir en el fondo oceánico de Encélado generaron hidrógeno, proporcionando al microorganismo una fuente de energía. Incluso consiguió adaptar su metabolismo a las diminutas cantidades disponibles de dióxido de carbono. Los propios investigadores reconocen que no esperaban un resultado tan favorable.

 

CASSINI YA HABÍA ENCONTRADO LAS PIEZAS

Encélado posee además una ventaja extraordinaria para los científicos: su océano sale literalmente disparado al espacio. Cerca del polo sur existen enormes fracturas conocidas popularmente como “rayas de tigre”. Desde ellas emergen gigantescas columnas de vapor de agua y partículas de hielo procedentes del interior.

La sonda Cassini atravesó esas columnas repetidamente y pudo analizar su composición sin necesidad de aterrizar ni perforar la superficie. Encontró sales y compuestos orgánicos. Otros análisis proporcionaron evidencias de procesos hidrotermales en el fondo oceánico, mientras que investigaciones anteriores confirmaron que Encélado posee muchos de los ingredientes químicos considerados necesarios para la vida.

Agua líquida. Moléculas orgánicas. Una fuente de energía. Interacción entre agua y roca. Y ahora sabemos que un organismo terrestre puede utilizar una química semejante para mantenerse vivo.

 

PERO HAY ALGO MÁS

El descubrimiento llega acompañado de un segundo estudio publicado simultáneamente en Science Advances que podría cambiar la forma en que buscamos vida en Encélado. Los científicos estudiaron qué ocurre cuando pequeñas gotas procedentes del océano ascienden por las fracturas del hielo y son expulsadas al espacio. Hasta ahora se suponía que esas gotas se congelaban casi instantáneamente.

Los nuevos experimentos indican que se congelan lentamente. Durante ese proceso, las sustancias disueltas comienzan a separarse unas de otras. Sales y materiales orgánicos terminan concentrándose en regiones diferentes dentro de cada diminuta gota congelada. Después ocurre algo todavía más interesante:

Las partículas son aceleradas durante su ascenso hasta velocidades que pueden alcanzar aproximadamente 1.000 km/h. Cuando chocan contra las paredes de las fracturas de hielo, pueden romperse en fragmentos microscópicos.

El resultado es que determinados fragmentos pueden contener una concentración extraordinariamente alta de una sustancia específica.  Encélado podría estar haciendo por nosotros parte del trabajo que normalmente tendría que realizar un laboratorio.

 

SI EXISTE VIDA, PODRÍA SER MÁS FÁCIL ENCONTRARLA

La consecuencia es enorme para futuras misiones. Si una de aquellas gotas contuviera material procedente de microorganismos extraterrestres, el proceso de congelación y fragmentación podría concentrar sus componentes biológicos en determinadas partículas.

Una nave espacial tendría que atravesar las columnas de Encélado y analizar una gran cantidad de granos de hielo individualmente. Pero si encontrara uno que contuviera material biológico concentrado, los investigadores consideran que tecnología que ya existe podría identificar determinadas biofirmas.

Eso significa que quizá no sea necesario aterrizar sobre Encélado, perforar decenas de kilómetros de hielo y alcanzar físicamente su océano para realizar una búsqueda seria de vida. La propia luna está lanzando muestras de ese océano al espacio.

 

NO HEMOS ENCONTRADO VIDA EN ENCÉLADO

Esta distinción es fundamental.

Los científicos no han descubierto organismos en Encélado y el experimento tampoco demuestra que exista allí ninguna forma de vida. Lo que han demostrado es algo diferente: determinadas condiciones geoquímicas previstas para su océano permiten funcionar a un metabolismo terrestre extremadamente antiguo. Eso reduce una de las barreras que podían hacer aquel océano incompatible con la vida conocida.

Encélado ya era uno de los principales candidatos para buscar organismos fuera de nuestro planeta. Estos experimentos hacen esa posibilidad todavía más interesante. Durante décadas miramos hacia Marte preguntándonos si alguna vez había existido vida allí.

Encélado plantea una pregunta diferente. Bajo aquella superficie blanca existe actualmente un océano líquido, caliente en determinadas regiones de su fondo, químicamente activo y protegido bajo una gigantesca capa de hielo. Y ahora sabemos que, al menos en el laboratorio, una criatura de la Tierra puede vivir utilizando una química semejante.

Quizá la gran pregunta ya no sea solamente si Encélado posee los ingredientes necesarios para la vida. La pregunta es qué encontraremos cuando finalmente vayamos a buscarla.

 


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Fuentes / Referencias
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