{"id":2965,"date":"2026-10-16T21:51:09","date_gmt":"2026-10-17T01:51:09","guid":{"rendered":"https:\/\/canasanta.ca\/?p=2965"},"modified":"2026-10-16T23:39:33","modified_gmt":"2026-10-17T03:39:33","slug":"ricardo-iribarren-el-arlequin-y-el-clitoris-narrativa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canasanta.ca\/en\/cultura\/narrativa\/ricardo-iribarren-el-arlequin-y-el-clitoris-narrativa\/","title":{"rendered":"Ricardo Iribarren :: El Arlequ\u00edn y el Cl\u00edtoris :: Narrativa"},"content":{"rendered":"<div style=\"font-family:Georgia,serif;font-size:19px;line-height:1.8\">\n<p>Donatella no recordaba el momento en que descubriera el <i>Barquito<\/i> (su forma de llamar a cl\u00edtoris); quiz\u00e1 al acariciarlo por primera vez se desatara el placer s\u00fabito, las deliciosas ganas de orinar y Abdur, el arlequ\u00edn, saltando como un grillo. Traje rojo con rombos negros, sombrero simulando un par de cuernos y zapatos en punta como los payasos; entre una y otra voltereta, se deten\u00eda para mirarla: rostro alargado, voz profunda y ojos tristes a pesar de la sonrisa. <\/p>\n<p>\u00a0Su madre deb\u00eda ba\u00f1arla en casa del vecino, ya que en la suya siempre faltaba el agua. Al terminar, la envolv\u00eda en toallas tibias y sobre la cama, Donatella segu\u00eda acariciando el <i>Barquito<\/i>. El arlequ\u00edn corr\u00eda entonces por las paredes, se columpiaba en las manchas de grasa y a veces lo acompa\u00f1aban perros, focas o leones que ejecutaban n\u00fameros asombrosos. Cuando la ni\u00f1a retiraba la mano de la entrepierna, todos desaparec\u00edan en medio de chispas encarnadas.<\/p>\n<p>Alguna vez temi\u00f3 que sus padres la rega\u00f1aran, pero pronto advirti\u00f3 que ellos no pod\u00edan verlo; al saltar, el Arlequ\u00edn atravesaba los cuerpos y las cosas sin lastimarse ni herir a nadie. A medida que Donatella crec\u00eda, su madre se preocup\u00f3 de las risas y voces solitarias y lo coment\u00f3 con la maestra, quien explic\u00f3 que la ni\u00f1a estaba en la etapa del amigo imaginario; agreg\u00f3 que aquello era normal y que todo pasar\u00eda sin consecuencias. <\/p>\n<p>\nCasi todas las noches, el padre de Donatella regresaba borracho. Insultaba y golpeaba a su esposa, pero antes de dormir tomaba a la ni\u00f1a, la cargaba y con tono alcoholizado le hablaba tiernamente. <i>Es mucho lo que te quiero\u2026 por ti yo vivo y siento<\/i>. No conten\u00eda las l\u00e1grimas al repetir las protestas de cari\u00f1o y todas las semanas le compraba juguetes nuevos, a\u00fan cuando escaseara la comida. <\/p>\n<p>Ojos llorosos, labios apretados y una permanente mueca de amargura, su madre viv\u00eda quej\u00e1ndose de la falta de dinero. Rega\u00f1aba muy seguido a Donatella y por encima del miedo que le produc\u00edan las violentas discusiones, la ni\u00f1a pensaba que los golpes propinados por su padre eran merecidos por tratarla mal. <\/p>\n<p>\u00a1Se\u00f1oras y se\u00f1ores! \u00a1Con ustedes el trapecista atrevido y peligroso, que desaf\u00eda la muerte con toda elegancia\u2026!<\/p>\n<p>En aquella noche de sus nueve a\u00f1os, luego de esta formal presentaci\u00f3n, Abdur salt\u00f3 hasta el columpio, una rectangular mancha de humedad en el techo de la cocina; all\u00ed se balance\u00f3, camin\u00f3 cabeza abajo y brinc\u00f3 cayendo parado frente a Donatella. La mir\u00f3 a los ojos.<br \/>\n\u00a0<br \/>\nEsta noche tu vida cambiar\u00e1 \u2014 Ella entendi\u00f3 a medias sus palabras.<\/p>\n<p>No cambiar\u00e1 \u2014 asegur\u00f3 con tono terco \u2014 mi pap\u00e1 me quiere y no va a cambiar.<\/p>\n<p>Esta noche tu vida cambiar\u00e1 \u2014 repiti\u00f3 \u00e9l e hizo otra voltereta al advertir que su amiga estaba a punto de llorar \u2014 \u00a1Soy tu padre! \u2014 agreg\u00f3 ahuecando la voz y simulando que cabalgaba \u2014 \u00a1Vengo a buscarte en un caballo blanco\u2026!<\/p>\n<p>Ella volvi\u00f3 a re\u00edr hasta escuchar los gritos y los golpes. Su padre hab\u00eda llegado m\u00e1s borracho que otras veces y al entrar rompi\u00f3 la puerta. Donatella retir\u00f3 la mano del cl\u00edtoris y el arlequ\u00edn se disolvi\u00f3 en los halos de la luz del bombillo.<\/p>\n<p>A partir de ese momento se abr\u00eda un hueco en su memoria; a\u00f1os m\u00e1s tarde, los recuerdos regresar\u00edan como fragmentos s\u00fabitos y brillantes y al asociar a ellos el relato de los hechos, podr\u00eda armar lo ocurrido. <\/p>\n<p>Su padre tom\u00f3 a su madre como un ariete y golpe\u00f3 varias veces la pared con su cabeza. Donatella intent\u00f3 detenerlo tirando de los pantalones, pero con el rev\u00e9s de su mano \u00e9l la golpe\u00f3 en la cara arroj\u00e1ndola lejos. <\/p>\n<p>En los restos de recuerdos, ve\u00eda a su madre con cara de loca arrastr\u00e1ndose hasta el mueble donde guardaban la vieja pistola del abuelo; luego, el estruendo del disparo y su padre cayendo como una bolsa.<\/p>\n<p>Sola, helada y con miedo, escuch\u00f3 las sirenas; una ambulancia llev\u00f3 el cad\u00e1ver y un coche de la polic\u00eda traslad\u00f3 a su madre. Alguien le avis\u00f3 que su t\u00eda vendr\u00eda a recogerla y mientras aguardaba, Donatella meti\u00f3 la mano bajo la braga y se acarici\u00f3. Sonriente, inm\u00f3vil, mudo, el arlequ\u00edn la mir\u00f3 en silencio durante un rato, tranquiliz\u00e1ndola con su presencia. <br \/>\n\u00a0<br \/>\nSu t\u00eda Alcira era solterona y muy piadosa. Ten\u00eda dinero, viv\u00eda en una casa espaciosa y por primera vez Donatella tuvo un cuarto para ella. Pasaron los d\u00edas, volvi\u00f3 a la escuela y en los atardeceres, cuando quedaba sola, recurr\u00eda al <i>Barquito<\/i> para llamar al arlequ\u00edn. La m\u00fasica de circo resonaba al comp\u00e1s de sus caricias y las volteretas de Abdur la ayudaban a conjurar la tristeza. <\/p>\n<p><i>Ni\u00f1a t\u00edmida, callada, sumergida en su mundo<\/i>. As\u00ed la defin\u00eda la maestra. En los recreos se encerraba en el ba\u00f1o, colocaba una carpeta encima de su falda, met\u00eda la mano por debajo de la ropa y dialogaba con Abdur o disfrutaba del espect\u00e1culo. <\/p>\n<p>La noche en que su madre muri\u00f3 en la c\u00e1rcel, \u00e9l la llev\u00f3 a volar por la ciudad y al regreso comprob\u00f3 que apenas hab\u00edan pasado unos minutos. Durante el velorio y el entierro, la ayud\u00f3 a evitar la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al cumplir catorce a\u00f1os, las caricias de Donatella dejaron de ser inocentes. En esa edad tuvo su primer orgasmo. El cuarto, la luz del d\u00eda, los contornos de las cosas, desaparecieron en medio de una oscuridad embriagadora, y s\u00f3lo brillaron los ojos del arlequ\u00edn que no dejaban de mirarla fijamente. <\/p>\n<p>A los quince a\u00f1os cuestion\u00f3 su existencia. <\/p>\n<p>No eres real. Cuando quito la mano de mi <i>Barquito<\/i>, desapareces. \u00bfAcaso est\u00e1s muerto y eres un fantasma?<br \/>\nEstoy a mitad de camino entre la vida y la muerte \u2014 contest\u00f3 \u00e9l \u2014 Tus caricias me acercan a la vida. <\/p>\n<p>Otras noches la acompa\u00f1aba a mirar televisi\u00f3n; eleg\u00eda los programas m\u00e1s violentos, se extasiaba ante la sangre y los cad\u00e1veres y despu\u00e9s volv\u00eda a ser el dulce compa\u00f1ero de siempre. <\/p>\n<p>A los diecis\u00e9is a\u00f1os, Donatella conoci\u00f3 a Mauricio, su primer novio. La noche que dej\u00f3 de ser virgen, llam\u00f3 a Abdur para contarle la experiencia, y por primera vez el arlequ\u00edn no respondi\u00f3 a las caricias. Unos d\u00edas despu\u00e9s, Mauricio se emborrach\u00f3 y la golpe\u00f3 brutalmente. Los castigos se repitieron y su t\u00eda, al ver los moretones en su cuerpo y descubrirla llorando, decidi\u00f3 enviarla a lo de Palmira, prima de su madre, que viv\u00eda en un pueblo alejado y tambi\u00e9n era muy devota. <\/p>\n<p>\u00a0Se adapt\u00f3 r\u00e1pidamente a la nueva vida, pero en la peque\u00f1a ciudad, las horas se hac\u00edan largas y aburridas y los intentos de llamar al arlequ\u00edn fracasaban, hasta que una tarde calurosa a la hora de la siesta, apareci\u00f3 de pronto. Rostro rojo, voz entrecortada; no sab\u00eda qu\u00e9 hacer con las manos. Ella lo recibi\u00f3 con alegr\u00eda. <\/p>\n<p>\u00a1Abdur! \u00bfPor qu\u00e9 desapareciste todo este tiempo?<\/p>\n<p>Tu novio\u00a0 y tu angustia cerraron el <i>Barquito<\/i> y no pude pasar.<\/p>\n<p>\u00a0La tom\u00f3 de la mano y la mir\u00f3 a los ojos.<\/p>\n<p>Vine a decirte que te amo.<\/p>\n<p>Cant\u00f3 una hermosa canci\u00f3n en un lenguaje desconocido y a partir de entonces sigui\u00f3 visit\u00e1ndola todas las noches para mirarla con adoraci\u00f3n. A veces acariciaba sus mejillas y Donatella sent\u00eda un lejano hormigueo <\/p>\n<p>Abdur pertenec\u00eda a un mundo cuyos habitantes dorm\u00edan todo el tiempo y s\u00f3lo despertaban al ser convocados por un humano. Le confes\u00f3 que bajo una forma sutil e invisible, recorr\u00eda la casa para verla dormir y con una memoria ins\u00f3lita, describ\u00eda lo que guardaba su t\u00eda Alcira en cada uno de los cajones de la c\u00f3moda. <\/p>\n<p>\u00a0Ped\u00eda a Donatella relatos sobre la guerra, las armas y esa costumbre de matar y morir propia de los humanos. Una tarde su amiga lo llev\u00f3 al cementerio del pueblo y le mostr\u00f3 las tumbas, pero Abdur insist\u00eda en ver un cad\u00e1ver. A la hora de la siesta, lo hizo entrar al cuarto de Pandora, la sirvienta de su t\u00eda. Gorda, cubierta con una cofia y debajo del mosquitero, dorm\u00eda boca arriba y roncaba sonoramente. Abdur dio tres vueltas alrededor de la cama para observarla con atenci\u00f3n y pregunt\u00f3 por los resuellos.<\/p>\n<p>Todos los muertos hacen ese ruido \u2014 explic\u00f3 ella<\/p>\n<p>Aquello lo tranquiliz\u00f3 y al otro d\u00eda, cuando vio a Pandora hacer las tareas de la casa, no se asombr\u00f3. En su mundo desconoc\u00edan la muerte y la imaginaban como un estado pasajero o un sue\u00f1o; los cad\u00e1veres pod\u00edan despertar y seguir realizando sus tareas alegremente, como si nada hubiera pasado.<\/p>\n<p>\u00a0<br \/>\nUna ma\u00f1ana, la t\u00eda Palmira llam\u00f3 a Donatella y habl\u00f3 con tono solemne. <\/p>\n<p>Querida sobrina, el se\u00f1or Cecilio Madanes, amigo de la casa, desea conocerte. Es un hombre justo y piadoso. Enviud\u00f3 hace cinco a\u00f1os, no tiene hijos y desea volver a casarse. Va a proponerte matrimonio y eres t\u00fa la que debe decidir, as\u00ed que tienes dos d\u00edas para pensarlo. <\/p>\n<p>Donatella asinti\u00f3. Ya hab\u00eda olvidado a Mauricio y la divert\u00eda recibir un nuevo cortejo.<\/p>\n<p>\u00a0Gordo, calvo, con cincuenta a\u00f1os reci\u00e9n cumplidos, Cecilio se present\u00f3 al domingo siguiente con un hermoso ramo de flores y una caja de bombones Despu\u00e9s del t\u00e9, su t\u00eda los dej\u00f3 solos; el tono del hombre era afectado, pero ten\u00eda un dejo de ternura.<\/p>\n<p>\u00a0Se\u00f1orita Donatella, mi vida es un permanente di\u00e1logo con Dios y \u00e9l, en su infinita sabidur\u00eda, me ha pedido que vuelva a casarme. Era mi intenci\u00f3n convertirme en un viudo consagrado, ya que este ministerio es reconocido por la Santa Iglesia Cat\u00f3lica, pero todas las noches un \u00e1ngel del se\u00f1or se presenta encima de la Sant\u00edsima Virgen y me dice: <i>Cecilio, debes buscar una mujer joven y compasiva para levantar un hogar y tener descendencia. \u00c9se ser\u00e1 el perfecto testimonio de tu fe\u2026 <br \/>\n<\/i><br \/>\nSac\u00f3 de su bolsillo un rosario vasco con incrustaciones de diamante y se lo ofreci\u00f3.<\/p>\n<p>Le pido en nombre de Dios que se case conmigo. Le prometo felicidad no s\u00f3lo en nuestra vida, sino en la eternidad, cuando contemplemos para siempre el rostro del Se\u00f1or. <\/p>\n<p>Donatella reflexion\u00f3. Entre Cecilio y ella hab\u00eda mucha diferencia de edad y no lo amaba, pero le inspiraba seguridad, no s\u00f3lo por su dinero, sino porque estaba segura que nunca la golpear\u00eda. Contest\u00f3 que s\u00ed y esa noche, al acariciar su cl\u00edtoris, Abdur no apareci\u00f3. Tampoco lo hizo en los d\u00edas que siguieron.<\/p>\n<p>\u00a0Pasada la ceremonia y la fiesta, Cecilio habl\u00f3 con ella y aclar\u00f3 que el sexo en la pareja s\u00f3lo deb\u00eda servir para la reproducci\u00f3n. En la noche de bodas, luego de rezar un rosario completo, le mostr\u00f3 una fina s\u00e1bana con un agujero en uno de sus extremos.<\/p>\n<p>\u2014 As\u00ed se unieron mis padres y antes de ellos mis abuelos \u2014 explic\u00f3 \u2014 Esta noche tendremos relaciones y luego dormiremos en cuartos separados. <br \/>\n\u00a0<br \/>\nTodo fue r\u00e1pido, sin pasi\u00f3n, cumpliendo el Mandato B\u00edblico.<\/p>\n<p>A pesar de esos h\u00e1bitos que Donatella consideraba extravagantes, su esposo era tierno, considerado y le daba libertad. Visitaba amigas los fines de semana y libremente realizaba algunas tareas parroquiales.<\/p>\n<p>En los primeros d\u00edas del matrimonio,\u00a0 tuvo una diferencia con Cecilio. \u00c9l era experto en el manejo de\u00a0 armas y hab\u00eda ganado varios concursos de tiro. Antes de trasladarse a la casa de tres plantas que hab\u00eda pertenecido a sus padres, mostr\u00f3 a Donatella dos pistolas. <\/p>\n<p>Las guardaremos en lugares seguros que s\u00f3lo nosotros conoceremos. <\/p>\n<p>\u00a0Luego de la muerte de su padre, ella se hab\u00eda jurado que cuando viviera sola o se casara, no habr\u00eda armas en su casa. Lo discuti\u00f3 con Cecilio. <\/p>\n<p>Noches pasadas, don Omar, nuestro vecino, sufri\u00f3 un asalto \u2014 aleg\u00f3 \u00e9l \u2014 Lo golpearon brutalmente y de haber contado con un arma, habr\u00eda repelido a sus agresores. <\/p>\n<p>Su esposo conoc\u00eda la tragedia familiar.<\/p>\n<p>Sabes que yo odio la bebida \u2014 agreg\u00f3 \u2014 me considero equilibrado y responsable como para saber en qu\u00e9 momento debo usar un arma. <\/p>\n<p>Hizo que sostuviera las pistolas para familiarizarse. Una era negra, enorme y la otra peque\u00f1a, plateada, de mango nacarado. <\/p>\n<p>Parece de juguete \u2014 coment\u00f3 Donatella olvidando sus prevenciones.<\/p>\n<p>En los d\u00edas que siguieron concurri\u00f3 a pr\u00e1cticas de tiro y al poco tiempo manejaba con maestr\u00eda la pistola.<\/p>\n<p>En el atardecer, luego de su ba\u00f1o, la muchacha se envolv\u00eda en una toalla como cuando era ni\u00f1a. Acariciaba su cl\u00edtoris, pero ya hac\u00eda tiempo que el arlequ\u00edn no se presentaba y mientras se procuraba placer, s\u00f3lo ve\u00eda la mampara azul y la superficie acerada de los azulejos.<\/p>\n<p>Cuando tuvo su primer hijo, olvid\u00f3 a Abdur por un tiempo y a los pocos meses del nacimiento, volvi\u00f3 a quedar embarazada. El segundo parto, del que naci\u00f3 una ni\u00f1a, fue normal, pero durante el puerperio se alternaron la euforia y la alegr\u00eda. Rebeld\u00eda, llanto sin motivo y ganas de llorar, como si regresara la adolescencia. Ante sus estados cambiantes, Cecilio la instaba a rezar frente a la virgen, le tra\u00eda escapularios con reliquias de santos y hasta un exorcista de la capital que visit\u00f3 la casa, esparciendo agua bendita y quemando incienso. <\/p>\n<p>En esa \u00e9poca aument\u00f3 la nostalgia por el arlequ\u00edn y una tarde, apenas roz\u00f3 los labios del <i>Barquito<\/i>, apareci\u00f3 Abdur con un ramo de rosas rojas. <br \/>\n\u00a0<br \/>\n\u00bfPor qu\u00e9 tardaste tanto?<\/p>\n<p>Estabas muy ocupada cuidando de tu marido y de tus hijos \u2014 contest\u00f3 \u00e9l con tono de reproche \u2014 En estos meses recorr\u00ed la casa sin que me vean. Es muy hermosa. <\/p>\n<p>Le alcanz\u00f3 las rosas y al tocarlas, se deshicieron en goterones de luz bermeja. <\/p>\n<p>\u00bfSigues enamorado de m\u00ed?<\/p>\n<p>Te amo m\u00e1s que nunca, Donatella. Matar\u00eda por ti \u2014 dijo con emoci\u00f3n, arrodill\u00e1ndose junto a la cama. <\/p>\n<p>\u00a0Acu\u00e9state a mi lado \u2014 pidi\u00f3 ella. El arlequ\u00edn obedeci\u00f3. S\u00f3lo sinti\u00f3 un perfume muy leve\u00a0 con un dejo salado, como a sangre.<\/p>\n<p>A partir de ese d\u00eda, sus visitas fueron diarias. A la hora de la siesta y en la noche, se presentaba en su cuarto y sin pedir permiso, se acostaba junto a ella y la abrazaba. Su contacto era como una brisa tibia bajo el calor del sol; como un l\u00edquido suave que se deslizara sobre la piel<\/p>\n<p>El \u00e1nimo de Donatella mejor\u00f3. Decidi\u00f3 cantar en el coro de la parroquia y particip\u00f3 alegremente en las misas y en las reuniones con las damas de beneficencia. Cecilio supuso que la santificaci\u00f3n de la casa y el exorcismo hab\u00edan alejado las sombras.<\/p>\n<p>En los tres a\u00f1os que siguieron, Abdur apareci\u00f3 cada vez que ella se acariciaba. Conversaban de muchas cosas; \u00e9l indagaba sobre el mundo humano y ella, describ\u00eda los pa\u00edses que quedaban al otro lado del mar y narraba historias de amor y de muerte. Otras veces recordaban el pasado y el arlequ\u00edn repet\u00eda sus volteretas haciendo re\u00edr a Donatella, quien volv\u00eda a sentirse ni\u00f1a.<\/p>\n<p>Una noche, con inocencia, ella pregunt\u00f3 algo que cambiar\u00eda todo. <\/p>\n<p>\u2014 \u00bfHay alg\u00fan modo de lograr que tu cuerpo sea m\u00e1s s\u00f3lido o que yo sea m\u00e1s et\u00e9rea para estar contigo?<\/p>\n<p>\u00a0Abdur parec\u00eda aguardar esas palabras.\u00a0\u00a0 Se levant\u00f3 r\u00e1pidamente, baj\u00f3 su pantal\u00f3n y exhibi\u00f3 el miembro blanco y los test\u00edculos negruzcos. <\/p>\n<p>Si lo acaricias con pasi\u00f3n, me convertir\u00e9 en humano \u2014 dijo con esperanza. <\/p>\n<p>Donatella accedi\u00f3 divertida, aunque dudaba de los resultados. En los primeros intentos cerr\u00f3 su mano en el aire, hasta palpar la superficie sedosa que se engros\u00f3 bajo su palma.<\/p>\n<p>Deja de acariciar el <i>Barquito<\/i> \u2014 pidi\u00f3 \u00e9l. Donatella obedeci\u00f3 y por primera vez\u00a0 Abdur no se desvaneci\u00f3 entre chispas bermejas. Se inclin\u00f3 sobre ella y sinti\u00f3 el roce de sus labios. <\/p>\n<p>En ese momento escucharon voces infantiles en el pasillo.<\/p>\n<p>Vienen mis hijos\u2026 <br \/>\nPodr\u00e1n verme \u2014 dijo Abdur preocupado \u2014 Ya no ser\u00e9 invisible para ellos.<\/p>\n<p>Era lo suficientemente delgado como para caber en el closet y ocultarse entre los vestidos. Los ni\u00f1os entraron a la habitaci\u00f3n, reclamando besos y las buenas noches de su madre antes de dormir. <\/p>\n<p>Cuando todos se retiraron, Abdur se acost\u00f3 en su cama y por primera vez ambos tuvieron una verdadera noche de pasi\u00f3n. Al amanecer, el arlequ\u00edn perdi\u00f3 consistencia y desapareci\u00f3. <\/p>\n<p>A Donatella le resultaba divertido tener un amante de carne y hueso y lo convoc\u00f3 con sus caricias a la hora de la siesta; le bast\u00f3 un suave roce en el miembro para que recupere la solidez..<\/p>\n<p>\u00a0A partir de entonces vivi\u00f3 su larga luna de miel con el arlequ\u00edn. Antes de hacer el amor, Abdur la miraba fijamente y entonaba tiernas canciones. Luego acariciaba y besaba todo su cuerpo hasta llegar al sexo; por primera vez Donatella tuvo orgasmos m\u00faltiples y deb\u00eda morder la s\u00e1bana para que evitar los gemidos. <\/p>\n<p>Al cumplirse un a\u00f1o de las visitas clandestinas, una noche oy\u00f3 que golpeaban la ventana. A trav\u00e9s del vidrio vio con asombro la silueta de Abdur, aunque ella no lo hab\u00eda llamado con sus caricias. El arlequ\u00edn entr\u00f3 al cuarto; la alegr\u00eda no lo dejaba hablar y danz\u00f3 frente a ella. <\/p>\n<p>\nYa no tienes que tocarte para que aparezca \u2014 dijo por fin\u2014 Ahora soy un hombre, de carne y hueso. <\/p>\n<p>Donatella lo mir\u00f3 con espanto. <\/p>\n<p>\nYa no ser\u00e9 un fantasma \u2014 agreg\u00f3 Abdur \u2014 Tengo un cuerpo que ser\u00e1 m\u00edo para siempre. Me he convertido en un ser humano gracias a ti.<\/p>\n<p>Ella no contest\u00f3. Todo hab\u00eda sido perfecto porque depend\u00eda de sus caricias y pod\u00eda convocarlo sin riesgos, con la certeza de que en unas horas se volatilizar\u00eda. Aquello cambiaba las cosas, ya que Abdur no ten\u00eda trabajo ni casa y sus \u00fanicas pertenencias eran las ropas de arlequ\u00edn. <\/p>\n<p>\u00c9l la acarici\u00f3, mir\u00e1ndola fijamente.<\/p>\n<p>No te preocupes, ya hice todos los planes para que seamos felices. <br \/>\n\u00bfQu\u00e9 planes hiciste, Abdur?<br \/>\nNos casaremos y viviremos solos en una isla.<br \/>\nNo puede ser. Tengo mis hijos; adem\u00e1s est\u00e1 Cecilio\u2026<br \/>\nCon \u00e9l no hay problemas. Lo matar\u00e9 esta noche.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 dices, Abdur? No quiero que lo mates.<br \/>\n\u00bfEs que lo amas?<br \/>\nNo lo amo, pero es una buena persona y es el padre de mis hijos. No se puede andar por el mundo matando a la gente.<br \/>\nTodo est\u00e1 preparado, Donatella. Conozco todos los movimientos. Su muerte es cuesti\u00f3n de horas. <\/p>\n<p>Discutieron. Ante sus argumentos, Abdur se limitaba a negar con la cabeza y a mirar a un costado, manteniendo sus ojos azules fijos en un punto. Se empecinaba como un ni\u00f1o, pero no era un ni\u00f1o.\u00a0 Surgido de lo m\u00e1s \u00edntimo de Donatella, se hab\u00eda forjado con su placer y era un adulto con la inocencia y la crueldad de la infancia. <\/p>\n<p>Te entregaste a m\u00ed y gozaste. \u00c9l fue tu hombre antes que yo y debe morir por una ley natural.<\/p>\n<p>Ella pens\u00f3 que Mauricio, su primer novio, tambi\u00e9n deb\u00eda ser asesinado, pero se cuid\u00f3 de mencionarlo.<\/p>\n<p>\nDonatella guardaba ropa de su esposo en el closet. Abdur parec\u00eda saberlo, ya que lo abri\u00f3 y tom\u00f3 un pantal\u00f3n y una camisa con los que reemplaz\u00f3 el traje de arlequ\u00edn. Cecilio era m\u00e1s corpulento que \u00e9l, pero se arremang\u00f3 hasta los codos y pleg\u00f3 el pantal\u00f3n. <br \/>\n\u00a0<\/p>\n<p>Abdur, no es necesario que lo mates \u2014 repiti\u00f3 ella una vez m\u00e1s \u2014 Esta casa tiene un enorme s\u00f3tano. Te puedes alojar all\u00ed y nos encontrar\u00edamos en la noche hasta arreglar todo para fugarnos. <\/p>\n<p>\u00c9l volvi\u00f3 a mirarla fijamente.<\/p>\n<p>\u2014 Vengo de un mundo donde dormimos todo el tiempo y despertamos cuando alg\u00fan ser humano piensa en nosotros. No conocemos el honor, el sexo ni la muerte, pero so\u00f1amos con ellos. Yo cumplo el anhelo de mis hermanos al matar por amor. No te preocupes. Todo ser\u00e1 r\u00e1pido. Ahora soy tu marido y me debes obediencia.<\/p>\n<p>El sol del amanecer entr\u00f3 por la ventana y dio de lleno en su rostro. Silencioso, p\u00e1lido, con\u00a0 expresi\u00f3n de misterio y una intensa belleza. Antes que Donatella pudiera impedirlo, camin\u00f3 hasta la puerta y sali\u00f3 al pasillo de la planta alta. Ella se asom\u00f3 de inmediato, pero ya hab\u00eda desaparecido. Desde el comedor lleg\u00f3 el ruido de la plater\u00eda; en media hora servir\u00edan el desayuno. Se asom\u00f3 por el barandal y comprob\u00f3 que las sirvientas limpiaban\u00a0 los cubiertos con tranquilidad. No hab\u00edan visto a Abdur. <\/p>\n<p>\u00a0De pronto tuvo un presentimiento y corri\u00f3 hacia la c\u00f3moda donde escond\u00edan la pistola negra. No estaba en el caj\u00f3n de doble fondo. Abdur, en su forma incorp\u00f3rea, habr\u00eda visto el arma y estudiado los movimientos de la casa. Era posible que planeara la muerte de Cecilio desde mucho tiempo atr\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00a0Donatella fue al closet donde guardaba la pistola peque\u00f1a y suspir\u00f3 aliviada al comprobar que estaba all\u00ed. La tom\u00f3, regres\u00f3 a su cuarto y llam\u00f3 a emergencias reportando que un extra\u00f1o hab\u00eda entrado a su domicilio. Al escuchar la direcci\u00f3n, afirmaron que vendr\u00edan de inmediato; Cecilio ten\u00eda influencias en la polic\u00eda y el gobierno.<\/p>\n<p>\nDieron las siete, hora en que su esposo despertaba. Entr\u00f3 al cuarto; acababa de salir del ba\u00f1o y vest\u00eda una bata. <\/p>\n<p>Querido, hay un hombre en la casa. Lo vi saltar la medianera. y creo que est\u00e1 armado. Avis\u00e9 a la polic\u00eda y est\u00e1n por llegar.<\/p>\n<p>\u00c9l la mir\u00f3 con incredulidad<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 dices, Donatella? \u00bfEst\u00e1s segura? <\/p>\n<p>Subi\u00f3 al techo y entr\u00f3 por la ventana del pasillo. Lo vi desde mi cuarto\u2026<\/p>\n<p>\u00a0Cecilio estaba cerca de la puerta, la abri\u00f3 y se asom\u00f3 al pasillo. El disparo hizo temblar los vidrios y la bala pas\u00f3 a pocos cent\u00edmetros de su cabeza, incrust\u00e1ndose en el marco. Todos vieron la figura de Abdur correr y escabullirse por una de las ventanas. <\/p>\n<p>La polic\u00eda revis\u00f3 la casa y no lo encontraron. Cecilio comprob\u00f3 que no estaban las pistolas; Donatella hab\u00eda guardado la suya en un bolso viejo, pero no lo coment\u00f3.<\/p>\n<p>Durante el d\u00eda acarici\u00f3 su cl\u00edtoris para llamar a Abdur, hasta comprender que hab\u00eda dejado de ser un fantasma y todo ser\u00eda in\u00fatil. Quiz\u00e1 estuviera en la copa de un \u00e1rbol o en un recodo de la medianera, buscando la oportunidad de entrar en su cuarto. <\/p>\n<p>Particip\u00f3 en el grupo de oraci\u00f3n organizado por la parroquia para agradecer el milagro que salvara la vida de Cecilio y pedir por la soluci\u00f3n del problema. Al anochecer, prepar\u00f3 una maleta con ropas, un bolso con objetos personales y guard\u00f3 la pistola en su cartera. Hizo compa\u00f1\u00eda a su esposo hasta las diez; luego cuid\u00f3 que los ni\u00f1os se durmieran y se retir\u00f3 a su cuarto. Apag\u00f3 la luz y esper\u00f3 a oscuras. Afuera brillaban las luces de los patrulleros y por un momento temi\u00f3 que Abdur no pudiera llegar debido a la custodia policial de la casa. A la una escuch\u00f3 golpes en la ventana. Abri\u00f3 r\u00e1pidamente. <\/p>\n<p>\u00a1Abdur!. Es peligroso que hayas venido <br \/>\n\u00a0Mi piel toma el color de las paredes y puedo subir por cualquier superficie con mis pies y mis manos. <\/p>\n<p>Entr\u00f3 al cuarto con la cabeza baja.<\/p>\n<p>Debo pedirte perd\u00f3n, Donatella.<br \/>\nDime por qu\u00e9.<\/p>\n<p>Temo que hayas dejado de quererme luego de esta ma\u00f1ana\u2026<\/p>\n<p>Ella acarici\u00f3 su cabeza con ternura.<\/p>\n<p>\u00a0No te preocupes. Fue un momento de debilidad. No debes avergonzarte de haber perdido el control. Ahora ver\u00e1s que todo ser\u00e1 f\u00e1cil, que podremos ser felices\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u2026hab\u00eda imaginado muchas veces ese momento \u2014 interrumpi\u00f3 \u00e9l \u2014 No s\u00e9 por qu\u00e9 fall\u00f3 el disparo. De haber matado a tu marido, ya estar\u00edamos viajando a nuestra isla.<\/p>\n<p>No te preocupes \u2014 repiti\u00f3 ella \u2014ya lo mat\u00e9 yo.<\/p>\n<p>Fue la primera vez que Donatella vio un brillo en sus ojos .<\/p>\n<p>\u00bfEs cierto lo que dices?<br \/>\n\u00a0Est\u00e1 muerto en su cama. \u00bfQuieres verlo?<\/p>\n<p>\u00a0Entraron en silencio al cuarto de Cecilio que dorm\u00eda boca arriba, con la boca abierta y roncando sonoramente.<\/p>\n<p>Escucha esos ruidos \u2014 susurr\u00f3 ella \u2014 Recordar\u00e1s que los hacen los muertos. Puse veneno en su comida de la noche.<\/p>\n<p>Abdur hizo un gesto de satisfacci\u00f3n y salieron.<\/p>\n<p>Me duele ac\u00e1 \u2014 dijo \u00e9l se\u00f1alando su est\u00f3mago cuando estuvieron en la habitaci\u00f3n de Donatella.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 has comido?<br \/>\n\u00bfComido\u2026? \u2014 la mir\u00f3 sin comprender. Donatella fue hasta la cocina y trajo un par de s\u00e1ndwiches. Tuvo que ense\u00f1arle paso a paso los movimientos de tragar y deglutir. <\/p>\n<p>\nEs hora de irnos \u2014 orden\u00f3 al terminar y ella apenas tuvo tiempo de recoger la maleta y asegurarse sin que \u00e9l lo notara, que la pistola se encontraba en el bolso. Salieron por el acceso norte de la casa. Se identific\u00f3 ante los polic\u00edas que los dejaron pasar.<\/p>\n<p>El aire estaba lleno de luci\u00e9rnagas flotando en una extra\u00f1a y leve niebla. Por un momento Donatella pens\u00f3 que pod\u00eda escapar con Abdur, dejar todo y buscar una isla desierta como hab\u00eda sido su idea. <\/p>\n<p>\u00bfEs cierto que me amas? \u2014 pregunt\u00f3.<br \/>\nCon todo el coraz\u00f3n \u2014 respondi\u00f3 \u00e9l volviendo a sonre\u00edr \u2014 Viviremos juntos, Donatella y te amar\u00e9 siempre \u2014 sac\u00f3 el arma de entre sus ropas \u2014 con esta pistola matar\u00e9 a todos los que se opongan. <\/p>\n<p>Abdur caminaba descalzo y en ese momento pis\u00f3 un vidrio. Ante el dolor, su rostro se descompuso. Se sent\u00f3 en la acera sujetando su pie y mirando con horror la sangre que brotaba del dedo gordo. <\/p>\n<p>\u00a0Vamos a la plaza \u2014 dijo Donatella\u2014 All\u00ed te podr\u00e1s sentar <\/p>\n<p>Pas\u00f3 el brazo por sus hombros y se dej\u00f3 conducir. Llegaron al parque solitario y se acomodaron en un banco apartado. La luz era escasa, pero las luci\u00e9rnagas iluminaban el lugar. Donatella apoy\u00f3 la cabeza en su pecho. <\/p>\n<p>\u00a0En un rato, la herida de tu pie sanar\u00e1 para siempre. <\/p>\n<p>Record\u00f3 su infancia y los esfuerzos de Abdur para alegrarla. Revivi\u00f3 la muerte de su padre, los a\u00f1os que siguieron; los d\u00edas de tristeza; su primer novio; la boda y el nacimiento de sus hijos.<\/p>\n<p>Te amo \u2014 murmur\u00f3. Sin que \u00e9l lo advirtiera, sac\u00f3 la pistola y apoy\u00f3 el ca\u00f1\u00f3n sobre su coraz\u00f3n.<br \/>\n\u00a0<br \/>\nEl disparo son\u00f3 como un suave chasquido. El arlequ\u00edn tembl\u00f3, la observ\u00f3 interrogante unos segundos y su cabeza cay\u00f3 sin fuerzas contra el respaldo del banco. <\/p>\n<p>Donatella mir\u00f3 por \u00faltima vez sus ojos; permanec\u00edan abiertos, con una dolorosa expresi\u00f3n de asombro. Regres\u00f3 a su casa; las luci\u00e9rnagas se fueron apagando una a una, las luces apenas iluminaron la calle y todo se hundi\u00f3 en una penumbra opresiva. Antes de acostarse se mir\u00f3 al espejo: por primera vez vio un par de arrugas junto a la comisura de sus labios y en los ojos una expresi\u00f3n resignada, amarga, muy parecida a la desesperaci\u00f3n. <br \/>\n\u00a0\u00a0 <br \/>\nDo\u00f1a Donatella, la elegante y devota esposa de Cecilio Madanes, fue conocida en la sociedad de la \u00e9poca por la ayuda que brindaba a los pobres, por la distinci\u00f3n de su ropa y sus modales y m\u00e1s que nada por su constante tristeza.\u00a0 En total tuvo cuatro hijos y luego de su \u00faltimo parto, enferm\u00f3 de diabetes; la enfermedad le afect\u00f3 la circulaci\u00f3n, su visi\u00f3n disminuy\u00f3 y finalmente no pudo levantarse de la cama debido a las crecientes \u00falceras en pies y\u00a0 piernas.\u00a0\u00a0 Nunca hab\u00eda vuelto a acariciar el <i>Barquito<\/i>, hasta esa tarde en que la nostalgia se hizo insoportable. Casi enseguida, a trav\u00e9s de su visi\u00f3n borrosa vio la imagen: Traje rojo con rombos negros, sombrero simulando un par de cuernos y zapatos en punta como los payasos.\u00a0\u00a0 El arlequ\u00edn se acerc\u00f3 y le ofreci\u00f3 un ramo de rosas rojas que al tocarlas\u00a0 se convirtieron en goterones de luz bermeja. <\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 tardaste tanto? \u2014 pregunt\u00f3 ella. Abdur la mir\u00f3 con\u00a0 ojos tristes a pesar de la sonrisa. <\/p>\n<p>Sab\u00edas que estaba muerto\u00a0 \u2014 contest\u00f3 \u2014\u00a0\u00a0 He venido a decirte que te amo como nunca; que matar\u00eda por ti\u2026<\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Donatella no recordaba el momento en que descubriera el Barquito (su forma de llamar a cl\u00edtoris); quiz\u00e1 al acariciarlo por primera vez se desatara el placer s\u00fabito, las deliciosas ganas de orinar y Abdur, el arlequ\u00edn, saltando como un grillo. 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