{"id":3232,"date":"2026-10-17T19:15:38","date_gmt":"2026-10-17T23:15:38","guid":{"rendered":"https:\/\/canasanta.ca\/?p=3232"},"modified":"2026-10-17T19:26:48","modified_gmt":"2026-10-17T23:26:48","slug":"jorge-fernandez-gonzalo-elementos-elegiacos-en-la-poesia-de-claudio-rodriguez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canasanta.ca\/en\/cultura\/ensayo\/jorge-fernandez-gonzalo-elementos-elegiacos-en-la-poesia-de-claudio-rodriguez\/","title":{"rendered":"Jorge Fern\u00e1ndez Gonzalo :: Elementos eleg\u00edacos en la poes\u00eda de Claudio Rodr\u00edguez :: Ensayo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Resumen: En el presente estudio trazamos algunas de las principales l\u00edneas de la po\u00e9tica de Claudio Rodr\u00edguez por lo que respecta al uso de materiales eleg\u00edacos en sus obras. La eleg\u00eda y la muerte son motivos especialmente tratados por el autor como lo demuestran los poemas \u00abEugenio de Luelmo\u00bb, \u00abHerida en cuatro tiempos\u00bb y \u00abPerro de poeta\u00bb, que analizamos en estas l\u00edneas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Claudio Rodr\u00edguez (1934-1999) es una de las \u00faltimas grandes figuras que nos ha dejado el siglo XX en la poes\u00eda de lengua castellana. Aunque los trabajos cr\u00edticos sobre su obra ya empiezan a ser varios y de calidad, a\u00fan queda mucho para que consiga la difusi\u00f3n de un Neruda o de un poeta del 27, por mucho que su calidad po\u00e9tica no diste de la de \u00e9stos. Con s\u00f3lo cinco libros, Claudio Rodr\u00edguez se ha hecho con algunos de los premios m\u00e1s importantes de nuestras letras (el Pr\u00edncipe de Asturias, el Reina Sof\u00eda de Poes\u00eda Iberoamericana), \u00e9l que nunca se dej\u00f3 zarandear por las comidillas literarias ni por las tertulias de los autores de su generaci\u00f3n. Con Don de la Ebriedad (1954), su primera obra, escrita con tan s\u00f3lo 17 a\u00f1os durante sus largos paseos por los campos de Zamora, consigue nada m\u00e1s y nada menos que el prestigioso premio Adon\u00e1is. Gracias a un uso irracional de la palabra, casi a la manera de Rimbaud, Claudio nos muestra su sensibilidad ante la naturaleza y un af\u00e1n de conocimiento o claridad, en la terminolog\u00eda claudiana. La agudeza de aquel joven escritor supone un revuelo en el panorama l\u00edrico de la \u00e9poca, y pronto Vicente Aleixandre se fija en \u00e9l y traban juntos sincera amistad. Claudio, ya en Madrid, estudia Rom\u00e1nicas en la Universidad Central (hoy Complutense) aunque llega a destacar m\u00e1s como jugador de f\u00fatbol en el equipo universitario que como estudiante. Su memoria de licenciatura, \u00abEl elemento m\u00e1gico en las canciones infantiles de corro castellanas\u00bb, nos remite directamente a su segundo libro de poes\u00eda, Conjuros (1958), en donde la palabra es capaz de conjurar la esencia de las cosas igual que en el lenguaje intuitivo de los ni\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los a\u00f1os m\u00e1s importantes de su formaci\u00f3n po\u00e9tica disfrut\u00f3 de un lectorado en Nottingham (1958-1960) que le acerc\u00f3 a la literatura inglesa, en concreto a T. S. Eliot (a quien tradujo) y a Dylan Thomas, con quien le une, muy especialmente en los \u00faltimos a\u00f1os, un uso del lenguaje irracional e imaginativo, pero nunca surrealista. Del a\u00f1o 1965 es su obra maestra Alianza y Condena, con la cual consigui\u00f3 el Premio Nacional de Literatura. En esta obra se sopesa la dicotom\u00eda entre conocimiento posible del mundo (alianza) y la imposibilidad de llegar a las consecuencias \u00faltimas de la cognici\u00f3n (condena). Todo el poemario, y en cierto modo toda su obra de nuestro autor, se mueve en esta dicotom\u00eda entre posesi\u00f3n y p\u00e9rdida de la realidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La siguiente obra, el vuelo de la celebraci\u00f3n (1976), constituye un viaje consciente hacia la felicidad y el arrobo de las sensaciones a trav\u00e9s de la palabra po\u00e9tica y de la posibilidad de captar el mundo mediante los sentidos. A pesar de todo, el arranque de esta obra, el poema \u00abHerida en cuatro tiempos\u00bb, supondr\u00e1 una composici\u00f3n llena de amargura como veremos en estas p\u00e1ginas; cerca de su fecha de elaboraci\u00f3n hemos de situar la muerte de su madre y de una hermana, a lo que debemos a\u00f1adir la temprana p\u00e9rdida del padre cuando nuestro autor contaba tan s\u00f3lo 13 a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para muchos Casi una leyenda (1991) supone un descenso en la calidad de la obra claudiana. Pero nada m\u00e1s lejos de la realidad: el lenguaje y el ritmo se convierten en una partitura musical en donde los temas de la muerte y del conocimiento del mundo a trav\u00e9s del amor se alternan durante todo el poemario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Claudio Rodr\u00edguez muri\u00f3 en Madrid, el 22 de julio de 1999, dejando inacabado un poemario que habr\u00eda de llevar el provisional t\u00edtulo de Aventura (2005), y que hoy est\u00e1 recogido en edici\u00f3n facs\u00edmil por el estudioso de su obra Luis Miguel Garc\u00eda Jambrina. M\u00e1s tarde, en 2006, apareci\u00f3 otra publicaci\u00f3n del poeta, Poemas laterales, con composiciones que hab\u00edan quedado fuera de sus libros can\u00f3nicos, y con lo que se el broche final de la producci\u00f3n po\u00e9tica claudiana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para nuestro trabajo sobre la eleg\u00eda en su obra seleccionaremos algunos de sus textos m\u00e1s claramente relacionados con el g\u00e9nero, as\u00ed como otros versos que nos puedan ayudar a comprender su concepci\u00f3n sobre la muerte y c\u00f3mo los temas eleg\u00edacos entran a formar parte de la po\u00e9tica claudiana. Como ha se\u00f1alado D\u00edaz de Castro, la eleg\u00eda \u201cconstituye uno de los modos m\u00e1s destacados y dif\u00edcilmente evitables de la poes\u00eda de todo tiempo\u201d (D\u00edaz de Castro, 2005: 31), y nuestro poeta no ser\u00e1 una excepci\u00f3n. Para el an\u00e1lisis de sus textos utilizaremos el cl\u00e1sico estudio de Mar\u00eda Rosa Lida de Malkiel sobre la estructura de la eleg\u00eda en composiciones cl\u00e1sicas como el Libro del buen amor, del Arcipreste de Hita, o las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique. Dicha estructura se constituir\u00eda de tres partes: consideraciones sobre la muerte, lamento de supervivientes y alabanzas del difunto (Lida de Malkiel, 1941: 159).<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Poema \u00abEugenio de Luelmo\u00bb <a href=\"#fuente-1\">[1]<\/a><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera composici\u00f3n de nuestro autor en que aparece claramente un componente eleg\u00edaco como tema integrador del poema tardar\u00e1 en llegar. Su tercera obra, Alianza y Condena, comprende una composici\u00f3n dedicada a un vecino de su pueblo natal en Zamora. Destaca, para el conocedor de la obra claudiana, que tanto el tono como los motivos se asemejan m\u00e1s a la din\u00e1mica de Conjuros, su segunda obra (m\u00e1s cercana a un realismo social, pero trascendido gracias al fulgor de la palabra po\u00e9tica) que a esta obra central de nuestro autor, en donde no es tanto el plano humano como el plano del conocimiento el verdadero protagonista. Por otro lado, el nivel m\u00e9trico y formal se acerca un paso al conjunto de Alianza y Condena, con interesantes juegos de polimetr\u00eda (versos de 7 y 11 principalmente), y abandono de la rima consonante que con tanto acierto hab\u00eda cultivado Claudio en su segundo libro. La eleg\u00eda muestra, a grandes rasgos, la personalidad humilde y despreocupada, la sencillez y la llaneza de Eugenio de Luelmo, siempre en un ambiente cotidiano (el pueblo, las partidas de cartas, etc.), acompa\u00f1adas de reflexiones sobre la vida y la muerte y de la posici\u00f3n del autor ante estos tr\u00e1gicos sucesos. Un cantor de la vida y de lo asombroso como es Claudio Rodr\u00edguez se enfrenta aqu\u00ed, por primera vez en su andadura po\u00e9tica, ante un hecho que escapa a su concepci\u00f3n optimista del mundo. Y aun a pesar de ello, la composici\u00f3n no aborda el tema con pesimismo y desgarro, sino con cierta aceptaci\u00f3n y ternura, actitud moderna con respecto al tratamiento de la eleg\u00eda en siglos anteriores:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como quien fuma al pie<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">de un polvor\u00edn sin darse cuenta \u00edbamos con \u00e9l<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">y como era tan f\u00e1cil<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">de invitar no ve\u00edamos<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">que besaba al beber y que al hacerle trampas<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">en el tute, m\u00e1s en el mus, jugaba<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">de verdad, con sus cartas<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">sin marca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(PC: 151, versos 15-22)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El poema est\u00e1 divido en tres partes a trav\u00e9s de las cuales los temas y motivos eleg\u00edacos avanzan de una manera rigurosamente ordenada. La primera nos presenta en unas pocas pinceladas el tema y al amigo homenajeado: aparece Eugenio del Luelmo como un hombre ingenuo, a la vez que honrado y optimista, cuyo oficio sin horario era la compa\u00f1\u00eda, nos dir\u00e1 Claudio. Sin embargo, la descripci\u00f3n del protagonista est\u00e1 enmarcada en dos tramos de reflexi\u00f3n y meditaci\u00f3n te\u00f3rica, imprescindibles para la comprensi\u00f3n del poema. En primer lugar, la apertura de la composici\u00f3n no se corresponde con el esquema cl\u00e1sico de la eleg\u00eda, al menos no si analizamos bien cual es la verdadera intenci\u00f3n de nuestro autor:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando amanece alguien con gracia de tan sencillas<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">como a su lado son las cosas, casi<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">parecen nuevas, casi<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">sentimos el castigo, el miedo oscuro<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">de poseer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(PC: 151, vv. 1-5)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No se trata, como pudiera parecer a primera vista, de un homenaje, sin m\u00e1s, al amigo ausente, sino que aparece impl\u00edcito un tema distinto (\u00bfsecundario o principal?) como es el de la posesi\u00f3n. Recu\u00e9rdese c\u00f3mo en las primeras composiciones del libro el tema de la posesi\u00f3n del mundo (\u00abPorque no poseemos\u00bb es el t\u00edtulo del tercer poema) hab\u00eda introducido y desarrollado las ideas po\u00e9ticas de Claudio Rodr\u00edguez. El mismo t\u00edtulo del poemario, Alianza y Condena, constituye una dicotom\u00eda que sintetiza los modelos de acercamiento del poeta a la realidad cognitiva, proximidad y ebriedad unas veces, oscuro desamparo por la otredad insalvable del mundo otras. Posesi\u00f3n y p\u00e9rdida, por tanto. Entonces, tal y como veremos al analizar el resto de la composici\u00f3n, nuestro poema est\u00e1 inserto en un macrocontexto tem\u00e1tico cuyo tema es la cognici\u00f3n, y no la muerte, lo que le permite a su autor una total adecuaci\u00f3n a las directrices de esta obra y a su conflicto principal sobre el conocimiento y la apariencia. El final del fragmento se acerca m\u00e1s al tono eleg\u00edaco, incluso cabe destacar el curioso efecto dram\u00e1tico de la elipsis final en donde se indica que el Duero es mal vecino: \u00bfpor qu\u00e9 habr\u00eda de serlo? \u00bfAcaso es el r\u00edo la causa de la muerte de su viejo amigo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El segundo movimiento se plantea de forma est\u00e1tica con altos visos de lirismo. Frente a la tremenda carga realista y cotidiana de los fragmentos anteriores, nos encontramos aqu\u00ed algunas construcciones metaf\u00f3ricas (Esa velocidad conquistadora \/ de su vida, su sangre \/ de lagartija, de \u00e1guila y de perro) pero siempre desde el \u00e1mbito rural en que el protagonista se mov\u00eda (oliendo a cal, a arena, a vino, a sebo), muy lejos ya de los largos paneg\u00edricos del Siglo de Oro en donde todo eran haza\u00f1as imperecederas y descripci\u00f3n de altos valores morales. Un dato, sin embargo, contrasta con la riqueza simb\u00f3lica del pasaje, y es el de su edad: 72 a\u00f1os, seguido por la puntillosa aclaraci\u00f3n sobre su manera de andar (encorvado como una alondra, dir\u00e1 el autor, justamente por haber cargado con el peso de la vida), lo que nos remite al concepto de homo faber ensalzado, de obrero dignificado ante la visi\u00f3n del poeta. El fragmento se cerrar\u00e1 con algunas de las obsesiones t\u00edpicas de Claudio Rodr\u00edguez: \u201c\u00bfc\u00f3mo vamos ahora \/ a celebrar lo que es suceso puro, \/ noticia sin historia, trabajo que es haza\u00f1a?\u201d. El poeta se encuentra aqu\u00ed desconcertado ante la proximidad real de la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El \u00faltimo de los fragmentos del poema es una soluci\u00f3n al problema que la muerte plantea dentro de su concepci\u00f3n epif\u00e1nica. Eugenio de Luelmo, tan cercano antes, se difumina en el transcurso del p\u00e1rrafo a pesar de que el poeta fuerza su aparici\u00f3n (dos veces sale su nombre, otras tantas el pronombre personal T\u00fa y tres su hom\u00f3fono \u00e1tono tu). Las primeras l\u00edneas retoman el tema manrique\u00f1o de la muerte como un r\u00edo y la relaci\u00f3n del moribundo con este medio (\u201c\u00bfen qu\u00e9 aguas \/ te has metido?\u201d; casi a modo de moderno ubi sunt), lo que parece confirmar la duda que qued\u00f3 abierta en el primer movimiento: la posibilidad de una muerte por ahogamiento. Tras un giro esencial en el tema de la vida como r\u00edo, Claudio retoma en la \u00faltima parte \u2013n\u00f3tese el adelgazamiento de los versos con el fin de lograr cierto tono intimista\u2013 el tema de la posesi\u00f3n del mundo a trav\u00e9s de los sentidos:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nos da como verg\u00fcenza<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">vivir, nos da verg\u00fcenza<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">respirar, ver lo hermosa<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">que cae la tarde.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(PC: 154, vv. 91-94)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ante el suceso amargo de la muerte, Claudio Rodr\u00edguez parece replegarse y despreciar su propia actitud celebratoria, si bien en \u00faltima instancia, y con la lecci\u00f3n ya aprendida de la sencillez de su amigo, el poeta utiliza el s\u00edmbolo de la llave para representar la memoria de Eugenio de Luelmo y lograr as\u00ed una v\u00eda de escape, una reconciliaci\u00f3n entre los sentidos y las cosas:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">por el ojo de todas la cerraduras del mundo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">pasa tu llave y abre<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">familiar, luminosa<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">y as\u00ed entramos en casa<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">como aquel que regresa de una cita cumplida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(PC: 154, vv. 94-99)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por lo que respecta al uso de motivos eleg\u00edacos, Claudio Rodr\u00edguez ordenar\u00eda aqu\u00ed el material po\u00e9tico mediante un proceso que podr\u00eda haber heredado de otro genio, esta vez de la pintura: Vel\u00e1zquez. Ambos retrataron la ingenuidad y la miseria del hombre con la misma dignidad con que se puede trazar el retrato de un rey o de un noble. La palabra claudiana respeta, reclama la figura de Eugenio de Luelmo y nos la muestra digna dentro del espectro de tipos humanos. Quien sabe s\u00ed, ante su p\u00e9rdida inesperada, el propio Claudio hubiera querido demostrarse la importancia del amigo ido, de aquel hombre que pas\u00f3 sin ser notado por la vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El principal motivo que nos muestra el poema y que nos acerca a la tradici\u00f3n eleg\u00edaca es la met\u00e1fora de la muerte como un r\u00edo, de arraigada tradici\u00f3n b\u00edblica, aunque entregado a la posteridad en las palabras de Jorge Manrique:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nuestras vidas son los r\u00edos<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">que van a dar en la mar<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">que es el morir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, los versos de Claudio Rodr\u00edguez contradicen al poema medieval. \u201cLa muerte no es un r\u00edo, como el Duero\u201d. El mar, como el amor, acaba en cuatro paredes (vv. 63-66), y no representa un espacio inabarcable e ignoto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Merece recordarse, al respecto, la importancia que el Duero tiene en la poes\u00eda de Claudio Rodr\u00edguez en relaci\u00f3n al tema de la muerte \u2013podr\u00edamos hablar de \u201ccampos simb\u00f3licos\u201d de asociaci\u00f3n, similares a los campos sem\u00e1nticos\u2013 por motivos que deber\u00edamos buscar en la biograf\u00eda del propio poeta. Una costumbre en el pueblo de Claudio Rodr\u00edguez era arrojar un ramo de flores al Duero una vez al a\u00f1o: el ramo simboliza la muerte \u2013una muerte genes\u00edaca, \u201cflorida\u201d, en palabras del poeta\u2013 que los ni\u00f1os persiguen para tirarle piedras y ahuyentar as\u00ed a la muerte antes de recibir a la primavera. El poema \u201cun ramo por el r\u00edo\u201d nos describe la escena.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Que nadie hable de muerte en este pueblo!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Fuera del barrio del cipr\u00e9s hoy d\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">en que los ni\u00f1os van a echar el ramo,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">a echar la muerte al r\u00edo!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Salid de casa: v\u00e1monos a verla!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Ved que all\u00e1 va, miradla, ved que es cosa<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">de ni\u00f1os! Tanto miedo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">para esto. Tirad, tiradle piedras<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">que all\u00e1 va, que all\u00e1 va.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(&#8230;)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Nadie se quede en casa hoy! \u00a1Al r\u00edo,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">que all\u00e1 va el ramo, all\u00e1 se va la muerte<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">m\u00e1s florida que nunca!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8230;Ya no se ve, Dios sabe<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">si volver\u00e1, pero este a\u00f1o<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">ser\u00e1 de primavera en nuestro pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(PC: 121)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es un rasgo importante de la po\u00e9tica claudiana esta desdramatizaci\u00f3n de la muerte; no hay que temerla, porque es s\u00f3lo parte del orden de la naturaleza. As\u00ed, todos los intentos de Claudio por desdramatizar la muerte cuajan en el poema de Eugenio de Luelmo, en el cual los s\u00edmbolos acu\u00e1ticos, relacionados con una muerte cristiana, son sustituidos por fuerzas tel\u00faricas en donde la tierra aparece como engendradora de vida y en donde la idea de muerte carecer\u00eda de ese sentimiento de telicidad cristiano. \u201cComo tierra, posees\u201d, nos dice nuestro autor: la tierra es posesi\u00f3n y el agua p\u00e9rdida, del mismo modo que las religiones orientales tienen una visi\u00f3n c\u00edclica de la muerte y la religi\u00f3n cristiana habla de marcha del alma del cuerpo. De hecho, en su libro Casi una Leyenda, en el poema \u00abSecreta\u00bb (el \u00faltimo del tomo de Poes\u00edas completas), la visi\u00f3n desdramatizada de la muerte llegar\u00e1 a su apogeo con un verso que revertir\u00e1 todo su poder destructor: \u201cT\u00fa no sab\u00edas que la muerte es bella\u201d (PC: 365).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La poes\u00eda sirve de consuelo en este primer poema eleg\u00edaco dentro de la obra claudiana. Del mismo modo que la palabra puede alterar nuestra visi\u00f3n del mundo y transformarlo, la muerte debe hacerse materia del poema para poder sobrellevar su carga.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Poema \u00abHerida en cuatro tiempos\u00bb <a href=\"#fuente-2\">[2]<\/a><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfA qu\u00e9 herida se refiere nuestro poeta? Son varias las pistas que lo denuncian:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Te has ido. No te vayas. T\u00fa me has dado la mano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No te ir\u00e1s. T\u00fa, perdona, vida m\u00eda,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">hermana m\u00eda,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(&#8230;)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y que tu asesinato<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">espere mi venganza, y que nos salve.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(PC: 230, vv. 129-139)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las palabras que destacamos en it\u00e1licas pueden servirnos de ayuda para situar uno de los hechos m\u00e1s dram\u00e1ticos que le toc\u00f3 vivir a nuestro poeta: el 31 de julio de 1974 muere asesinada a manos de un antiguo novio su hermana Mar\u00eda del Carmen <a href=\"#fuente-3\">[3]<\/a>. Con motivo de aquel tr\u00e1gico suceso, Claudio escribe uno de los poemas m\u00e1s angustiosos de su obra, aunque por momentos pueda parecer que el motivo principal, la muerte de la hermana, aparezca desdibujado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De nuevo nos enfrentamos ante un poema de largas dimensiones, hecho frecuente en nuestro poeta. La divisi\u00f3n cuatripartita responde a un m\u00ednimo de narratividad que supone el viaje de vuelta a casa, el dolor (dos secciones) y el miedo al olvido de la funesta tragedia. El primero de estos tiempos, titulado \u201cAventura de una destrucci\u00f3n\u201d, se abre con la voz del poeta ante la casa familiar, ante su cama y su almohada, mostrando un sentimiento de desolaci\u00f3n y p\u00e9rdida por la nostalgia de su propia infancia. Esa cama que fue nido en su infancia, es ahora alima\u00f1a, ruina. La voz del poeta se muestra desamparada, sin amor ni familia, por lo que rememora la figura de su padre (fallecido en 1947), a sus hermanos y a su madre (fallecida en 1975, presumiblemente antes de la creaci\u00f3n del poema). El comentario final, que estructura el poema, es tajante: \u201cdonde mi salvaci\u00f3n fue vuestra muerte\u201d. El ambiente familiar enrarecido en la casa de los Rodr\u00edguez fue una pesada losa que condicion\u00f3 la personalidad del joven Claudio, ni\u00f1o retra\u00eddo y no especialmente alegre (cfr. Ca\u00f1as, 1988). S\u00f3lo las escapadas por los campos de Zamora y los primeros poemas (ambos a la vez; Claudio Rodr\u00edguez compon\u00eda poemas andando) pudieron salvarlo en su juventud del hast\u00edo y la rutina familiar, as\u00ed como a\u00f1os despu\u00e9s la huida a Inglaterra con Clara Miranda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras el enfrentamiento con su pasado, el bloque n\u00famero dos es una reflexi\u00f3n compleja y desordenada sobre el paso del tiempo, el dolor por permanecer en aquel cuarto, y las calles, y el Duero nuevamente&#8230; Todo sucede de noche, como las pesadillas que dan nombre al t\u00edtulo, hasta que llega el amanecer. El fragmento est\u00e1 escrito bajo un cierto ilogismo on\u00edrico, podr\u00eda decirse, caracter\u00edstico de quien deambula desorientado por las calles o por las habitaciones sin saber c\u00f3mo contener los sentimientos que le abruman. El final situar\u00e1 al poeta frente a un almendro, junto a su sombra; \u00bfs\u00edmbolo acaso del dolor, del dolor conocido \u2013Qu\u00e9 bien s\u00e9 su sombra\u2013 como nos dice Claudio?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cHerida\u201d es el t\u00edtulo del tercero de los movimientos. El dolor no es ya un s\u00edmbolo ni una manifestaci\u00f3n on\u00edrica, sino herida f\u00edsica, de hondo p\u00e9talo (\u00bfcompara nuestro poeta la herida con una flor?) que est\u00e1 arropando su vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero \u00e9sta no es una herida normal, no muestra el desencanto de los desdichados, ni el esqueleto del odio, ni siquiera un dolor inocente ni el sacrificio de lo que se cotiza; ahora el dolor y la herida son sinceros, no motivos po\u00e9ticos, no materia del poema, sino aut\u00e9ntico dolor por el hecho fatal que el poema a\u00fan no nos ha revelado en este punto de la lectura. La herida es, quiz\u00e1, (\u201cElla me abraza. Y basta\u201d) el tributo que los que permanecen rinden a los que se han ido, el luto con que guardar su memoria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La cuarta y \u00faltima parte concluye con un sentimiento de p\u00e9rdida de ese dolor. El poeta se pregunta el porqu\u00e9 de esa falta, de ese olvido. Aparece ya con perfecta nitidez un t\u00fa po\u00e9tico, identificado con la hermana. El dramatismo llega a su apogeo en versos como: \u201cTe has ido. No te vayas. T\u00fa me has dado la mano\u201d, en donde el poeta exige, a pesar de conocer la imposibilidad de su deseo, el regreso de su hermana Mar\u00eda del Carmen. Novedosa es para la tradici\u00f3n po\u00e9tica la idea de venganza, de venganza real por el asesinato, con que se cierra el poema (\u201cY que tu asesinato \/ espere mi venganza, y que nos salve\u201d); Claudio Rodr\u00edguez nos muestra sin tapujos un dolor real, un sentimiento que no necesita de adornos metaf\u00f3ricos para vibrar y hacerse materia del poema.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se conservan en este texto, con bastante fidelidad dentro de las muchas posibilidades de la eleg\u00eda del siglo XX, las unidades estructurales que Mar\u00eda Rosa Lida de Malkiel consideraba necesarias para los moldes cl\u00e1sicos de la eleg\u00eda: consideraciones sobre la muerte, lamento de los supervivientes, alabanza del difunto. El poema claudiano sigue, al menos, este movimiento de concreci\u00f3n, desde un discurso m\u00e1s general (en su poema son reflexiones sobre el dolor, no tanto sobre la muerte) hasta avanzar hacia la figura del muerto (muerta) pero sin pasar por el discurso de alabanza que habr\u00eda sido innecesario en una composici\u00f3n de este tipo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De nuevo, encontramos una alusi\u00f3n al r\u00edo Duero:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y pasa el agua<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">nunca tard\u00eda para amar del Duero,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">emocionada y lenta,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">quemando infancia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(PC: 226, vv. 59-62)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Encontramos aqu\u00ed una clara referencia a la infancia: el r\u00edo Duero fue testigo de las correr\u00edas del joven Claudio por los campos de Zamora y no es extra\u00f1o que asocie una vuelta al hogar con la imagen de sus aguas. Las s\u00e1banas de la cama y la figura del r\u00edo se nos muestran como objetos incorruptibles ante el paso del tiempo, lo que le induce a rememorar los primeros a\u00f1os en la casa familiar. Ahora bien, es necesario incidir en c\u00f3mo de nuevo est\u00e1 presente la imagen del r\u00edo en un poema eleg\u00edaco de nuestro poeta. Como ya hemos visto, el agua se asocia a la vida en la imaginaci\u00f3n claudiana; el mismo r\u00edo es s\u00edmbolo de muerte y \u201cfundador de ciudades\u201d, como llegar\u00e1 a decir en otro lugar el poeta (PC: 83). Sin embargo, no es at\u00edpica esta clase de met\u00e1foras bilaterales en la obra de nuestro autor si entendemos el sentido genes\u00edaco de la muerte en toda su poes\u00eda, desde la muerte florida del poema \u00abUn ramo por el r\u00edo\u00bb,\u00a0 o las potentes im\u00e1genes del poema \u00abSolvet Seclum\u00bb:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(&#8230;) del hueso que est\u00e1 a punto de ser flauta,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">y el cerebro de ser panal o mimbre<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">junto a los violines del gusano,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">la melod\u00eda en flor de la carcoma,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(&#8230;)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">con la putrefacci\u00f3n que es amor puro,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">donde la muerte ya no tiene nombre&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(PC: 362-363)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta concepci\u00f3n de la muerte sin dramatismo hace que el motivo del r\u00edo eslabone una serie de asociaciones simb\u00f3licas o campos simb\u00f3licos en donde la muerte s\u00f3lo puede ser comparada con un r\u00edo en el sentido de fuerza generadora, no como direcci\u00f3n hacia un fin desconocido o hacia un destino tr\u00e1gico.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Poema \u00abPerro de poeta\u00bb <a href=\"#fuente-4\">[4]<\/a><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nos encontramos ante una eleg\u00eda a un animal, en concreto al perro de Vicente Aleixandre, Sirio II <a href=\"#fuente-5\">[5]<\/a>. El tema no es excepcional dentro de la literatura espa\u00f1ola. En concreto, un interesante poema de Unamuno \u2013uno de esos pocos que nos confirman la certeza de un aut\u00e9ntico poeta en el fil\u00f3sofo salmantino\u2013 ofrecer\u00eda una idea muy similar pero con fines muy distintos:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">ELEG\u00cdA A LA MUERTE DE UN PERRO<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La quietud sujet\u00f3 con recia mano al pobre perro inquieto, y para siempre fiel se acost\u00f3 en su madre piadosa tierra. Sus ojos mansos no clavar\u00e1 en los m\u00edos con la tristeza de faltarle el habla; no lamer\u00e1 mi mano ni en mi regazo su cabeza fina reposar\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(&#8230;)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(En Cancionero, poema n\u00famero 260)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El largo poema unamuniano desemboca en una profunda meditaci\u00f3n sobre la muerte. Frente a este poema, de sorprendente intuici\u00f3n filos\u00f3fica, nos encontramos con el poema claudiano, m\u00e1s luminoso y musical, pero de menor intensidad dram\u00e1tica <a href=\"#fuente-6\">[6]<\/a>. Como en otros muchos poemas que se han escrito de contenido eleg\u00edaco y laudatorio, \u201cde circunstancias\u201d, como reza la terminolog\u00eda al uso, la calidad decae a menudo. Y aunque Claudio Rodr\u00edguez ha dejado muestras impresionantes de eleg\u00edas, como el comentado \u00abHerida en cuatro tiempos\u00bb, esta composici\u00f3n en concreto sacrifica parte de su calidad literaria para enaltecer la figura del personaje homenajeado. Otros autores, como el propio Aleixandre o Carlos Bouso\u00f1o, hab\u00edan probado similar suerte al componer poemas en homenaje a las mascotas que lleg\u00f3 a tener poeta del 27: Sirio I, homenajeado por su propio amo, y Sirio III, por Bouso\u00f1o. Poemas todos ellos de escasa altura literaria en contraste con el resto de sus respectivas trayectorias po\u00e9ticas. Nos toca analizar aqu\u00ed la importancia de la composici\u00f3n de Claudio Rodr\u00edguez, la \u00fanica de entre las tres que constituye una eleg\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El poema est\u00e1 estructurado en dos p\u00e1rrafos casi id\u00e9nticos en extensi\u00f3n (21 y 22 versos, respectivamente). La primera parte es una descripci\u00f3n de Sirio, recordado seis a\u00f1os despu\u00e9s de que poeta y perro se conociesen. No debieron ser escasas las visitas de Claudio a su amigo Vicente Aleixandre, como har\u00edan muchos otros poetas de tres generaciones de escritores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los \u00faltimos tres versos de esta estrofa muestran el hecho fat\u00eddico de la muerte con una imagen de una enorme fuerza expresiva:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">un buen d\u00eda, atizado por todas las golondrinas del mundo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">hasta ponerlo al rojo,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">callaste para aullar eterno aullido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(PC: 242, vv. 19-21)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La segunda parte presenta mayor desorden, aunque todo se encamina hacia un motivo concreto: la transformaci\u00f3n del perro en estrella una vez muerto, como sugiere su nombre celeste, Sirio. Se describe, para ello, una escena (\u00bfreal o simb\u00f3lica?, \u00bfcausa de la muerte del animal?) en donde unos ni\u00f1os juegan con \u00e9l y le cuelgan latas del rabo. Como ya ocurriera en el poema \u00abHerida en cuatro tiempos\u00bb, encontramos de nuevo una necesidad de comunicaci\u00f3n con el ser ido, una negaci\u00f3n de la p\u00e9rdida: \u201cy te silbo, y te hablo, y acaricio (&#8230;)\u201d, con lo que volvemos al anhelo claudiano por eliminar todos los elementos escatol\u00f3gicos y amargos de la muerte. El final del poema ofrece una imagen on\u00edrica en donde el recuerdo del animal sirve de consuelo a los vivos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sirio,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">buen amigo del hombre<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">compa\u00f1ero del poeta, estrella que all\u00e1 brillas<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">con encendidas fauces<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">en las que hoy meto al fin, sin miedo, entera<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">esta mano mordida por tu recuerdo hermoso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(PC: 243, vv. 38-43)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El esquema total no difiere mucho de los usos cl\u00e1sicos de la eleg\u00eda: homenaje inicial; circunstancias de la muerte y lamento. Se trastoca s\u00f3lo en el orden la estructura que Mar\u00eda Rosa Lida propon\u00eda para la eleg\u00eda (consideraciones sobre la muerte, lamento de supervivientes y alabanzas del difunto; en nuestro poema este tercer punto pasar\u00eda a ocupar el primer lugar), dejando as\u00ed el giro melanc\u00f3lico como nota final del poema.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una de las im\u00e1genes m\u00e1s interesantes del poema, como ya dijimos, es aquella que relaciona la muerte con las golondrinas. Sin los tintes macabros de la corneja o del cuervo, a pesar de las posibles implicaciones simb\u00f3licas de su plumaje negro, la golondrina goza en la tradici\u00f3n literaria de buena fama. As\u00ed lo confirman los famosos versos de B\u00e9cquer, en donde las aves se comportan como s\u00edmbolos del advenimiento de la primavera en su famosa rima LIII. En el poema claudiano aparecen relacionadas con la muerte, si bien estos inquietos animales tambi\u00e9n son protagonistas de otra de las composiciones claudianas (\u201cA las golondrinas\u201d, PC: 91-92) en donde se destaca m\u00e1s la marcha que la vuelta (\u201ccuantas veces \/ quise alejarme con vosotras\u201d). Tambi\u00e9n sobrevolar\u00e1n los versos de \u00abBrujas a mediod\u00eda\u00bb, primera composici\u00f3n del libro Alianza y Condena:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(&#8230;) contemplamos<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">el hondo estrago y el tenaz progreso<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">de las cosas, su eterno<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">delirio, mientras chillan<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">las golondrinas de la huida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(PC: 136)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta informaci\u00f3n nos sirve para enmarcar el s\u00edmbolo de las golondrinas dentro del pensamiento claudiano, s\u00edmbolo de viaje y transici\u00f3n, pero especialmente de huida. Quiz\u00e1 hasta podr\u00edamos ver una cierta visi\u00f3n negativa de estos p\u00e1jaros propiciada por la estridente repetici\u00f3n del fonema \/i\/ en los versos finales, que representa el sonido agudo de su graznido. De cualquier manera, parece que la muerte tambi\u00e9n aparece representada en el imaginario m\u00edtico de Claudio Rodr\u00edguez como un viaje, una huida, por lo que el s\u00edmbolo de las golondrinas encajar\u00eda dentro de la concepci\u00f3n cl\u00e1sica de la muerte; el resto del poema presenta temas muy similares a los ya estudiados, como cercan\u00eda del ser ido (\u201ccon encendidas fauces \/ en las que hoy meto al fin, sin miedo, entera \/ esta mano mordida por tu recuerdo hermoso\u201d) y desdramatizaci\u00f3n de la p\u00e9rdida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Otros elementos eleg\u00edacos<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La obra de Claudio Rodr\u00edguez no presenta muchos m\u00e1s momentos que pudi\u00e9ramos relacionar con la eleg\u00eda. Varios de esos poemas ya los hemos citado: \u00abUn ramo por el r\u00edo\u00bb nos ofrec\u00eda la imagen casi ritual de unos ni\u00f1os arrojando piedras al ramo a la deriva, s\u00edmbolo de la muerte en la conciencia de todos los vecinos; \u00abSolvet seclum\u00bb, por su parte, supone el compendio de la teor\u00eda de Claudio para explicar el fen\u00f3meno de la muerte. Sin duda es el \u00faltimo libro publicado por nuestro autor, Casi una leyenda, el de m\u00e1s ricas interpretaciones sobre dicho fen\u00f3meno. De hecho, una de las secciones se titular\u00e1 \u201cNunca vi muerte tan muerta\u201d, en donde poemas como \u00abLos almendros de Marialba\u00bb ofrecen im\u00e1genes simb\u00f3licas de muerte c\u00edclica, como las sucesiones del invierno y la primavera, o la regeneraci\u00f3n de la flor del almendro. El poema \u00abSin epitafio\u00bb corrobora la idea de una no-muerte, de una disoluci\u00f3n del hombre con la naturaleza (\u201ctanto secreto que es renacimiento\u201d). En la siguiente composici\u00f3n se nos ofrece una curiosa representaci\u00f3n de la muerte, muy alejada de las violentas personificaciones medievales, pero tambi\u00e9n mediante una figura aleg\u00f3rica, como es un cristalero que representar\u00eda la muerte corporal, y con id\u00e9nticos motivos de baile que en las Danzas de la muerte (\u201cDanza sobre esta l\u00e1pida\u201d) no ya para mostrar el poder igualatorio de la muerte, sino para insertarla en un entorno festivo y desmitificador, bajo el sugerente t\u00edtulo \u00abEl cristalero azul (la muerte)\u00bb. El \u00faltimo poema, \u00abSecreta\u00bb, nos presenta la idea de una resurrecci\u00f3n posible (\u201c\u00bfY si la primavera es verdadera?\u201d), con lo que se cierra la obra publicada en vida de nuestro autor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Junto a su concepci\u00f3n de la muerte, cabe mencionar los poemas de despedida, relacionados en muchas ocasiones con los tonos eleg\u00edacos. El poema \u00abAdi\u00f3s\u00bb constituye una despedida, fr\u00eda por lo dem\u00e1s, hacia un t\u00fa no especificado, quiz\u00e1 gen\u00e9rico, para escapar de esa \u201ctierra del escarmiento\u201d, como \u00e9l la llama:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(&#8230;) Queda<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">t\u00fa con las cosas nuestras, t\u00fa, que puedes,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">que yo me ir\u00e9 donde la noche quiera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(PC: 191)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El poema \u00abBallet del papel\u00bb, y su sencillo endecas\u00edlabo de cierre (\u201cAdi\u00f3s,\u00a0 y buena suerte. Buena suerte\u201d) nos ofrece una escena de despedida, no de personas, pero s\u00ed de los papeles que el viento arrastra y que provocan cierto estado de \u00e1nimo en el autor. Podr\u00edamos ampliar el objetivo de nuestro trabajo e incluir en este apartado todo lo que supone para nuestro poeta un sentimiento de p\u00e9rdida, pero eso nos obligar\u00eda a incluir demasiado material; baste este sencillo poema, muy expl\u00edcito, en donde se muestra c\u00f3mo la sensibilidad de nuestro autor se lamenta ante la p\u00e9rdida de la realidad, en ese punto en que los sentidos se vuelven enga\u00f1osos y la certeza de la palabra parece tambalearse y dudar. Toda la obra de Claudio Rodr\u00edguez es una alternancia de movimientos entre la certeza del mundo y su celebraci\u00f3n (Alianza) y la imposibilidad de alcanzar una conciencia plena del conjunto de la realidad (Condena). Pero esto merece un trabajo m\u00e1s minucioso que el nuestro y un enfoque totalmente diferente.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conclusiones<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Terminamos nuestra aproximaci\u00f3n a las trazas eleg\u00edacas de la poes\u00eda de Claudio Rodr\u00edguez retomando algunas de las ideas que han formado parte del estudio. Por un lado, vimos c\u00f3mo la po\u00e9tica celebratoria de Claudio es coherente en todos los sentidos, a pesar de que la balanza se incline unas veces a favor de la condena y otras de la alianza; el fen\u00f3meno de la muerte tiene que hallar cabida en el pensamiento de aqu\u00e9l que tanto se hab\u00eda esforzado por cantar la vida. La soluci\u00f3n la encuentra Claudio en un imaginario simb\u00f3lico con abundantes referencias a la tierra y a la resurrecci\u00f3n. Cuando el agua hace su aparici\u00f3n en los poemas de tono eleg\u00edaco nunca se corresponde con la visi\u00f3n cristiana de telicidad; todo es resurrecci\u00f3n en la poes\u00eda de Claudio Rodr\u00edguez, por eso la muerte es un ramo de flores que se hecha al r\u00edo, en un intento simb\u00f3lico de matar la muerte. No cabe duda de que hay cierta concepci\u00f3n agraria del mundo en su obra, sin que esto, a estas alturas, pueda representar un menosprecio de su quehacer po\u00e9tico. Los n\u00facleos urbanos no tienen tan presente el ciclo de las estaciones como un movimiento circular de vida y muerte, en donde lo que se acaba servir\u00e1 para abonar la nueva vida. Claudio no hace sino equiparar esta visi\u00f3n del mundo en constante renovaci\u00f3n con su honda po\u00e9tica, una de las m\u00e1s interesantes de las \u00faltimas d\u00e9cadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, hasta la p\u00e9rdida m\u00e1s dolorosa se ve atenuada por el rigor del poema, por la l\u00f3gica de la palabra, capaz de acercar aquello que se hab\u00eda alejado f\u00edsicamente: \u201cTe has ido. No te vayas. Tu me has dado la mano\u201d. De cualquier modo, es f\u00e1cil percibir c\u00f3mo la eleg\u00eda claudiana se inserta siempre en una finalidad secundaria o en un marco que enriquece la l\u00ednea tem\u00e1tica eleg\u00edaca: en el primero de nuestros ejemplos ve\u00edamos c\u00f3mo el problema de la posesi\u00f3n encerraba en un marco estructural distinto los motivos eleg\u00edacos. \u00abHerida en cuatro tiempos\u00bb, el m\u00e1s logrado de los tres poemas con diferencia, est\u00e1 dividido en partes que nos van acercando al tema en un tono creciente de desgarro e intimismo. El regreso al nido familiar y la infancia son argumentos que se desarrollan en los primeros tiempos del poema para presentarnos con mayor cercan\u00eda el dolor por la p\u00e9rdida de la hermana y el deseo final de venganza. Por \u00faltimo, el poema a Sirio parece girar en torno a una idea de ascensi\u00f3n (recordemos el t\u00edtulo del poemario, El vuelo de la celebraci\u00f3n\u201d) que acabar\u00e1 por fusionar el objeto nombrado con la idea que representa, la brillante estrella Sirio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Finalmente, cabe se\u00f1alar c\u00f3mo la poes\u00eda de nuestro autor comenzaba con escasas referencias a temas eleg\u00edacos (no hay eleg\u00edas propiamente dichas en ninguno de sus dos primeros libros) para acabar, en Casi una leyenda, con toda una secci\u00f3n preocupada por esa visi\u00f3n c\u00edclica y desmitificadora de la muerte. Si bien no es original, al menos s\u00ed es perfectamente coherente con su po\u00e9tica, lo que nos muestra una obra escueta pero cerrada, una de los principales monumentos po\u00e9ticos que han ofrecido los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XX en el panorama po\u00e9tico en habla castellana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jorge Fern\u00e1ndez Gonzalo analiza los elementos eleg\u00edacos en la poes\u00eda de Claudio Rodr\u00edguez. 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